El lunes fue difícil arrancar luego de aquel fin de semana de relax, pero no tenía opción, había responsabilidades que cumplir. En momentos así era que recordaba con añoranza mi adolescencia, cuando podía decir "hoy no me levanto" y me quedaba en mi cama durante todo un día sin mayores consecuencias.
Mi celular comenzó a vibrar sobre mi escritorio y casi se me resbala al querer tomarlo, gracias a dios no se me cayó. Era demasiado torpe, los celulares me duraban un suspiro. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de celulares que había roto accidentalmente y de las formas más tontas. Incluso ahogue un par en el inodoro y uno bajo rebotando un piso entero por escaleras.
Miré la pantalla y vi que era Marcos.
—Hola cielo.
—Hola brujito.
—¿Ya almorzaste?
Su pregunta hizo que observara el margen inferior izquierdo de mi monitor. Era las trece y treinta y cuatro, ni cuenta me había dado de la hora. Había estado toda la mañana concentrada intentando encontrar las palabras exactas que reflejaran la esencia del nuevo modelo de auto de Renault. Me había ofrecido para ayudar a los chicos encargados de esa cuenta, tenía mis cosas al día y una cabeza más para pensar siempre era más que bien recibida. Se me había ido toda la mañana en ello y ni siquiera lo había notado.
—No, no almorcé ¿Por?
—Estoy cerca ¿Podes salir?
—Sí, claro.
—Buenísimo, nos vemos en la puerta en diez.
Bajé quince minutos después de cortar, conocía muy bien a mi amigo y sabía, a base de experiencia, que la puntualidad no era una de sus cualidades. Una vez llegó, decidimos ir a un lugar cerca de mi trabajo. Si bien nadie controlaba a rajatabla el tiempo que nos tomábamos para almorzar, no me gustaba aprovecharme de las libertades que nos brindaban.
—¿Y bien? —pregunté luego de que la moza se retirara con nuestros pedidos.
—¿Y bien qué? —respondió haciéndose el desentendido.
—¿Por qué estamos acá?
—¿Venimos a almorzar? —Quiso hacerse el chistoso, pero yo lo fulmine con la mirada— ¿Acaso tengo que tener una excusa para querer comer con mi mejor amiga?
Lo miré entrecerrando los ojos. No era raro que me invitara a almorzar, a veces si estaba cerca me avisaba y si podía nos juntábamos. Lo que me parecía raro era que habíamos estado juntos todo el fin de semana y llevábamos tan solo unas 14 horas sin vernos.
Tras unos segundos más, en los que lo pulverice con mi mirada inquisitiva, esa que decía "destapa la olla de una jodida vez", él pareció rendirse. Pero algo extraño ocurrió en ese momento, sus mejillas se sonrojaron. ¿Acaso le daba vergüenza lo que sea que quería contarme?
Ayer, cuando había vuelto de la pileta, casi no habíamos tenido tiempo para hablar ya que nos centramos en prepararnos para irnos. No pude preguntarle si había pasado algo con Romi y tampoco le había contado sobre mi conversación con Damián.
—Por favor, decime que no metiste la pata con Romina. Jurame que no voy a tener que lidiar con una chica desconsolada en un futuro próximo.
Si era así, debía admitir que Romina era muy buena ocultando sus emociones. Había estado con ella durante una reunión que tuvimos a primera hora y, si bien no habíamos hablado mucho, tampoco la había visto rara.
—No es eso. Pero si tiene que ver con ella. Ojo, no es nada de lo que estás pensando —dijo de forma atropellada, como si no quisiera darme tiempo para sacar mis propias conclusiones.
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¿Y si...? #PGP2020
RomanceSofía le huye a los compromisos. Damián recién sale de una relación tóxica . Varik está más bueno que el pan. Decisiones. Decisiones. Decisiones. ¿Quién dijo que tomar decisiones era fácil? Porque, aún cuando tus convicciones son firmes, es difícil...
