CAPÍTULO 1

2.9K 215 42
                                        

Yo vivo en una casa pequeña en donde apenas cabemos yo, mi mamá, mi mamá y mis tres hermanos. Habían solo dos habitaciones, un baño muy pequeño y apenas había para comer ya que con lo que mi papá gana no alcanza para casi nada.

Mi mamá siempre le dice a mi padre que ella podría trabajar y dejarnos con la abuela. Pero él siempre se enojada demasiado y le grita muy feo a ella diciendo que:

— Tu lugar es en la casa a hacer de comer, limpiar y cuidar a tus hijos.

Y después de eso, mi mamá llora y nos abraza diciendo que "— Todo va a estar bien, y que lo nos preocupemos" pero cada vez que dice eso, todo se vuelve peor.

Todos mis hermanos son alfas, y yo, un Omega, un Omega varón, cuando fui creciendo y mi padre descubrió mi estado, de volvió loco y empezó a gritarle a mi mamá echándole toda la culpa a ella.

Porque bueno, un Omega varón no es algo a mucha gente le agrade tanto.
Pero supongo que ya estoy acostumbrado a todo esto. Es mi papá, un Alfa, no puedo contradecirlo, tengo que obedecerlo.

Mis hermanos son todo lo contrario a mi padre, aunque ellos fingen ser lo que él les enseñó, por dentro son amor, tienen un grande corazón y no pretenden hacerle daño a nadie.
Entre todos ayudamos a mi mamá al quehacer de la casa, si mi papá se entera de que tres alfas ayudan a mi mamá a lavar, limpiar y hacer de comer, créanme que será el fin del mundo. Ni siquiera quiero pensar en lo va a pasar.

Hoy era domingo, lo que significaba que mi papá llegaba más temprano de trabajar y con todos sus amigos para ver el partido de footboall.

— ¡Mamá, mamá! —vine corriendo a la cocina en donde mi mamá y mis demás hermanos hacían la comida.

— ¿Que pasó hijo? ¿Porque gritas?

— Nada, solo para decirte que ya está limpio todo. El baño lo limpié a profundidad.

Ella sonríe — Ay, hijo, muchas gracias.

— No te preocupes mami, sabes que siempre voy a ayudarte.

Mire a mis hermanos — Y ustedes tres, ya váyanse a su habitación porque si mi papá los ve así... No quiero pensar que es lo que pasará.

— Pero... —tratan de hablar al mismo tiempo.

— Pero nada. Ya, háganme caso, hagan lo que tengan que hacer.

Los tres se miran entre sí y asienten cabizbajos y  caminan hasta la habitación.

— ¿Te puedo ayudar en algo? —pregunto acercándome a mi mamá y viendo lo que hace.

Ella niega — No, amor. Vete a sentar un rato, tu padre de seguro no tarda en llegar...

A veces me pregunto si mi papá cambiaría de actitud alguna vez y comenzará a respetarnos. Porque tengo miedo de él, miedo de que alguna vez le haga daño a mi mamá y salga gravemente herida, o tal nos dañe a mi o a mis hermanos.

— Mamá, ¿mi papá nos quiere? —me atrevo a preguntar.

— Ay, claro que si amor. ¿Por qué preguntas eso? —ella se movia de un lado a otro por la cocina.

— Pues... Es que yo siento que no, porque si nos quisiera, no nos gritaría ni mucho menos nos golpearía...

— Es un Alfa, hijo. Ellos son así. No podemos cambiarlos.

— Yo creo que si, si les hacemos saber que los Omegas valemos igual que ellos tal vez...

— Joaquín, por favor. Ya basta. Ellos tienen el derecho de tratamos así. Al fin y al cabo son quienes nos cuidan y nos dan un techo donde vivir. Sin ellos, nosotros estaríamos en la calle. Los Omegas venimos al mundo a servir a los alfas y a sufrir. Y me vas a entender cuando tengas a tu alfa... —ella decía mientras revolvía algo en una cazuela. — Y mira, ya déjate de esas tonterías y ve a poner la mesa. Tu papá llega en menos de cinco minutos.

¿Que debo hacer? ¿Hacerle caso a mi mamá? ¿Es verdad que los Omegas venimos al mundo a sufrir?

Tal vez ella tenga razón y los Omegas no tenemos derecho a nada en este mundo.

Miracle Donde viven las historias. Descúbrelo ahora