Sol despertó en un coche, dolorida y aturdida. Estaba en marcha y ella se encontraba sentada. Miró a su lado y vió a un hombre mayor, de unos 50 aňos.
-¿Dónde estoy?-gimió Sol, casi imperceptiblemente.
-Tranquila, duerme-dijo el seňor.
-No, no, parad, quiero salir-gimoteó, mirando a su alrededor.
Se dió cuenta entonces de que le dolía mucho la barbilla, el brazo y el costado.
-¡Cállala!-dijo el conductor.
-Está nerviosa, tú conduce.
-¿Dónde estoy?-preguntó Sol más alto y más tensa.
-¡Cállate!
-Parad, parad.
Fue visto y no visto, el hombre que tenía al lado la golpeó y la dejó otra vez inconsciente.
No encontraban a Sol por ninguna parte, había amanecido hacía rato y ella simplemente se había esfumado.
-¡Sol!-gritaban todos.
Al ver que no aparecía, Leticia y Pablo salieron a buscarla.
-¿Dónde habrá ido?-preguntó la joven mientras andaban por las calles vacías.
-¿Yo qué coňo sé?
-Estás demasiado amargado.
-Cállate la boca o te la cierro de un balazo.
El severo tono del hombre la hizo callar.
Doblaron una esquina y encontraron un charco de sangre en plena carretera.
-Creo que ya sabemos lo que le ha pasado-musitó Pablo.
