Narrador omnisciente:
La cena estaba saliendo mejor de lo que esperaban. Ambos reían como nunca. Era una cena que jamás podrían olvidar.
Emilio estaba encantado. Veía al Omega reír y sonreí, con ese bonito brillo en sus ojitos y sonriendo grande de oreja a oreja.
— ¿Te esta gustando? —pregunta el Alfa, mirándolo.
— Claro que si, es la mejor noche de mi vida. Gracias, no sé cómo agradecerte. —admite sonrojado.
— No tienes nada que agradecerme. Lo hago con todo el gusto del mundo y... te tengo una sorpresa... —saca de su saco la bolsita en donde tenía las joyas. —Compré esto justamente pensando en ti. Espero que te guste. —le extiende la bolsa y Joaquin la toma tímido.
— No debiste hacerlo. Con esta cena es más que suficiente. Dejame decirte que la comida es muy cara y todavía ordenaste un vino igual de caro. No quiero abusar... —juega con sus manos, Emilio conocía ese gesto, significaba que esta nervioso y le encanta saber que él era la causa de ese nerviosismo.
— No quiero que pienses eso, la verdad no fue la gran cosa. Al principio no sabía que darte, pero la señorita que me atendió fue amable y me ayudó un poco. —se encoge de hombros. — Ábrelo por favor, quiero ver tu reacción.
Joaquín suspira y mira la bolsa de manera curiosa.
Abre la bolsa y casi se le salen los ojos y abrió la boca tan grande que le dolió un poco. Eran dos collares y dos pulseras. Era hermosas, y quería llorar.
— Emilio...
Nunca jamás alguien le ha regalado algo y mucho menos algo tan tan caro como esto. Era algo tan nuevo para él, y no sabía si aceptarlo o no.
El alfa mira a Joaco pendiente de sus movimientos y gestos. Puede oler que esta nervioso y shockeado.
Se acomoda en su asiento y corraspea. — Como puedes ver, son dos, uno para cada uno.
Joaco mira al hilbre frente a él, un poco anonadado. — Para cada uno... —repite en voz baja. — ¿Porque me das todo esto? No podría aceptarlo es mucho. Es demasiado, no puedo. Y-yo...
El Omega no sabía que decir.
— Por favor, Joaco, acepta mi regalo, no me digas que no puedes aceptarlo. Lo compré pensando en ti...
— Yo lo sé pero...
— ¿No he gustó? Podemos ir a comprar otro ahorita mismo. Comparemos lo que quieras, podemos comprar toda la tienda si quieres. Todo para ti. Todo lo que desees, no será problema. Por favor Omega... —el Alfa estaba desesperado. No podría soportar un rechazo.
— Emilio, no, no, créeme que con esto es más que suficiente. Pero no sé... Nadie me ha hecho algo como esto, simplemente estoy asustado porque no sé qué pretendes hacer con todo esto, o hasta donde quieres llegar. ¿Cuáles son tus intenciones conmigo? ¿Porque me invitaste a cenar y me compraste un collar y una pulsera?
Claro que puede contestar todo eso sin problema alguno. Pero antes tenía que entregarle algo más.
— Te voy a responder eso, pero... Hay algo más...
¿Más?
Emilio hace chasquear sus dedos y un mesero se acerca y en sus manos trae un gigante y hermoso ramo de flores, especialmente de girasoles y rosas blancas.
El mesero deja el ramo en la mesa y se aleja. — Son para ti.... Le pedí a un conocido que de favor comprara unas.
Y Joaquín estaba más anonadado que antes y definitivamente ya no sabía que decir o hacer. Tenía muchos sentimientos encontrados, sentimientos que nunca había sentido antes y que no entendía.
De pronto sintió mucho calor.
Sus mejillas estaba rojas y estaba sudando un poco.
Se quito el abrigo que tenía puesto y tambien sintió la necesidad de quitarse la camisa. De verdad que hace demasiado calor. Traga saliva y mira al Alfa quien parecía preocupado.
— ¿Joaquín? ¿Joaquín, estás bien? Tu cara está roja... —el Alfa de levanta de su silla y toca la cara del menor, abre sus ojos sorprendido. — Dios, estas ardiendo. ¿Que tienes? Habla por favor....
— Te-tengo mucho calor....
El menor apenas lograba gesticular palabras. Pasa saliva y chilla, ya sabía lo que estaba pasando al momento de sentir su entrada derramar lubricante y esa necesidad tan grande de ser llenado en todos los sentidos pero sobretodo, ser llenado por esa parte.
Segundos después el Alfa también lo sabe, sabe lo que está pasando. Respira un aroma dulzón y fuerte. Respira fuerte, llegando sus pulmones de aquel aroma tan exquisito y atrayente.
— Joaquín... —respira pesado. Mira al Omega quien se movía inquieto en la silla, chilla y jadea alto.
La mirada de Joaquín se posa en el alfa, mirándolo suplicante. No podía pensar. — Alfa, por favor...
Y Emilo malditamente reacciona a su llamado. También siente calor y sus pantalones muy apretados y una ráfaga de calor recorrer cada parte de su cuerpo.
En celo. Había entrado en celo. Y Joaquín también. Ambos en celo y en medio del restaurante donde habían muchas omegas y alfas.
Siente una respiración en su cuello, baja la vista y el Omega estaba ahí, oliendo su cuello gimiendo más alto cada vez, llamado así la atención de algunos alfas en el lugar.
— Alfa... Haz que se vaya el calor... Por favor... Ayudame...
Emilio cierra sus ojos. Su respiración cada vez más fuerte y apunto de perder el control. Un gruñido en la boca de su pecho amenazando con salir.
Tenían que salir de ahí ya mismo antes de que ocurra algo malo. Muy malo.
El Omega prácticamente le estaba suplicando que aliviara su calor, aquel dolor que ambos estaban sintiendo.
Dos alfas se acercan a donde ellos están. Emilo abre sus ojos y por instinto aprieta a Joaquín a su cuerpo de una manera protectora y posesiva.
Emilio frunce su ceño y lanza un gruñido de advertencia, muy fuerte, lo suficientemente fuerte como para que los dos Alfas se vayan por donde vinieron, y así fue.
— Tenemos que irnos... —susurra. Como puede, toma todas sus cosas, los regalos y las flores, fue algo complicado ya que el Omega no dejaba de temor y chillar, pero aún así logró llegar a su auto y meter todas las cosas en la parte de atrás.
Joaquín no tenía pensando en separarse ni un centímetro de él.
— Omega, tenemos que irnos ya mismo. Ambos estamos en celo, tenemos que llegar a casa y tu tienes que tomar supresores.
Joaquín gruñe ante eso.
— No quiero tomar supresores, te quiero a ti.
Jijiji esto se va a poner muy interesante sikesi 🤭
Chao nos vemos en la próxima actualización 😗
