VOLKOV.
- Estoy seguro de que la Doctora hizo su trabajo bien, no tiene nada de que preocuparse... Hágame el favor se recostarse - Dijo el ruso tomado a su superior de sus hombros para que no pudiera bajar de la camilla.
- Suéltame, tengo que ver a mi hijo... - Conway hablaba con mucha fiereza mirando al ruso que tenía frente.
- El esta bien Jack. - La voz apacible de Ángela inundó la habitación haciendo que Conway dejara de poner fuerza contra el ruso.
Viktor dejo de ejercer fuerza en los hombros de Conway y regresó a su postura común mientras la mujer se acercaba a ellos.
- Ángela... yo trate... - Conway se veía totalmente abatido.
- Jack deja de castigarte, es parte de su trabajo, ¿no?... - Ella miro a ambos hombres y Volkov le asintió, Conway por su parte miraba a la mujer con los ojos llenos de culpa, ella negó sonriéndole sentándose en la camilla junto al pelinegro.
- Yo también estaba asustada Jack, estaba a punto de perder el control... se que es la segunda vez que ha pasado esto al menos en mi caso... lo vivimos de cerca Jack, pero Horacio esta bien yo misma lo operé, ¿puedes estar tranquilo?... - La mujer tomó la mano del superintendente tratando de brindarle calma.
- Conway... hágale caso a la Doctora, cálmese...- Viktor volvió a insistir, el había presenciado las regresiones en el tiempo de su jefe y no quería que hoy fuese uno de ellos nuevamente, pero esta vez Conway estaba ahí sentado frente a la castaña tomado de su mano mientras las palabras de aquella mujer hacían que su jefe soltara un suspiro ahogado como si ello le regresara un poco de calma.
- ¿Gustabo y el comisario Rodríguez vinieron a verte?. - Ella le sonrió. - ¿Haz platicado con ellos? - Pregunto tratando de cambiar la platica, pero el pelinegro negó.
Viktor aclaro su garganta para captar la mirada de la mujer.
- Conway acaba de despertar cuando entré, el Doctor a su cargo me dijo que se había puesto demasiado nervioso y no podía manejarlo para curar sus heridas... Ellos deben de estar en el cuarto de Torrente. - Volkov se cruzó de brazos.
- Ya veo, ¿Me podrías hacer un favor cariño? - Dijo la mujer mirando al peliblanco, Volkov asintió.
- ¿Podrías decirle a Gustabo y a Greco que Jack a despertado? -
- Si... voy de inmediato. - Dijo el comisario comenzando a caminar hacia la puerta de salida.
- Gracias cariño. - Dijo la mujer antes de que el saliera de la habitación.
Volkov camino por el pasillo buscando la numero 7, hizo crujir sus nudillos soltó un suspiro y abrió la puerta de la habitación haciendo que los presentes mirasen hacia su dirección quedándose callados.
- Greco... La Doctora Ángela me ha dicho que les comentara que Conway ya despertó. - Salió de los labios de el peliblanco cerrando la puerta tras de el.
Una risa burlona y seca salió de la boca del rubio ahí presente.
- Vamos Volkov, ¿no tienes los... suficientes para decir siquiera mi nombre? - Escupió el rubio tajante, a Volkov se le erizaron los cabellos de la nuca pero no dijo nada.
- Gustabo... no es lugar para discutir. - Torrente se hizo notar, pero el rubio seguía con sus ideas en la cabeza y comenzó a caminar hasta quedar a pocos centímetros del ruso.
- No se que le hiciste... pero sé que la estaba pasando mal por ti, ten cuidado rusito, ten cuidado... - Gustabo habló tan bajo que solo el comisario lo pudo escuchar pero Volkov no se movió ni un centímetro. - Gustabo por favor. - Dijo Greco tomándole de un hombro.
- Regresamos mas tarde Torrente, descanse. - Dijo el rubio sin dejar de ver a Volkov a la cara para después salir seguido de Greco.
- ¿Qué es lo que está pasando con ustedes Volkov? - Pregunto Torrente después de que las puertas se cerraran, Volkov no contesto y se sentó en una de las sillas desparramándose, el tampoco sabía de que hablaba el rubio y realmente le importaban muy poco sus "amenazas".
Unos pocos minutos mas pasaron cuando un enfermero entró.
- Buenas tardes, le voy a pedir que me deje a solas con el paciente por favor. - Dijo el hombre.
Volkov se levanto de la silla asintiendo. - En un rato regreso. - Dijo este mientras el hombre en la camilla asentía. Volkov salió de la habitación y comenzó a caminar hacia la recepción para salir y tomar un poco de aire.
"No se que le hiciste... pero sé que la estaba pasando mal por ti, ten cuidado rusito, ten cuidado..." Las palabras de el rubio se hicieron presentes mientras que Volkov caminaba fuera del recinto.
- Gilipollas... - Salió de sus labios.
El peliblanco siguió con su camino en silencio hasta que por fin llegó a la patrulla, entró en ella y se desparramo en el asiento del copiloto, pero sin saber su calma se rompería en menos de 5 minutos pues unos toques en el vidrio lo hicieron enderezarse en su asiento abriendo la puerta.
- Dígame. - Dijo el peliblanco saliendo de la unidad sin siquiera ver a el muchacho frente de el.
- ¿Comisario Volkov? - Escucho la voz del joven haciendo que el subiera su mirada para verle.
Sintió un pinchazo en la cien. - El mismo... - Dijo arrastrando las palabras recargándose en la unidad y dando un portazo con fuerza.
- Quizá no sepa quien soy yo, pero eso es lo de menos... - Habló de nuevo el pelinegro ante el con mucha firmeza en su voz haciendo que la punzada aumentara.
- Claro es lo de menos. - Volkov se estaba burlando.
- Necesito que me acompañe. - Si no fuera por la pocas ganas que tenia de hablar con aquel sujeto el hubiera reído un poco, pues no creía lo que el Barman le estaba diciendo. ¿Por que tendría que acompañarle? já! pensó mirándole de la misma manera que el peligro lo observaba tras sus lentes oscuros.
- ¿A si?, ¿Y por qué? - Sus brazos se cruzaron en forma de protesta.
- Por que es un funcionario publico y por que la Doctora Ángela no puede salir para hacerle unas preguntas. - Volkov apretó los dientes, pero cuando escucho el nombre de la mujer su incomodidad se deshizo desenrollando sus brazos.
- Adelante. - Dijo el peliblanco rendido por la situación y dejando sus pensamientos atrás para comenzar a seguir al Barman.
Volkov permaneció en silencio tratando de poner su mente en blanco, quizá había olvidado firmar algunos papeles de Torrente y Conway, era lógico que con el trabajo que tenia la castaña no podía darse a la tarea de salir a el hospital y buscarle, pues Greco no había firmado nada, el papeleo siempre había sido cosa de Viktor Volkov.
- Después de usted. - La voz de Bruno lo regreso en sí mientras sostenía la puerta para que el pasara.
Volkov soltó un suspiro inaudible y entró percatándose que la castaña no se encontraba ahí pero sí había alguien mas, Horacio en una camilla con sus ojos cerrados conectado al aparato que media su ritmo cardiaco, con venda y moratones, Volkov sintió como su corazón se acelero con desesperación, sus pies giraron para encarar a Bruno.
- ¿Pero, que coño? - Salió de sus labios, dio dos pasos hacia él pelinegro pero este se percato de su artimaña y se paró frente de la única salida que había.
- He pasado mucho de mi tiempo con este hombre... - Bruno comenzó a hablar mientras el sentía el deseo de empujarle y salir de ahí, la ultima vez que el cresta había estado en cama no pudo armarse de valor hasta el ultimo minuto, pero esta vez todo había cambiado, estaba a escasos metros de el, pero no podía ver su sonrisa, ni el color de sus ojos y eso no le gustaba.
-Y me he enterado de todo lo que el lleva dentro, lo he visto reír, llorar, jugar, hablar en serio y hoy... Hoy me toco verle así... Pero sabe comisario a pesar de todo lo que yo he compartido con el no pude ser correspondido... - Dijo Bruno mirando hacia la cama de el ex crestas.
Volkov abrió la boca para poder decirle que se callara de una vez y que lo dejara salir de ahí.
- No, aun no termino... - Le interrumpió, pero el ruso no quería escuchar nada de aquello, no quería saberlo le pinchaba el corazón y comenzaba a sentirse encerrado. "¿Has oído eso Viktor?... No le ha correspondido, sabes que no puedes ignorarme siempre..." La voz que lo atormentaba de vez en cuando se había hecho presente de nuevo, no quería escucharla, por que siempre que lo hacía se sentía atrapado y confundido como lo estaba ahora por las palabras de el pelinegro.
- Quizá esto no me corresponda decírselo pero... ese hombre que está ahí dormido, despierto, triste, feliz... borracho y ahora sedado siempre lo busca a usted con el pensamiento...-
" Lo busca a usted en el pensamiento... lo busca a usted con el pensamiento... a usted..." La vocecilla volvió a hacer eco. "¿A... mi?" Se preguntó el peliblanco para sus adentros mientras el silencio se hacia entre ambos, silencio que fue roto por el Barman.
- La vida pasa muy deprisa comisario y mas vale vivirla plena y feliz... sin ataduras, sin miedos... Yo estoy enamorado de Horacio, pero no soy yo su felicidad... Deje de ser cobarde. - Volkov observó como Bruno salía de ahí dejándole solo con la cabeza echa un caos, ¿Cómo se atrevía a hablarle así a la autoridad?, ¿no respetaba su placa?, Volkov no le tenia miedo a nada, el vivía su día a día haciendo lo que le apasionaba, no tenia tiempo para nada mas y si quizá no era del todo feliz disfrutaba de su trabajo, ¿verdad?...
"Tu solo comprendes lo que quieres, ¿verdad Viktor?... Siempre te mientes a ti mismo y llevas minimizando lo que realmente sientes desde hace tiempo... tu sabes la respuesta..."
Volkov apretó los puños mientas su subconsciente hablaba.
" Deja de negar tu miedo, deja de negar tus sentimientos... Eres un cobarde."
- No... ¡NO LO SOY!... - El ruso levanto la voz, su corazón latía deprisa.
- Volko...v - Escucho la tenue voz de Horacio tras de él haciéndole voltear hacia la camilla olvidando por completo la riña campal en su cabeza, pero el peliazul seguía dormido por la anestesia, y como mero impulso sus pies se movieron parándose justo a un lado de su cama.
Horacio comenzó a removerse con suavidad dejando a Volkov rígido en su sitio.
- Volkov... - Esta vez pudo escuchar con mas nitidez como le llamaba de nuevo.
"La vida pasa muy deprisa comisario... pero no soy yo su felicidad..." Estaba claro que la vocecilla había regresado para quedarse un buen tiempo y repetirle lo que Bruno acababa de decirle, Volkov estaba aturdido, sus pensamientos eran un desbarajuste y su corazón no dejaba de bombear, no podía poner su mente en orden, la palabras de Bruno le habían hecho eco y el mismo estaba teniendo una batalla en su mente, todo lo que podía hacer era sentarse en silencio a un lado de el moreno tratando de poner su mente en blanco para poder marcharse de ahí.
Volkov logró por fin acallar su cabeza, hecho una mirada a la puerta a sus espaldas y suspiro sentándose de lado al ex crestas, solo podía escuchar el sonido de las máquinas y las personas que pasaban fuera de la habitación, su corazón había disminuido su ritmo pero seguía con el ardor en sus mejillas y entonces se armó de valor y lo observó una vez más, Horacio se veía pálido, cansado, hasta parecía que sus cabellos perdían el color, a Volkov se le achico el corazón pensando en que si todo aquello había sido otra vez por su culpa, quería pedirle perdón sin saber el por qué, nunca quiso hacerle daño, pero no estaba seguro de que sentía en realidad y estar ahí cuestionándose a si mismo lo hacía sentir confundido.
La yema de los dedos de Horacio rozaron el dorso de el comisario y este sintió como todo su cuerpo se electrizaba poniendo su corazón a vibrar de nuevo.- Viktor...- Su nombre salió tan natural de los labios ajenos que el peliblanco tuvo la necesidad de tomar la mano de el oficial sin ningún tapujo.- Estoy aquí Horacio. - Dijo el comisario en voz baja observando su mano y la mano cercana del contrario, con mucha lentitud la tomo con torpeza, el tacto era cálido y a Volkov no le disgusto, sus mejillas debían de estar encendidas al máximo pues el calor le invadía, Horacio cerro la mano atrapando la de Volkov en la suya percatándose que la morena era un poco más tosca y más pequeña pero se ensamblaban a la perfección, el ruso se quedó en silencio sintiendo como una paz lo envolvía haciendo que este cerrara sus ojos para disfrutar el momento. " ¿Realmente crees que esto está mal?" La vocecilla le hablo al oído pero Volkov no le respondió.
Los segundos pasaban y el ruso no era capaz de salir de ahí hasta que sintió un pequeño tirón en su mano, abrió los ojos al instante y observó a el crestas quien lo miraba con los ojos desorbitados, Viktor lo soltó y se puso de pie.- ¿Eres tú... mi ángel? - dijo el peliazul sonriendo de oreja a oreja. Volkov no hablo y antes de que Horacio dijera otra palabra salió corriendo de la habitación cerrando la puerta tras de él recargándose en ella.- ¿Está bien comisario? - Era la voz de Bruno quien estaba sentado en las sillas frente a las habitaciones.Volkov lo miro tras de sus gafas oscuras tratando de componer su postura y comenzó a caminar hacia la salida de ese pasillo sin decirle nada.
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GUSTABO.
- ¿¡Que coño hacia ese hijo de puta en la habitación de Horacio!?- se trataba de la voz furiosa de Gustabo caminando hacia donde Bruno estaba.- ¿¡Estás loco!?... ¿¡No se supone que estabas enamorado de Horacio!? - Gustabo empujo los hombros de el Barman estampándolo contra el respaldo de la silla.- Cálmate Gustabo, no está lugar para hacer disturbios.- dijo el Barman tomando las manos del policía en sus hombros sin alterarse.- Se que Horacio está aquí por él de nuevo, y tú lo dejas pasar así como así... - A el rubio le rechinan los dientes, se sentía furioso y confundido, ahora no solo estaba enojado con Volkov, Bruno también estaba en la mira.- Gustabo por favor, entiendo que el lo ha hecho sufrir, pero... - El pelinegro fue interrumpido por un fuerte puñetazo en la cara, Gustabo se había zafado de su agarre y arremetió contra el.- Tu no entiendes nada... - le dijo tomando al Barman de los cabellos acercando su rostro al suyo.- Si lo dejaras hablar... y no lo juzgaras tanto quizá podrías entenderle... - Dijo Bruno mientras la sangre le comenzaba a salir de sus fosas nasales, mirando con firmeza a los ojos contrarios sin ninguno tipo de temor. -¡Gustabo! - El grito de Ángela detuvo el segundo golpe que el pelinegro estaba a punto de propiciarle, Gustabo soltó el cabello pelinegro y se recargo en la pared contraria llevándose las manos a la cara con desesperación.- ¿Qué fue lo que pasó aquí? - pregunto la mujer arrodillándose frente a Bruno observando su sangrado nasal pero ninguno de los dos contesto.- ¿Bruno? - Ángela observó confundida al chico.- Tranquila...Es tiempo de irme... -Soltó un suspiro aguantando el dolor en la nariz, levanto la mirada para observar al rubio quien seguía cubriendo su cara con aparente desesperación. - ¿Le puede decir a Horacio que pase a verle? - Dijo el chico tomando las manos de la mujer y parándose junto con ella.- Déjame ayudarte cielo -El pelinegro negó limpiándose las sangre de la nariz con el antebrazo.- No se preocupe, me marcho.- Bruno le sonrió ladinamente a la mujer como si no hubiese pasado nada y comenzó a caminar hacia la puerta de salida.
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Hola! ♥
Perdón si he vuelto a tardarme :c es que tenía la mitad del cap escrito desde la semana pasada y lo perdí entre varios archivos X'D pero por fin hoy que estuve un poco mas libre lo encontré :3c
ya me quería ahorcar a mi misma jajajaja!
En fin, que les recapitulo un poco por si se hicieron bola con las visitas en el hospital.
En el cap anterior Gus y Greco fueron a ver a Conway pero el señor estaba dormido porque el Doctor en turno no podía ayudarle si no se tranquilizaba así que lo sedó (lo bueno, por que si no hubiéramos tenido jamacuco jaja!:P ) así que cuando ellos entraron a verle el viejo estaba dormido, decidieron ir a ver a Torrente justo cuando Volkov hablaba fuera de la habitación del oficial Torrente con Claudio y lo demás es historia :3 no sé, pensé que tendría que explicar ese punto por si se revolvían :3
Bueno, ya me alargue XD
Nos leemos pronto!
GRACIAS POR SEGUIR LA HISTORIA!
Les mando un abrazo virtual!, cuídense y coman bien♥
