Aquel que siente miedo no se convierte en cobarde, solo en humano, pero solo quien lo tenga y sigue a pesar de ello, va a ser el que sea digno de ser nombrado valiente.
🌀🌀🌀
Ke...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¡Me estás jodiendo ¿Verdad?!—James estaba totalmente atónito, afligido, su cara de incredulidad mientras que un leve tic en su ojo lo decía todo.
—Sabes perfectamente que yo no soy de bromas—empató Keyl—esa es toda la verdad, o por lo menos la que hasta ahora he descubierto.
—¡No puede ser!—James colocó una mano en su rostro, en señal de frustración.
Los dos agentes estaban sentados en la orilla del risco. Durante una hora Keyl estuvo contándole a James todo lo acontecido y descubierto desde que llegó a ese lugar, cada palabra era como un golpe a la moral del agente castaño y aún más al saber las consecuencias que vendrían si es que ellos caían en combate.
—Resulta entonces: ¿Que fuiste atraído aquí por una extraña entidad para que una Secta que se hace llamar "La Secta del Ángel Muerto" te utilice como un sacrificio que es no solo para que sigan teniendo control de este lugar, sino que también es para expandir sus fronteras porque eres el ultimo de quién sabe a cuántos han atrapado aquí?—preguntó James intentando mantener la calma.
—Sí, básicamente—respondió Keyl directo y sereno.
—¿Y si se lleva a cabo ese sacrificio, medio Londres quedará bajo su domino?—tan solo decirlo hizo que una mueca de ira se postrara en el agente castaño.
—Me temo que sí—habló Keyl mirando al suelo para después mirar a James a los ojos—pero por lo que veo ya no soy su único objetivo—estas palabras hicieron que el agente castaño pusiera una cara confusa, pero luego entendió a qué se refería su amigo—ellos solo atraen a este sitio a las personas que necesitan.
—¿Me estás diciendo que ahora yo también...?—preguntó al agente rubio y éste simplemente asintió—Eso explicaría el por qué uno de esos sujetos decidió contactarme—musitó, analizando la situación.
—¿Hablaste con uno de ellos?—pregunto Keyl.
—Sí. Estaba desesperado. Se notaba que el tiempo se les está acabando.
—Quiere decir que cada vez estamos tomando más ventaja—exclamó Keyl—no debemos detenernos. Tenemos que seguir avanzando—terminó, para entonces ponerse de pie y empezar a bajar por la montaña.