-Todo está bien cielo, si, si...
Ángela guardo silencio escuchando al rubio que estaba algo alterado.
-Tranquilo, quizá tuvo un mal día...
Volvió a hablar la mujer escuchando como se cerraba una puerta tras ella, Gustabo por su parte seguía vociferando.
- Tengo que colgar Doctora, me llaman para dar declaraciones, al parecer atraparon a unos sospechosos...
Dijo el joven con fastidio.
- Entiendo cielo... Nos vemos más tarde.
Ambos colgaron.
-¿Duerme? - Fue la pregunta que salió de los labios de la castaña.
Bruno conecto la mirada con la mujer y se limitó a asentir.
- ¿Estas bien cielo? - Ángela miro la cara seria de el chico y no es que este fuera demasiado expresivo, pero algo en él no era común.
- Si... - Dijo vagamente continuando su camino hasta la puerta de entrada sin atreverse a ver de nuevo los ojos esmeraldas de la castaña.
Ella lo siguió en silencio para abrir la puerta y salir a despedirle.
- No sé qué paso esta noche... pero sabes que puedes contar conmigo Bruno y gracias por traer a Horacio sano y salvo - Puso una mano en el hombro del pelinegro y este detuvo su paso por las escaleras del rellano.
- ¿Tiene un poco de tiempo mañana? - Pregunto este mirando el coche prestado estacionado en la calle.
- Mañana salgo a las 3 de la tarde... - Dijo la mujer para ser interrumpida por el chico.
- Bien, paso a esa hora al hospital... Y de nada -
Ángela no puso objeción alguna.
- Nos vemos... - Se despidió el pelinegro para seguir su camino sin mirar atrás.
Ángela lo despedía con la mano mientras lo veía perderse en la carretera, se abrazó por el frio que comenzaba a hacer aquella madrugada, dio media vuelta y entro en la casa.
☼ ☼ ☼ ☼
ÁNGELA.
La alarma que tocaba a las 5 de la mañana se hizo sonar en la habitación de la mujer, se desperezo un poco en la cama y saco una mano de las cobijas para parar la alarma que chillaba con insistencia, se deshizo de su mascarilla en los ojos, tomo su bata larga y salió de su habitación sin hacer el menor ruido, camino hasta la cocina y comenzó a llenar la tetera de agua para ponerla en la estufa y calentarla a fuego lento para su café matutino mientras comenzaba su rutina usual.
Con paso ligero abrió la puerta de la habitación del menor, entró en ella y se acercó a la cama, observó la figura de Horacio a media luz gracias a las luces mercuriales, dormía abrazado de una almohada con el ceño levemente fruncido como si en sus sueños estuviera intranquilo, Ángela tomo la frazada que casi caía a sus pies y lo arropó, lo observo por unos segundos sonrió ampliamente y salió en silencio.
Continuo con su recorrido hasta la habitación del rubio, tomó el pomo con cuidado y lo giró, esta vez era una de las pocas en donde el chico dejaba la puerta sin seguro así que pasó con cuidado brincando algunas cosas que el chico tenía esparcidas por el suelo hasta llegar a la orilla de la cama del oficial quien dormía con su característica sonrisa pícara en la cara pero a diferencia de Horacio este ocupaba toda la cama con su cuerpo, dormía extendido en todo su esplendor salvo por el brazo que mantenía sobre su pecho el cual Ángela identifico como el dañado por el disparo en el hombro de esa misma madrugada, Ángela tomo la manta que estaba mal doblada en el buró a su lado, la extendió y lo cobijo para salir de la habitación y comenzar su aseo personal antes de que el crestas despertara y tenerle el desayuno preparado.
Roció un poco de perfume en su cuello, se miró una última vez en el espejo y salió del dormitorio, camino por el pasillo que la llevaba a la cocina y tomo su delantal de un perchero, se hizo un moño en la cintura, apago el fogón, sirvió dos termos uno color malva y el otro rojo para comenzar a hacer el café.
Una hora más tarde tenía tres vasijas listas para la comida en la hora de trabajo para los chicos y ella, escucho como una puerta se abría y cerraba justo cuando los panes tostados saltaban de la tostadora, Ángela los tomo y comenzó a untarles mantequilla.
- Justo a tiempo cariño, solo ayúdame a calentar la leche para tu chocolate y revisa si el termo de Gustabo está en condiciones para que lo metas a él refri. - Dijo la mujer sin percatarse que quien entraba en la cocina era el rubio y no el crestas.
- Buenos días Doctora. - Escucho la voz algo soñolienta del oficial haciéndola voltear.
- Buenos días cielo, lo siento pensé que tu hermano era el que había salido de su habitación. -
Gustabo negó soltando un bostezo que tapo con el dorso de su mano.
- No, si realmente se ahogó en la madrugada dudo mucho que despierte, cambiaré el turno por él, ya que se las apañe con el viejo verde más tarde. -
Dijo el rubio algo enfadado por el comportamiento sin razón de su hermano sentándose en el taburete frente al frutero comenzando a pelar una manzana.
- No seas tan duro cielo, quizá tuvo un día bueno de trabajo y se puso eufórico... - Dijo la castaña poniéndole un plato frente con 3 rebanadas de pan tostado y mantequilla.
Gustabo soltó un suspiro. - Me disculpará, pero no creo que ponerse eufórico sea razón para casi llegar a rastras a la casa, por suerte Bruno fue amable en traerlo... - Comentó el rubio llevándose un trozo de pan a la boca.
- Tienes razón, nos preocupó... cuando regrese de su turno hoy hablare con él, ¿está bien? - Dijo la castaña tomándole un hombro al oficial, este se limitó a asentir mientras masticaba sus alimentos no tenía muchos ánimos de escuchar a su hermano decirle que fue espectacular ponerse borracho y poniéndoles nerviosos tanto a él como a la doctora.
Gustabo se secó las manos en el delantal que Ángela usaba para lavar los platos y lo dejo en el perchero, tomo una servilleta y pluma para comenzar a escribir.
