Era viernes por la tarde Ángela descansaba aquel día y se disponía a darle una arreglada a la plantas de su jardín, llevaba un jean azul mezclilla con una blusa en tono menta de mangas cortas, su cabeza era cubierta por un sombrero de paja amarillo y una mascada en color blanco adornaba su cuello, se sentía muy a gusto dejando por un día su forma tan formal de vestir así que tomo su cesta con cosas de jardinería y comenzó a trabajar con los arbustos de flores blancas que adornaban la entrada.
La castaña recortaba las hojas quemadas por el sol de sus bellos arbustos floreados cuando escucho a lo lejos el sonido de una motocicleta, se irguió y pudo distinguir a su joven vecino que conducía reduciendo la velocidad para estacionarse en su sitio.
Ángela no había hablado con el crestas sobre la nota que por curiosidad leyó, pero quería hablar con el pelinegro y ese día parecía ser el correcto.
La mujer sacudió sus manos y las limpio con un paño que salía de uno de sus bolsillos traseros del jeans comenzando a caminar hasta la acera donde el joven comenzaba a quitarse el casco que protegía su cabeza.
- Hola Bruno. - Dijo la mujer sonriéndole ampliamente.
- Buenas tardes Ángela. - Le contesto el joven acomodándose sus cabellos azabaches.
- Primero que nada, ¿Cómo has estado? - Quiso saber la mujer.
- Pues bastante bien, me he sentido con mucha energía y bueno, tengo mucho trabajo, así que bien, ¿Cómo le va Ángela?- Le contesto el chico desmontando de la motocicleta y guardando las llaves en su bolsillo, dejando el casco sobre el asiento del motorizado.
- Me alegro saber que estas bien cielo, a mi también me va bien, desde que me deshice del estorboso yeso todo fue como antes. - Soltó una pequeña risa haciendo que el contrarío asintiera entendiendo su situación, pero antes de que este le contestara la mujer volvió a hablar.
- Dime... ¿tienes algunos minutos que me puedas regalar? - Bruno miro el reloj que lucia en su brazo derecho observando que le quedaba aun buen tiempo antes de marcharse a su segundo empleo.
- Si, claro, ¿quiere que le ayude en algo? - Pregunto el chico.
- Ayudarme no, pero necesito hablar contigo... es decir, tenemos tiempo que no nos tomamos alguna limonada bajo el árbol como en los viejos tiempos, ¿lo recuerdas?.
La mujer sonrió ladinamente dejando que el chico suspirar al recordar las tardes que pasaba con su abuela y la castaña tomando algo fresco bajo de aquel árbol.
- Lo recuerdo...- Dijo el chico caminando a un lado de la Doctora quien lo conducía hasta la mesa con sillas bajo el gran árbol.
- Iré por la limonada cielo, toma asiento mientras. - Bruno asintió en silencio y tomo el respaldo de una silla para poder acomodarla y sentarse en ella.
Bruno observo su alrededor mientras sentía el aire cálido de la tarde y sonrió al cielo pues la risa de su querida abuela resonó desde los recuerdos mas recónditos de su corazón, Bruno cerro los ojos y echo su cabeza hacia atrás mientras esperaba a la mujer.
- Listo cielo. -Ángela regreso a los pocos minutos cargando una bandeja que contenía dos vasos y una jarra que sudaba por los hielos que la hacían mantenerse fresca.
- La ayudo. - El chico se irguió en su asiento y comenzó a servir los vasos mientras la castaña se sentaba a su lado.
Se quedaron unos segundos en silencio mientras disfrutaban del vecindario tranquilo y el viento jugando en la copa de el árbol mientras daban un largo trago al contenido de sus vasos, Ángela paso una servilleta por sus labios y posó su vista en el joven para comenzar a hablar.
- Bruno, se que eres un joven muy bueno, te conozco desde que llegaste a la casa de tus abuelos y te veo como alguien mas de mi familia desde ese día, ¿lo sabes, verdad? -
El chico observo a la castaña sin poder entender hacia donde iba la platica.
Estaba muy agradecido con la mujer desde siempre, por que cuando sus abuelos se quedaban cortos de ingresos por pagar su escuela Ángela siempre los ayudaba, les llevaba a sus citas en el doctor y cuando su abuelo falleció siempre estuvo al pendiente de ambos, así como su abuelos habían estando para ella cuando sus padres dejaron el mundo, y sí ambos se tenían aprecio en común, el la veía como la tía que jamás tuvo y sabia que ella lo quería como alguien de su familia, pero bien era cierto que desde que Blanca había cerrado sus dulces ojos para siempre Bruno se encerró en él y ya no volvió ha ser tan cercano con la Doctora, pero ahora estaba ahí sentado con ella disfrutando de una limonada como en los viejos tiempos.
- Si, lo sé... - Contesto el pelinegro dejando el vaso sobre la mesa.
Ángela asintió sonriendo y volvió a hablar- Cielo... ¿Aún sigues con tu anhelo de irte a estudiar lejos? -
- Si, mi objetivo no ha cambiado. - El pelinegro se mantuvo firme, tomo le vaso de nuevo - ¿Por que me pregunta eso? - Tomo un grande trago de limonada.
Ángela suspiró, sabia que le estaba dando munchas vueltas a el asunto, pero dentro de ella tenia miedo de que tanto Horacio como Bruno se hicieran daño.
- Dime... ¿Qué intenciones tienes con Horacio? - Bruno abrió sus ojos como platos e intentó no derramar la bebida de su boca sin mucho éxito pues estaba mas que claro que lo había tomado por sorpresa.
- ¿Con Horacio? - Bruno quiso desviar la atención tratando de hacerse el desentendido.
- Si, con Horacio - La mujer soltó una pequeña risa pasándole una servilleta mas al chico para limpiara las pocas gotas que se habían escapado de sus labios.
- Bueno, pues solo somos amigos... así que intenciones, pues... - Estaba nervioso y jodido, pues la mujer frente a el alzo una ceja con incredulidad en su semblante.
- Amigos... - Repitió la mujer haciendo asentir al pelinegro en su lugar una vez mas.
- Quiero que sepas por mi que no estoy en contra de que surja algo mas entre ambos, pero... Sé que llegará el día en que Horacio se abra mas a ti y ahí entenderás el por que de estas preguntas.
Ambos son buenas personas y merecen ser felices. - Ángela tomo las manos del motociclista y las apretó con dulzura, haciendo sonreír a un Bruno algo confundido, ¿Qué mas tenia que conocer de Horacio?, pensó.
- Díganme que me dejaron algo de limonada. -
Se trataba de la voz de Horacio quien regresaba de su trabajo.
Ángela soltó al pelinegro de las manos para ser envuelta en los brazos del oficial que no la dejó ni pararse de su lugar, soltó a la doctora y chocó puños con el pelinegro para sentarse frente.
- Claro que aún hay limonada cariño. - Dijo la mujer sirviéndole un vaso al recién llegado.
- Genial. - Se froto las palmas para tomar el vaso que le ofrecía la castaña.
- ¿Cómo estuvo tu día? - Pregunto Bruno mirando al crestas.
El chico limpio sus labios con el ante brazo y soltó un "aaah" satisfecho por la bebida para poder contestar la pregunta del Barman.
- Movidísimo, asaltos, persecuciones y papeleo, mucho papeleo. - Dijo el crestas con su energía característica.
- Bueno, volveré a lo mío, los dejo chicos. - Ángela se levantó de su asiento y le sonrió al pelinegro palmeándole un hombro.
- ¿Puedo regar mas tarde? - Pregunto el crestas mientras la mujer se dirigía hasta donde había dejado su "kit de jardinería" en el suelo.
- Claro cariño, tu riegas. - Le dijo al chico en voz alta mientras tomaba las tijeras de podar.
- ¿Y de que tanto hablaban? - Pregunto el crestas enfocándose en el pelinegro regalándole una sonrisa amplia, Bruno se quedo en silencio mirando al chico sin saber como explicarle lo que acababa de pasar entre el y la Doctora.
- Bueno... pues me ha dicho que deberíamos de tomar algo como en los viejos tiempos y... hablamos sobre mi idea de los estudios lejos... sí, de eso hablábamos. - Dijo el chico alzando un poco la voz en su ultima afirmación haciendo que Horacio frunciera el ceño y soltara una risa por la contestación del chico pues su voz gruesa había sido reemplazada por una mas chillona.
- Ya veo, yo jamás te pregunto sobre ello. - Se avergonzó un poco. - ¿Cómo vas con tus ahorros? - Pregunto el crestas. - No te preocupes por ello, bueno, quizá si junto lo que resta de el año y el año que viene se pudiera decir que estaría listo para irme y así poder presentar el examen sin pasar hambre allá. - Bruno suspiro, decir que quizá un año mas le faltaba para poder comenzar a construir su sueño le emocionaba bastante, pero ahora en ese momento sentía un vació al escucharse decirlo, pues el joven que tenía frente le estaba cambiando la idea que tenia para un futuro.
- Waaa, que emoción me alegra saber que tu tiempo trabajando va a rendir sus frutos en poco tiempo... Si algún día te ves apurado en cuanto a dinero... yo tengo un pequeño ahorro que Gustabo me ha obligado a hacer para cuando este viejo, pero por ver cumplir tu sueño puedo ayudarte cuando quieras. - Horacio le mostro una sonrisa dentada al contario quien se sonrojó un poco escondiendo su rostro tras el vaso de vidrio que se llevo a la boca con apuro.
- Tengo mas tiempo que tu tratando de ayudarle con eso... pero Bruno es muy orgulloso. - Dijo la voz de la mujer quien había escuchado la platica pues se había acercado a ellos mientras cuidaba de los arbustos.
Horacio soltó una risa. - Vamos Bruno, deja el orgullo atrás, queremos que un día regreses con tu diploma en mano y nos invites a comer de tus delicias culinarias. - Dijo el crestas con emoción.
- No es orgullo, pero quiero seguir el ejemplo que mi abuelo me dio un día, así fue como ellos se ganaron la gente que venía día a día a casa por su pan, así quiero ganar peso por peso para un día ir sentado en un avión nervioso por lo incierto del destino pero emocionado por saber que con mi esfuerzo cumpliría mi sueño. - Dijo el pelinegro con mucha alegría.
- Yo entiendo eso cielo, pero mi oferta siempre va a estar en pie... - Le acaricio los cabellos.
- ¿Quién dijo que a donde vas no hay banco para hacer depósitos? - Dijo el crestas a modo de broma haciéndolos reír.
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VOLKOV
