—¿Y entonces?
—¿Y entonces qué? —contesté haciéndome la desentendida.
Un fuerte bufido resonó a mis espaldas, por supuesto, hice caso omiso. En ese momento prefería centrar toda mi atención en la mundana tarea de guardar la ropa en mi placard. Realmente, no me apetecía en lo absoluto hablar de todo lo ocurrido en los últimos días.
—Sabes perfectamente que no me voy a mover de acá hasta que me cuentes absolutamente todo.
—Ya les conté todo. Visité lugares hermosos, saqué muchas fotos, pasé frío y comí como un cerdo. No sé qué más queres que te diga. —Me encogí de hombros.
El silencio que prosiguió a mis palabras fue tan ensordecedor que, por un momento, me vi tentada a girarme para asegurarme de que mi amigo todavía continuaba ahí. Colgué mi campera negra en una percha, mis manos levemente temblorosas. No sabía qué me afectaba más, si rememorar lo vivido los últimos días de mi viaje o el poner en palabras todo aquel torbellino de pensamientos y emociones que me invadían.
—Podrías, aunque sea, parar de hacer eso y mirarme. Me estás sacando de quicio, cielo.
Esta vez, fui yo quien soltó un bufido. Apoyé mi frente sobre la superficie de madera y cerré los ojos unos segundos. No había escapatoria, está charla se iba a dar me gustase o no. Me encomendé al señor antes de girarme y caminar a paso lento hacia mi cama. Me senté a su lado y dejé caer mis hombros resignada.
—Te acostaste con él. —No preguntó, sino que afirmó.
Asentí, ya que no era capaz de emitir sonido. Marcos se me quedó mirando fijo durante unos segundos, estaba leyendo mi lenguaje corporal para medir que iba a decir a continuación.
—Quedé en tercer lugar ¿No? —soltó de pronto, un adorable puchero haciendo acto de presencia en su rostro.
—¡Marcos! —Lo empuje con mi hombro, sintiendo como mis mejillas se prendían fuego ante los recuerdos—. ¡Sos un desubicado!
—¡¿Qué?! —Sonrió ampliamente, haciéndose el inocente—. Solo quería que cambiaras esa cara de compungida que tenes e intentar entender porque estás así. El sexo fue triple X, puedo verlo en tus ojos, así que ese no es el problema. Arrepentimiento, lo dudo, no está en tu naturaleza. El trabajo, lo descarto, no te hubieras arriesgado si hubiese existido alguna posibilidad de que te trajera problemas en ese ámbito. Así que... ¿Qué es lo que te tiene así?
A veces odiaba que Marcos me conociera tan bien. Amaba a mi amigo, pero el que me estuviese presionando para que pusiera en palabras lo que no quería decir, estaba comenzando a irritarme. Bajé la mirada a mis manos, que se encontraban apoyadas sobre mis piernas.
—No puedo con esto ahora.
—Solo intento ayudarte, cielo.
—Lo sé, pero realmente no quiero hablar de esto ahora. Estoy cansada física y emocionalmente, solo quiero apagar mi cabeza y dormir un día entero.
Marcos apretó sus labios, asintiendo levemente.
—Está bien, no voy a insistirte más. Pero no creas que voy a dejar que huyas de esto. Vos siempre me alentaste a afrontar las cosas, siempre me dijiste que huir no era la solución. Los miedos se enfrentan ¿Te acordás? —Asentí, sintiendo un nudo en mi garganta—. Así que, en cuanto te sientas con ganas de hablar, ahí voy a estar para vos, para escucharte, aconsejarte y darte una patada en el culo si es necesario.
Una lagrima traicionera comenzó a deslizarse por mi mejilla izquierda, respiré profundo para contener a la demás que quería aflorar de mis ojos. Marcos me abrazó, ejerciendo una leve presión a mi alrededor, y deposito un beso en mi frente al separarse de mí. Se puso en pie y comenzó a caminar rumbo a la puerta, pero se detuvo antes de alcanzarla, girándose para encararme.
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¿Y si...? #PGP2020
RomanceSofía le huye a los compromisos. Damián recién sale de una relación tóxica . Varik está más bueno que el pan. Decisiones. Decisiones. Decisiones. ¿Quién dijo que tomar decisiones era fácil? Porque, aún cuando tus convicciones son firmes, es difícil...
