Aquel que siente miedo no se convierte en cobarde, solo en humano, pero solo quien lo tenga y sigue a pesar de ello, va a ser el que sea digno de ser nombrado valiente.
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Ke...
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Siempre se piensa en el futuro, siempre fantaseamos con una vida en la cual somos felices y en donde no tenemos ninguna preocupación, donde todos nuestros sueños se hagan realidades.
¿Destino? Los que creen es esas tonterías solo pueden esperar el fracaso, nada ocurre porque sí, todo tiene una razón, una decisión puede desencadenar en miles de circunstancias y futuros.
Los sueños con los que fantaseamos a veces se cumplen y a veces no, dependiendo del futuro que nosotros mismos nos forjamos por medio de nuestra propia mano, solo hay que saber cuál sería el posible desenlace que tendrá esa decisión.
Para alguien como yo, quien podría decidir su presente y quién podrá decir además que su futuro no será el mayor pozo de mierda de este mundo, solo le queda pensar en el futuro y esperar que mi futuro no sea así.
No pido mucho, siempre miro el techo de mi habitación imaginándome en una casa de campo, viendo el atardecer con una taza de chocolate caliente, supongo que para un chico de quince años que vive en un orfanato de mala muerte es lo mejor que podría desear para su futuro.
Vivo aquí desde que tengo memoria, las mujeres que son más unas torturadoras que otra cosa, es que fui el típico niño cliché que abandonaron en la puerta a mitad de la noche, nunca conocí a mis padres y a decir verdad, ni siquiera me importó, porque ¿Quién podría pensar en eso si cada día en este calvario te enfocas es en sobrevivir?
Sentí un zarandeo que me hizo escapar de mi trance, al girar me di cuenta de que un pequeño niño de siete años estaba al borde de mi cama, llamándome.
—James, es hora de desayunar—abrí los ojos de la impresión, me giré hacia la ventana y efectivamente, ya había amanecido, parece que fue otra de esas noches sin dormir.
—Está bien, amiguito, ya voy para allá, pero mejor apúrate tú, no quero que te regañen por llegar tarde solo por venir a buscarme—le dije mientras le alborotaba el cabello, el niño simplemente asintió y se fue corriendo fuera de la habitación.
Respiré con profundidad, me senté al borde de la cama y me quedé allí por un momento, todo era tan monótono, las paredes tan desgastadas, el piso siempre rechinando por la falta de cuidado. Este lugar se cae a pedazos, pero qué les importa eso a la gente de este lugar, si por ellos fuera, nos matarían a todos, solo somos su fuente de ingresos, reciben unos fondos del gobierno por los niños a su cuidado y solo el diez por ciento se gasta en comida, ropa o algún sustento para mantenernos y el que abriera la boca para quejarse, conocería el significado del dolor de la peor forma posible.