Capítulo 16

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—¿Ya hablaste con Pamela? —le pregunté a mi amigo mientras manejaba por las calles de Capital Federal.

Habíamos quedamos en cenar juntos, por lo que tuve que pasar a buscarlo por su trabajo al salir del mío. Él no solía venir en auto, prefería venir en trasporte público ya que le resultaba más práctico ya que la empresa donde trabajaba quedaba en pleno microcentro. Yo, en cambio, era demasiado cómoda y prefería gastar un poco más de dinero y venir en mi auto. 

—Me sigue teniendo bloqueado y no me animé a pasar por su casa. Tengo miedo de que me tire con algo. Ayer no la vi en la facu, pero no estoy seguro si le tocaba clases o no, no me sé todavía sus horarios.

Marcos estaba cursando sus últimas materias de la carrera de Diseño Gráfico mientras trabajaba para una importante farmacéutica diseñando los packaging para todos sus productos. 

—Vas a tener que ir a su casa en algún momento, no podés dejar las cosas así. Por lo menos se merece una disculpa.

—¿Y qué le digo? "Mira Pame, la verdad es que me gustas, pero no pienso hacer nada al respecto porque no tengo ni la más puta idea de cómo querer bien a alguien. Estoy jodido, los dos lo estamos, y sinceramente no creo que puedas ayudarme ni yo pueda ayudarte a vos porque no somos unos jodidos floreros que se rompieron y ahora podemos volver a pegar las putas piezas."

Soltó un bufido y miró ofuscado por la ventana. Iba con sus brazos cruzados sobre su pecho, un claro gesto de auto protección.

—Tampoco hace falta que te comportes como un idiota. Solo digo que ella se merece una explicación después de que la dejaras tan vulnerable en tu casa.

—Lo sé —dijo apretando más sus brazos, estaba muy tenso—. Pero todavía no estoy listo para ir a aclarar nada, si voy ahora solo la voy a cagar más. Necesito acomodar mis ideas y buscar la forma de disculparme sin comportarme como un idiota. Y, en lo posible, ver si puedo seguir ayudándola, no quiero que por esto ella se quede sola de nuevo.

Mi amigo podía llenarse la boca diciendo que no sabía cómo querer a alguien, pero no se daba cuenta de que tenía un gran corazón. Sus acciones lo demostraban muy a menudo. Era de esa clase de persona que siempre estaba ahí para vos si lo necesitabas. A él, lo que se le complicaba, era expresar y lidiar con sus sentimientos, por eso se sentía incómodo cuando sus relaciones se volvían más cercanas. 

Conmigo era distinto porque llevábamos muchos años de conocernos, pero con el resto era muy aprensivo. Incluyendo a sus padres adoptivos. Me había costado muchísimo llegar a él, había chocado contra sus muros una y otra vez hasta que logré derivar parte de ellos. 

Cuando llegamos a Palermo, unos veinte minutos después, busque un estacionamiento privado para meter el auto. En este país había más autos que personas y estacionarse era todo un problema. Comenzamos a caminar sin rumbo fijo, estábamos en plena zona de bares y la mayoría ya se encontraban llenos. Terminamos entrando al primer bar que encontramos con una mesa libre adentro.

La noche estaba linda, pero no me gustaba comer en la calle, me resultaba antihigiénico. ¿Cómo podía la gente comer tan tranquilamente cuando tenían ciento de personas pasando por su lado? ¿Acaso no se daban cuenta de que sus salivas, pelos, escamas de piel, incluso gérmenes al estornudar o toser, podía caer sobre lo que comían? Sí, tenía que reconocer que tenía varios problemitas.

Una vez dentro del local, se nos acercó la recepcionista y nos guió hacia una de esas mesas altas con banquetas. Nos sentamos y pedimos una picada para dos y unas gaseosas. Éramos responsables, nada de alcohol entre semana. 

—Bueno, basta de hablar de mí. Contame vos qué onda.

—No tengo mucho que contar, mi vida últimamente no es muy interesante.

¿Y si...?  #PGP2020Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora