ARREBATADO

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Salieron de su refugio a la mañana siguiente, y grande fue su sorpresa al mirar el acantilado y no ver zombis, solamente sus cadáveres.

-¿Qué coňo ha pasado?-dijo Pablo, frunciendo el ceňo.

-No lo sé, pero están muertos. Vayamos-dijo Saúl.

Todos atravesaron el zoológico y llegaron a los alrededores de la casa.

-Alguien ha pasado por aquí-dijo Alberto.

-Efectivamente-respondió un hombre armado saliendo de la casa, seguido de varios más-. Así que ya os estáis largando porque este sitio es nuestro.

-¡Nosotros despejamos este lugar!-gritó Pablo apuntándolos.

-Qué cosas. Pues cuando nosotros llegamos todo estaba a rebosar de zombis-dijo otro hombre.

-¡Vosotros fuisteis los responsables de aquel disparo, eso atrajo a las criaturas!-dijo Leticia.

-Premio para la seňorita.

-¡Coral está embarazada y tuvo que saltar por un acantilado!-dijo Saúl.

La muchacha se protegió el vientre durante la caída, y esperaba no haber perdido a su bebé.

-¿A quién se le ocurre tener un hijo en este mundo?-preguntó un hombre.

-No os importa nuestra vida. Venga, fuera de aquí-dijo Pablo.

-Sí, claro, ahora recogemos-dijo el jefe, divertido-. Aquí los únicos que os vais a largar sois vosotros.

Todos cargaron las armas y Lidia se situó delante de sus hijos y de Coral.

-¡Fuera!-gritó uno de los hombres.

-¡Hay niňos y una chica embarazada!-gritó Leticia.

-Nosotros también tenemos mujeres y niños. Y sois demasiados-dijo el jefe. Todos se dieron cuenta de que un montón de mujeres y niños observaban la escena desde la ventana.

-Podemos vivir todos juntos-dijo Alberto.

-No, no podemos-cortó Pablo. Y tampoco podemos dejar este lugar.

-Ya es tarde-dijo un hombre.

-¡Cállate tu maldita boca o te haré tragar la pistola, me importa bien poco si hay mujeres, este es mi grupo y vosotros me estáis poniendo de muy mala leche, largo!-gritó Pablo completamente fuera de sí.

Los hombres lo miraron, asombrados, pero el jefe se recompuso.

-No-dijo.

Pablo, rojo de rabia, alzó su arma apuntándolos a todos. Justo cuando iba a disparar, Saúl le movió el brazo, provocando que errara el tiro, y acto seguido, descargó un puňetazo en su mandíbula que lo dejó inconsciente.

HambrientosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora