Aquel que siente miedo no se convierte en cobarde, solo en humano, pero solo quien lo tenga y sigue a pesar de ello, va a ser el que sea digno de ser nombrado valiente.
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Ke...
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La basta oscuridad era su compañera, con lentitud y serenidad eran sus pasos, con un eco que retumbaban sus tímpanos con cada pisada. Suspiraba por la boca pasivamente, el ruido de su corazón latiendo de manera calmada con tan solo un ingenuo alumbrar de su linterna.
Keyl sin opciones se adentró en la cueva, sin saber a dónde lo llevaría. Fácilmente era presa sencilla para cualquier bestia en esa situación, la calma total y la carente visualidad que poseía en esos momentos no era su aliada.
A pesar de sus calmados pasos, llevaba ya un buen rato avanzando y la luz de la salida no parecía ni acercarse.
—¡Maldición! Con tanta oscuridad no puedo ni siquiera pensar—ante sus palabras decidió acelerar.
Un poco más de espacio recorrido bastó para que de repente se detuviera en seco, al ver que tanto desde enfrente como desde atrás: Unos orbes de luz aparecieron, éstos estaban flotando, mientras se movían ligeramente a su alrededor y alumbraban de manera excelente todo el lugar.
Keyl miró las esferas que ahora lo acompañaban. Para cualquiera sería un espectáculo hermoso, pero para el agente era una vía de escape. Sin más continúo con la empresa, aún con el arma en mano, buscando una salida. Los orbes se encendían mientras más avanzaba, brindando una excelente vista de la caverna, pero algo pasó, algo que en un principio Keyl no notó: Las esferas poco a poco aumentaban su brillo y no fue sino hasta que un alumbrado excesivo logró atrapar la atención del rubio.
—¿Qué es esto?—con el brazo cubría su rostro, con la intención de reprimir la luz en sus ojos.
Las luces empezaron a brillar con más rapidez e intensidad, a tal punto que el agente se vio forzado a detenerse y cerrar su mirada. Las esferas se mantuvieron deslumbrantes durante varios minutos, de pronto y calmadamente empezaron a cesar.
Al poco tiempo, abrió su vista y una vez que ajustó su sentido, se quedó atónito y confuso al darse cuenta en donde se encontraba.
Ya no estaba en la cueva, miró a su alrededor, intentando comprender las circunstancias. Keyl de un momento a otro fue llevado a una mansión, específicamente a la sala de estar, no era una casa como las del pueblo donde estuvo, no, era moderna, lujosa, de un multimillonario o de un jefe político, pero no era lo que más le llamó la atención. Keyl tenía un sentimiento familiar de ese lugar, como si ya hubiese estado allí.