Aquel que siente miedo no se convierte en cobarde, solo en humano, pero solo quien lo tenga y sigue a pesar de ello, va a ser el que sea digno de ser nombrado valiente.
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Ke...
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Lo podía ver todo, a pesar de que estaba un tanto alejado, era como estar en primera fila, aunque su rostro estaba sereno, por dentro luchaba por controlar sus nervios.
James aún estaba en el balcón de aquella habitación, aún sometido, teniendo a Clod y al líder de la Secta del Ángel Muerto custodiándolo y desde donde estaba, veía cómo a las afueras del castillo su compañero estaba siendo rodeado por esos soldados y por el miembro sectario.
—Ya lo viste, aquí termina todo, pero les daré un reconocimiento, son los que más nos ha costado capturar, nunca me imaginé que serían capaces incluso de matar a uno de nosotros, nunca creí que fuera posible siquiera—el líder de la Secta, más que darles un reconocimiento, alardeaba lo que según él era una victoria.
James lo observó, su mirada no desprendía nada, no tenía nada que decir, estaba concentrado en otras cosas: Miró alrededor del cuarto, vio algo peculiar, de inmediato supo que era una puerta trampa y al lado de aquel interruptor vio una espada que le podía ayudar temporalmente. No tardó en descubrir la palanca que la activaba, estaba consciente de que sería algo críticamente arriesgado, pero es el único plan cuyo cálculo para escapar no daba la muerte, aunque siendo una puerta trampa, el cálculo estaba incompleto al no saber a dónde llevaría, pero no encontraba otra salida.
—¿Sabes? En este punto ya deberías saber que no nos vamos a rendir, si no lo sabes, entonces de nada sirve hablar contigo—sonrió de forma retadora a los dos sectarios, lo que hizo molestar a Clod, pero el líder se mantuvo sereno—aunque, ya estoy acostumbrado a lidiar con enemigos que nunca van a entender con palabras, a ésos que solo quieren hacer arder el mundo, a ésos ya estoy acostumbrado a detenerlos.
—¿Seguro que no están dispuestos a rendirse? Mírate a ti, tú ya lo hiciste, te entregaste por tu propia voluntad.
—Que ingenuo eres, pensé que al ser el líder del grupito de bastardos serías inteligente, qué decepción, me equivoqué—el agente se burló—¡Ni siquiera te diste cuenta de lo que está por pasar!—la sonrisa amplia y los ojos enormes, idénticos a un estado de locura sorprendieron a los sectarios y nada pudo prepararlos para lo que iba a ocurrir: