044 🏥

560 70 33
                                        

ÁNGELA.

La mujer había tenido una noche dura, después de el abrazo con el rubio ella se había quedado un poco mas tranquila, sabía que Gustabo no era una persona que mostrara mucho su sentir, pero ese abrazo y sus palabras le llenaron el corazón.

Pero después de una mañana incierta escuchando las suplicas de el ex crestas y viéndole como se quedaba en medio de la calle mirando como se alejaban, la dejo algo aturdida.
" - Se que no es lo correcto... pero no quiero que hable ahora con usted... No se lo merece"
Recordó las palabras de el rubio mientras conducía el auto sin siquiera mirar a su hermano.


Ahora ella estaba en su oficina después de despedir a su paciente, pero esta vez su cabeza no estaba ocupada con las personas comenzando a recordar las palabras de Horacio y sin darse cuenta unas lagrimas comenzaron a escaparse de sus esmeraldas.
- ¿Ángela?... ¿Ángela... se encuentra bien? - Era la voz inquieta de Claudio frente a ella mientras le colocaba una mano en el hombro.
Ángela se sorprendió cuando este puso su mano en el hombro pues no lo había escuchado entrar y la saco de sus pensamientos.
- Disculpa Claudio... ¿decías? - El hombre negó con la cabeza.
- ¿Cómo que "decías"?... Ángela estas llorando... - Dijo el médico desconcertando a la castaña haciendo que se llevara una palma a la mejilla para comprobar que sin siquiera sentir sus lagrimas era correcto lo que Claudio le decía.
- Yo... no Claudio, la verdad es que no estoy bien, pero... no tengo el suficiente animo de hablar, ¿puedes entenderme? - Dijo la mujer levantando apenas las comisuras de sus labios tratando de formar una muy corta sonrisa.
Claudio asintió y dejo de apoyarse en el hombro de la mujer. - No te preocupes, entiendo. - Contesto el contrario.
- ¿Me necesitabas para algo? - Dijo ella arreglando unos papeles que tenia en su escritorio.
- Es nuestra hora de comer, solo venia a por ti para que fueranos a comer algo, no hemos parado en todo el día y ahora que esta mas tranquilo podemos ir. ¿No crees? - Dijo el joven medico esperando una respuesta afirmativa por el lado de su colega.
Ángela suspiro, realmente no sentía ningún deseo de comer.
- Ve tu, realmente no tengo apetito. - Dijo ella mirando al hombre.
Claudio se cruzó de brazos y mientras negaba.
- Piensas que te dejaré aquí sola y sin comer sabiendo que no estas del todo bien... No Ángela, iré por algo y vendré a comer contigo aquí mismo si es lo que hace falta. - Claudio no espero que la castaña le respondiera y salió de la oficina con prisa, Ángela por su parte miro la puerta cerrarse y sin decir mas para detener a su colega suspiró y se recargo en su silla, realmente le agradecía su preocupación.

☼  ☼  ☼

GUSTABO.

El rubio salía de la regadera con prisa, la melodía de su móvil no cesaba y por su pensamiento escuchaba la voz ronca de Conway gritándole que lo quería en comisaría en ese instante por sus pelotas sagradas, tomo el móvil y en efecto en la pantalla podía leerse "Viejo verde", tomo los calzoncillos limpios de su cama y con toda la calma de el mundo comenzó a ponérselos, estaba seguro que Conway colgaría y volvería a marcar, y como si su pensamiento fuera previsor de el futuro cuando termino de subir la cremallera de su pantalón el móvil comenzó a sonar de nuevo, Gustabo lo cogió con algo de cabreo y sin ver esta vez la pantalla de el móvil lo atendió.

- ¡¿Pero que es lo que quiere viejo verde aún me quedan dos horas para entrar?! - Gritó el rubio al móvil.
Pero para su sorpresa no era la voz de Conway quien le respondió de vuelta.
- Gustabo... - La voz de Volkov era la que le respondía.
- ¿Qué coño quieres? - Dijo Gustabo estando a punto de colgar la llamada.
- No es tiempo de que esté con sus estupideces, se han llevado a Conway... y... a Horacio al hospital de las Venturas... - Dijo con voz apagada.
Gustabo sentía como el corazón se le aceleraba y por su mente la imagen de su hermano junto a Conway en el suelo inmóviles le hizo sentir un escalofrío en toda su espina dorsal.
- ¿Gustabo? - La voz de Volkov lo saco de su visión.
- Salgo para allá ahora mismo. - No espero a que Volkov le contestara ni que le diera ninguna información mas, sentía como el corazón se le salía de el pecho y la sangre le hervía mientras sus ojos comenzaban a traicionarle. 
Tomo la primera ramera, se vistió y salió corriendo de la casa.

El rubio estaba tratando de abrir la puerta de el coche amarillo pero sus manos le temblaban.
- ¡JODER! - Grito el hombre dándole un puñetazo a la puerta haciendo un gran ruido.
- ¿Gustabo? - La voz de Bruno se hizo notar tras el.
- ¿Qué pasa Gustabo? - Hablo Bruno de nuevo mirando como el rubio luchaba con la cerradura de su auto.
El oficial dio media vuelta y quedando frente el pelinegro que cargaba unas cuantas bolsas llenas de víveres.
- Conway... Conw... y Hora... Horacio... van hacia el hospital... - El rubio estaba muy nervioso.
Bruno sintió como un balde de agua fría la respuesta de el chico y soltó las bolsas al suelo.
- ¡Hay que movernos! - El pelinegro salió corriendo hacia su motocicleta que aun estaba con el motor encendido, Gustabo no lo pensó dos veces y se monto tras el Barman emprendiendo la marcha.

Le toca a él...  VOLKACIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora