CAPÍTULO 36

727 121 53
                                        

Maratón 1/3



Me sentía tan confundido. Fueron unos días largos y dolorosos, no sabía que pensar o que decir.

Me la pase encerrado en mi habitación y no salí en ningún momento. Solo entraba una bonita y amable Omega y me dejaba comida y agua.
Ella me dijo que iba cuidarme en lo que mi celo duraba que fueron cinco días.

Podía recordar algo de lo que pasó y me sentía muy avergonzado y ahora no sabía cómo verle la cara a Emilo.

Es que en mi cabeza ya podía ver la cara enojada del Alfa y su voz dura diciendo que estaba despedido. Yo no podía ser despedido, todavía tenía que ahorrar para poder rentar un departamento.

No vas a ser despedido, tonto.

Esa era la voz de mi Omega, quería creer que de verdad conservaría este trabajo y que nada pasaría, pero aún así sigo con esa inseguridad.

De pronto mi estómago hace ruidos exigiendo comida, y siento que no he comido en días y mi garganta se siente seca.
Mi cuerpo está todo pegajoso por todos mis fluidos, y es claro que no pienso bajar a comer en este estado así que decido tomar un baño caliente y delicioso.

Y no puedo dejar de pensar en Emilio. En aquel apuesto Alfa que ha puesto mi vida de cabeza y la ha llenado de sensaciones que jamás he tenido.

Yo me siento confundido, Emilio me atrae, sí, tal vez, es guapo, demasiado, tiene una hermosa sonrisa y sus ojos hermosos. Él me da mucha tranquilidad y felicidad.

Yo no sé que es el amor de pareja, jamás he experimentado algo como eso ya que mi padre siempre me decía que nadie iba a quererme por ser un inútil y feo. Soy nuevo y tengo miedo, miedo de que equivocarme y no ser suficiente.

Mi mamá me ha dicho que el ser un buen Omega es saber atender bien a los alfas para tenerlos contentos, saber cocinar, planchar, mantener la casa limpia, cuidar a los hijos y embarazarse.
Pero luego me encuentro a Emilio y él me dice que no hay que saber hacer nada de eso para ser un buen Omega y que esas actividades las debemos de saber todos, omegas, alfas e incluso betas.

Tal vez sea cierto. Pero he sido criado así desde que tenía cinco años, cambiar mis costumbres será muy complicado y espero que eso no traiga problemas.

Decido salir del agua cuando mis dedos comienzan a arrugarse. Me envuelvo en una toalla y con otra más seco mi cabello hasta que deje de gotear. La dejó ahí mientras voy a mi cama y comienzo a cambiarme.

Miro el reloj y ya es medio día. Ya es hora de preparar la comida y yo quiero ayudar.

Salí de mi cuarto y me fui a la cocina, sorprendentemente no había absolutamente nadie en la casa, todo estaba vacío y sinceramente daba miedo porque solo estaba yo y no se escuchaba nada más que el silencio total.

No le tome importancia y saque las cosas para hacerme de desayunar, tome dos huevos, también corte trozos de lechuga, tomate. Revolví los huevos en un bowl. Corte el tomate en cubos y los puse en el sarten con aceite caliente, puse los huecos revueltos y mezcle todo bien por cinco minutos

Cuando el huevo estuvo cocido por completo al igual que el tomate, apagué la estufa y puse todo en un plato, corte pedazos grandes de lechuga y las coloqué en el plato y también le puse algo de aderezo solo para acompañar. Sabía delicioso así.

Me senté en la mesa que se encontraba en la misma cocina y comencé a comer, la casa estaba vacía y eso me llenaba de paz porque no habían personas hablando, ni risas, nada. Todo era silencio puro.

Nunca he experimentado el silencio desde hace tanto tiempo. En mi casa siempre habían gritos, llantos y más gritos.

Termino de desayunar y lavo todo lo que use. Después salgo de la cocina y voy a la sala de estar y me pongo a pensar en qué haré en todo el día hasta que se haga de noche y comenzar a trabajar.
Puedo ver una película, no es una mala idea, hace mucho que no veía una.

Cuando se dispone a subir a su habitación, la puerta principal se abre dejando ver a un Emilo sonriendo de manera nerviosa y junto a él al padre de este.

- Joaquín...

Bajo mi mirada al suelo y me sonrojo y en mi mente comienzan a pasar las imágenes de hace unos días.

- Bueno. -habla el Alfa mayor, nos dedica una mirada a ambos. - Yo tengo que irme. Nos veremos en la tarde. -le dedica una mirada a Emilio que no supe descifrar y después sale.

Ahora Emilio y yo estamos totalmente solos.

Solos.

Emilio se acerca lentamente a mi, y yo pongo nervioso alejándome un poco. - Tenemos que hablar. Hablar de varias cosas que son importantes. -suelta. Yo frunzo el ceño.

- ¿Cosas importantes?

Asiente. - Así es. Es por eso que esta noche iremos a un pequeño restaurante.

- No. No... Lo siento... No puedo... -no quiero ir, no puedo. - Tengo que trabajar. Tal vez... tal vez otro día...

- No Joaquín, es una tema importante que no debo de seguir atrasando. Se trata de nosotros dos.

- ¿Porque no puede ser otro día? ¿Porque hoy? ¿No te das cuenta de lo avergonzado que estoy por lo que pasó hace unos días? Fui un irresponsable. Si quieres despedirme esta bien, lo entenderé. No sé lo que me pasó esa vez, no sé porque olvidé algo tan importante como la llegada de mi celo. Lo siento por eso. No soy capaz de verte a la cara.

- ¡Joaquín, basta! -Emilio alza la voz, yo me callo y suelto un quejido. Pongo mis manos en mis oídos. Emilo gruñe. - Mierda, lo siento. No quise hacerlo...

- Usaste tu voz...

Emilo se acerca un poco más, es la primera que está tan cerca de mí y esta vez ambos estamos en nuestros cinco sentidos. - Perdóname, jamás lo haré de nuevo. No supe que hacer para que dejaras de hablar tantas tonterías. -suspira. - Hay una cosa que tengo que decirte, créeme que muy importante. Es algo que tiene que ver con los dos. Y claro que no voy a despedirte. Ni siquiera lo pienses. -esta vez me atrevo a mirarlo, demonios, sus ojos son aún más hermosos de cerca. La manera en la que brillan es hermosa y única. Veo que Emilo sonríe.

- ¿De qué hablaremos? -preguntó en voz baja.

- Esperaremos en la noche. ¿Podrías esperar?

- Pero-pero tengo que trabajar...

Emilo bufa. Yo contengo una risa. - A la mierda el trabajo, esto es mas importante. ¿Entonces aceptas esta cena?

Quise negarme. Pero sé que él va a insistir mucho y yo no podría resistir tanto.

- Esta bien, acepto...

El Alfa sonríe en grande. - Perfecto. Lo que pasará a partir de esta noche, dependerá de ti y de tus decisiones.

- ¿A qué te refieres con eso? -me cruzo de brazos.

- Ya lo verás. -acerca su cara al mío, mucho. Me pongo nervioso y siento mis mejillas calientes. - Mierda, eres precioso, Omega... -acaricia mi mejilla y yo me inclino hacia su toque, cierro mis ojos y ronroneo suave. - Lindo omega. Tan suave. -siento sus labios en mi mejilla. Abro mis ojos un poco sorprendido. Él está sonriente y satisfecho con ese bonito e inocente beso.

¿Acaso me ha dado un beso en la mejilla?

Miracle Donde viven las historias. Descúbrelo ahora