Capítulo 7

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—Te demoraste —soltó Marcos ni bien me senté junto a él, con los dos tragos en mis manos.

—Pasé por el baño y después tuve que esperar a que me atiendan en la barra.

—¿O sea que el rubio con el que hablabas no tuvo nada que ver con tu demora?

Trague saliva instintivamente. Quizás los demás estaban demasiado entretenidos como para notar mí ausencia, pero él siempre estaba al pendiente de mí.

—Solo charlamos —solté, restándole importancia.

—Decime por favor que no te falto el respeto, porque te juro que...

—Tranquilo fiera. —Puse mi mano sobre su brazo—. Solo se acercó a disculparse.

—Ok. —Resoplo—. Pero más le vale mantenerse alejado de vos el resto del fin de semana.

—¿Celoso? —pregunté para aligerar el ambiente.

—Nunca, sé que siempre voy a ser el primero en tu Top Five.

—Mmm... —Apreté mis labios—. En realidad, estas segundo.

—¿Qué? —Su gesto indignado me causó mucha gracia.

—Octavio te destronó.

—¿Octavio? ¿El mudito que conociste en la costa? 

—El mudito, como lo llamaste, sabía usar muy bien su lengua... y también otras partes de su cuerpo.

—¡Basta! No me gustan las imágenes que se están formando en mi cabeza en este momento.

—Al menos fuiste el mejor durante mucho tiempo. —Me encogí de hombros, divertida por su machismo herido.

Lo del Top Five era una tonta competencia que había surgido luego de que decidiéramos dejarlo. Creo que fue nuestra forma de ponerle un paño frío a la situación y luego, simplemente, se convirtió en un juego tonto.

—No puedo creer que el mudito me destronara.

La mañana siguiente nos encontró enredados en las sábanas, ambos éramos muy inquietos a la hora de dormir. Al menos esta vez, Marcos no había roncando. Me costó un poco levantarme, la cama era demasiado cómoda, pero debíamos aprovechar el día, el cual parecía haber amanecido soleado y cálido.

Luego de desayunar, decidimos ir con Marcos, Camila, Romina y Diego, a pasear al Puerto de frutos, una gran feria de productos artesanales y regionales emblemática de la zona. El hotel dispuso un vehículo que nos dejó en la feria a media mañana.  Al llegar, notamos que no había mucha gente en el lugar, lo cual nos permitió disfrutar de un tranquilo paseo. Compramos algunas chucherías, cosas que no eran necesarias pero que, aun así, sentimos la necesidad de comprar. Para la dos de la tarde, nos encontrábamos agotados y hambrientos, así que decidimos volver al hotel.

Una vez en la habitación, luego de almorzar, Marcos optó por ir un rato a la pileta climatizada. Tenía la leve sospecha de que quería pasar más tiempo con Romina, de medios, con quién habían congeniado bastante bien. Solo esperaba que se comportaran como los adultos que eran y no me hicieran quedar en medio de algún drama entre ellos. Con ese pensamiento en mente, detuve a mi amigo justo cuando estaba saliendo de la habitación.

—Marcos, te pido por favor que si pensas acostarte con Romi, le dejes bien en claro como son las cosas. No quiero quedar en el medio de un melodrama después.

—Tranquila, vos sabes que yo siempre soy sincero en cuanto a mis intenciones.

Dicho esto, beso mi frente y se marchó. Cerré la puerta de la habitación y me saqué el short y el corpiño, quedándome en remera manga corta y tanga. El cansancio de la larga caminata de hoy estaba comenzando a apoderarse de todo mi ser, quizás me vendría bien tomar una siesta. Con esa idea en mente, arrastré mis pies hasta el baño para lavar mi cara, mis manos y mis dientes. Después, con la misma parsimonia, llegué hasta la cama.

¿Y si...?  #PGP2020Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora