Ya saben, avísenme alguna falta de ortografía.
A la mañana siguiente me levanté con toda la energía del mundo. Me bañé y me vestí con una de las ropas nuevas que compré junto con Emilio. Todo era tan hermoso que sinceramente me tarde mucho en elegir.
Opte por una camisa negra con un estampado de gatito con una corona y unos pantalones algo holgados y de zapatos unos simples tenis. Me sentía muy cómodo, baje a desayunar y me sorprendí al no ver a nadie en la mesa desayunando. ¿Me levante tarde acaso? Oops.
Mire el reloj colgado en una pared y marcaban apenas las diez de la mañana, tan tarde no era, por un momento me asusté.
Una beta estaba entrando por la cocina con unas bolsas de compras, rápido me apresure a ayudarle.
Le sonríe amable. - Buenos días. -deje las bolsas en la mesa. - ¿Donde están todos? Pensé que estaban desayunando, todavía es tamprano.
La beta era muy linda tenía cabello corto y con inicios de canas, unas cuantas arrugas, y su uniforme que, pues, todos los empleados debemos usar.
- Oh, todos salen a trabajar desde muy temprano, el señor sale de casa a las cinco de la mañana y el niño Emilio a las siete de la mañana para la Universidad.
Oh, bueno. Ese era un buen dato, de ahora en adelante tengo que levantarme mas temprano y no a la hora que se me plazca.
Asentí, comencé a ayudar a la beta a guardar todas las cosas donde debían de ir.
- Si puedo preguntar ¿a que hora llegan?
- Bueno, pues el señor siempre llega en la noche, raras veces llega más temprano. Y pues Emilio siempre llega como a eso de las doce y a veces hasta las dos de la tarde. -me explica. - ¿Eres nuevo verdad?
Asiento apenado y continuó ayudándola, había comprado muchísimas cosas. Era demasiado.
- Me llamo Joaquín ¿y usted? -traté de iniciar una agradable conversación con ella mientras seguíamos acomodando las cosas y comenzando a preparar el desayuno.
- Yo me llamo Julia. Pero tuteame, estamos en confianza.
- Mucho gusto Julia. Es un bonito nombre. -dije sonriente, corte unas naranjas y fresas para hacer agua de naranja y fresa.
- ¿Que te paso en tu barbilla? -ella deja de hacer lo que está haciendo y me mira, me acerca a ella y me examina. - Es un feo golpe. ¿Te duele?
Bajo la mirada y evito mirarla. - No, no duele. Solo... fue mi culpa, no me fije, entonces me tropecé y caí, no es nada grave, solo fueron estos golpes. Pronto se me quitara.
Ella asiente no muy segura. - ¿Estás seguro?
Solo asiento y no digo nada más.
Mi tercera clase ya comenzaba, camine hasta el salón correspondiente y mire a un chico con una sudadera verde, jamás lo había visto así que supuse que era nuevo.
Me acerque y sonreí, él lugar a su lado era el único disponible.
- Hola, ¿me puedo sentar? -señalé la silla a su lado.
Él me mira y asiente. - Claro, es el único vacío, siéntate.
Reí y me senté, deje mi mochila en el suelo. - Me llamo Emilio. -extendí mi mano para que él la tomará.
- Soy Federico. Mucho gusto. -nos saludamos y así rápidamente comenzamos una plática agradable.
Me contó que, efectivamente es un alumno nuevo y que vino de intercambio.
Era un Alfa, al instante me cayó muy bien e intercambiamos números para poder seguir conversando.
Cuando menos lo esperamos. Mis clases ya habían acabado y era momento de regresar a casa al fin.
Ya ansío ver a Joaquín.
Federico y yo comenzamos a caminar hasta la puerta de la Universidad.
- ¿Por dónde vives? -pregunté.
- Oh, bueno, en realidad vivo cerca, a unas pocas cuadras. Puedo irme caminando, así llegue, así me voy.
Negué y me ofrecí a llevarlo a su casa.
- No creo eso posible. Mira el cielo, se avecina una tormenta, puedo llevarte, de verdad que para mí no hay problema.
No era mentira. Si bien era cierto que en la mañana estaba haciendo un calor de la fregada, ahorita parecía que el cielo se caería. Y no me quejo, amo con toda mi alma las épocas de lluvia, me relajan demasiado, ideales para poner excusas de no salir y quedarse en casa viendo películas o simplemente durmiendo. Aunque bueno, no es como si de por si saliera de mi casa muchas veces.
- Esta bien, tengo la sensación de que si me niego vas a insistir.
- Ya comenzamos a conocernos mejor, eh. -ambos reímos y seguimos caminando hasta llegar al estacionamiento y rápido encontré mi auto.
- ¡Wow! ¿Es tuyo esto? Pellizcame, creo que estoy soñando.
Esa era la reacción que me esperaba.
- Si es mio, mi papá me lo regalo hace tres años. -me encogi de hombros y abrí la puerta, dejando mi mochila en la parte de atrás.
- Que genial, entonces eres de dinero. Eso no me lo esperaba.
- Bueno, mi papá lo es, a veces puede que me consienta mucho.
Entramos al auto y lo encendí.
- Me siento como soñando, jamás he tenido uno de estos, es más, no creo tenerlo nunca. Mi familia no es de mucho dinero, sabes, entre a esta Universidad porque pude conseguir una beca gracias a mis buenas calificaciones.
- Oh, no sé qué decirte. Puedo tener todo el dinero del mundo, pero siempre faltara algo en mi vida y esa es la felicidad.
Fede asiente, concordando conmigo. - Tienes razón.
Sonreí y encendí la radio a todo volumen.
- Bueno, abrochate el cinturón que este será un camino loco.
Y sin más arranque, saliendo de la Universidad y conduciendo entre casas y muchos edifcios.
Supe hoy que hice un amigo, y eso me ponía súper feliz.
No esperaba para volver a mi casa y contarle todo a Joaquín, quería verrlo a él y por supuesto su reacción.
