Capítulo 13

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—¡Paren de golpear la maldita puerta! —grité mientras hundía más mi rostro en el colchón. La cabeza me iba a estallar.

—¡Mamá me mandó a decirte que ya son casi las cinco de la tarde! —gritó mi hermano desde el otro lado de la puerta—. ¡Y tenemos visitas!

¿Qué hice yo para merecer este castigo?

—¡Yaaaa vooooy! —grité, pero me arrepentí de inmediato.

Me palpitaban las sienes, anoche me había tomado hasta el agua de los jarrones. Evidentemente, Sofía y barra libre no debían ir juntas en una misma oración. Aun así, no iba a hacer la tonta promesa de que no volvería a tomar nunca más en mi vida ¿Quién prometía semejante estupidez? Si te gustaba tomar, era obvio que volverías a hacerlo. La resaca era la principal consecuencia y yo me hacía cargo sin objeciones ni promesas en vano.

Me destapé y me senté al borde de la cama. Todavía llevaba puesto el vestido que había usado anoche, el cual apestaba a alcohol, como el resto de mi ser. Me quité el vestido por la cabeza y lo lancé a un rincón de mi habitación, junto al cesto de la ropa sucia. Llevé mis manos a mi cabeza y me hice un rodete con mi pelo. Estaba todo enredado y pegajoso debido al trago que me había tirado la ex de Damián. 

Necesitaba dos cosas con urgencia, ibuprofeno y un buen baño. Un profundo bostezo salió desde mis mismísimas entrañas, no dude en sumar a mi lista mental lavarme bien los dientes. Respiré profundo y cerré los ojos antes de incorporarme.

El fuerte y esperado mareo hizo su acto de presencia, provocándome la sensación de que el piso se tambaleaba cual zamba bajo mis pies. Tras unos segundos, logre controlar la situación. Me acerqué a mi mesita de luz y busqué en el primer cajón el blíster de analgésico. Sobre la mesita había una botella de agua por la mitad, la cual agarré para tomar la capsula. 

Me gire y comencé a agarrar todo lo necesario para darme la tan ansiada ducha. Al abrir la puerta de mi habitación me encontré de frente con mi padre, que estaba a punto de entrar. Del susto, las cosas se me cayeron al piso e instintivamente me tape mis pechos con un brazo, él se giró para darme privacidad.

—¡Me asustaste pa! —Me agaché para levantar mis cosas. 

—Perdón, no fue mi intención. ¿Puedo girarme?

Enrolle como pude la toalla a mi cuerpo.

—Sí.

—¿Mucha joda anoche?

—Mucho alcohol, estoy arruinada. —Mis labios se curvaron hacia abajo formando un lastimero puchero.

Siempre había tenido un muy buen dialogo con mi padre, le tenía la suficiente confianza como para hablarle de todo, incluso de cuestiones íntimas. Después de todo, él se había hecho cargo de nosotros aun siendo muy pequeños y pasaron varios años antes de tener a Dolores en nuestras vidas.

—¡Jodete! —Intentó verse serio, pero sin conseguirlo en lo absoluto.

—Lo sé, lo sé, me lo merezco. ¿Qué haces acá? Pensé que regresabas el martes.

—Se adelantó el regreso y quise darte una sorpresa. Te traje tu regalo de cumpleaños.

Sacó entonces desde detrás de él una bolsa con un enorme moño verde, mi color favorito.

—Gracias pá.

Me acerque a él y lo abracé con fuerza, lo había extrañado demasiado. Él me estrujo entre sus brazos y me beso la cien antes de separase de mí. Levanto nuevamente la bolsa frente a mí y pude notar el entusiasmo en su mirada. Aquello aumento mi curiosidad al instante y comencé a hurgar dentro de la misma con ansiedad.

¿Y si...?  #PGP2020Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora