Narra Anthony.
Tenerla encima de mi, sintiendo su pesada respiración y sus leves gemidos en mi oído mientras subía y bajaba en mi miembro, me volvía loco. Amaba tocar su tersa piel que tenía un brillo especial como si se untara pigmentos de oro. Su cabellera larga y oscura cayendo como cascada en mi pecho.
Sus ojos... sus preciosos ojos que me hipnotizaban y me hacían caer rendido ante ella. Colocó sus manos en mi pecho y se irguió para encajarse en mi entrepierna sin dejar de observarme. Mis manos volaron a sus dos preciosos senos que pedían a gritos que los amasara mientras mi musa buscaba su propio placer.
Sentía mi piel arder. Ella era mi demonia y yo su infierno.
Me enderece para tomarla por el cuello y besarla pero de un empujón me hizo regresar a la cama.
Abrí los ojos, estaba sudando y muy desconcertado. Estaba teniendo un candente sueño con mi ex mujer mientras dormía a lado de Ania.
Me senté en la cama y me froté cara. ¿Por que me pasan estas cosas? Me levante y me metí al baño. Me lave la cara y volví a acostarme en la cama con una puta ereccion que no se baja ni aunque pensara en unicornios volando.
En el transcurso de la semana fui a casa de debora para recoger a los niños. Quería compartir con ellos, llevarlos a un parque de diversiones, el zoológico, que se yo... quería que mis hijos empezaran a compartir con Ania.
–Buenos días señor– me saludo señora que le ayuda a Deb.
–Buenos días. ¿Y Debora?– me indicó que estaba en su habitación y subí para... pues aunque me moleste, debo pedirle su autorización para sacar a mi hijos a pasear.
Estúpidamente, quizá por la costumbre no toque la puerta y solo abrí. Estaba frente al espejo en ropa interior mientras se abrochaba el brassier. No puede evitar detallarla, era Preciosa.
Y ya no es Mía.
–No te enseñaron a tocar la puerta– Se giro y puso ambas manos en la cintura.
Se me caía la baba de verla. En mi mente solo recordaba escenas de mi sueño con ella.
–No pensé que... estuvieras así– me puse nervioso.
Me dio una leve sonrisa maliciosa y se metió al vestidor.
Me senté sobre la que era nuestra cama para esperarla y segundos después salió con una bata encima.
–¿En que puedo ayudarte?
–Quiero llevar a los niños a...– malditas escenas váyanse de mi cabeza.
–¿a donde?– sacó un vestido y lo puso sobre la cama.
–Al parque de diversiones o al zoológico aún no lo decido.
–¿Con tu noviecita?– Ania, piensa en Anía.
–Si...– dude en decirle pero para que mentir? Si esa es mi lucha constante, las putas mentiras.
–Solo si va Matías– dejo caer la bata y me quede como pendejo viéndole el trasero. Esta mujer juega sucio. Se puso el vestido y se acercó a mi. –¿Me ayudas por favor?– se fuerte anthony, se fuerte. Le subí el cierre y me aleje de ella.
–Voy a hablar con mi matty entonces...– me di la vuelta para salir de este tormento pero...
–Anthony...
Me giré para verla. "La odias Anthony la odias" me repetía en mi cabeza mis veces como si de un mantra se tratara.
–El próximo fin de semana voy a celebrarle el cumpleaños a los gemelos. Llame a alex y me confirmó que vendrá.
–Ok. ¿Necesitas ayuda en algo?
–No, David está ayudándome. Gracias– me sonrió y el escuchar el nombre de ese cabron me mato cualquier tipo de deseo por debora. Mi odio resurgió.
Ella cambió a los niños para que no tuvieran contacto con Ania pero ella si organiza la fiesta de MIS HIJOS con ese pendejo.
Fui a buscar a matty con la cabeza hecha un lío y claro me sentía enfurecido.
–Hola– entre a la habitación de Matías que se encontraba jugando un videojuego.
Ni siquiera me respondió.
–¿Quieres ir al parque de diversiones, conmigo y tus hermanos?
–No– ni siquiera volteó a verme.
–Hijo... matty...
–No papá no. No te quiero. No quiero ir. Solo haces llorar a mi mamá, nos abandonaste y te odio por eso– se salió de su habitación enfurecido sin siquiera dejarme decirle algo. Me dolía en el alma cada palabra que salía de boca. ¿Me odiaba?
¿Debora lloraba por mi culpa? Si yo no le he hecho nada.
Fui a buscar a Matías para intentar hablar con él pero no lo encontré por ningún lado. Fui a buscar a mis otros dos retoños y al parecer es a los únicos que les da gusto verme en esta casa. Corrieron a abrázame y eso me llenaba de vitalidad, de fuerza.
Iba a llevármelos pero no quise enfrentarme a otra pelea con debora y menos que Matías se de cuenta. Incluso no puedo creer que debora tenga mejor relación con Alex que yo. Ni siquiera me responde las llamadas, las devuelve una semana después.
Me quede un rato con los niños. Jugamos y corrimos por todo el patio mientras Gordo les chupaba la cara cada que caían al suelo. Extrañaba mucho a mi perro pero el ver como mis hijos Se divertían con él me quitaban las ganas de llevármelas.
Deb se quedo hasta con el perro que tanto odiaba.
Una hora más tarde me despedí de mis hijos, tenía que ir a ver a Ania. Saldríamos todos juntos pero la bruja de esta casa me interpuso sus condiciones y no pude con la prueba de fuego que me puso. Y estoy segura que ella lo sabía. Sabia que esto pasaría.
Me subí a mi auto y manejé a casa de Ania. Nuevamente siento eso que sentí cuando conocí a Deb. Esa sensación de tener el corazón dividido. Dos mujeres, tan diferentes... una es mi calma y la otra mi marea.
