Luego de acomodar nuestras cosas, pasar por el baño y cambiarnos, bajamos para disfrutar de la pileta techada y climatizada que había detrás de la fachada del hotel. Ahí nos encontramos con algunos de mis compañeros, a quienes les presente a Marcos como mi mejor amigo.
A la hora del almuerzo, nos reunimos todos en el restaurante que había en la planta baja. Era tan hermoso como el resto del hotel y la comida resultó ser exquisita. Nada en este lugar te decepcionaba, de hecho, todo era demasiado perfecto. Cada detalle parecía minuciosamente pensado para el confort y el agrado del huésped.
Al finalizar, la mayoría decidimos ir a dar un paseo por el gran parque que rodeaba el hotel, el cual estaba ubicado a las orillas del río. Incluso tenía su propio muelle. Había canchas de tenis y fútbol, una plaza con juegos de madera para los más chicos y un gran deck con sillones y mesas para sentarse a comer.
En la parte trasera había dos piletas descubiertas, además de la techada, una de ellas contaba con tres toboganes acuáticos que se veían súper divertidos. A un costado, separado del edificio principal, había lo que parecía ser un salón de eventos y, unos metros por detrás de éste, había unas hermosas pérgolas de madera blanca y cortinas azules, dentro de las cuales se ubicaban unos divanes que parecían realmente cómodos.
Al terminar el recorrido, decidimos sentarnos en la zona de deck a descansar. Charlamos de todo un poco, intentando no mencionar nada que tuviera relación con el trabajo. Marcos, haciendo gala de su gran carisma, se integró lo más bien al grupo. Lo que restó de la tarde, con mi amigo lo dedicamos a ver la tele y a descansar un poco en la habitación.
A las 21 hs nos encontrábamos todos sentados a una larga mesa que habían preparado especialmente para nosotros. Habíamos sido invitados a cenar por el gerente de ésta sede quién, al parecer, quería homenajearnos con una comida especial. Éramos doce en total, no todos habíamos llevado acompañante.
Un hombre, con chaqueta blanca y uno de esos gorros de cocinero, se acercó y se presentó como Dennis Bader, chef del hotel. Nos comentó que esa noche nos iban a servir clásicos platos alemanes. Los enumeró uno a uno, dando una breve descripción de cada uno de ellos. Elegí probar un plato llamado Eisbein. Se trataba de un codillo de cerdo, acompañado de puré de papa y chucrut. Marcos decidió probar un plato llamado Kassler. Básicamente, era churrasco de cerdo ahumado, acompañado por papas y por supuesto, chucrut.
En cuanto me pusieron el plato enfrente, pude deleitarme con la exquisita fragancia que emanaba. Todos los platos estaban servidos con excelencia y se venían apetecibles. El mío era exquisito, el cerdo se deshacía en mi boca, el puré era suave y el chucrut estaba espectacular. Todo el conjunto era una delicia. Para acompañar la comida, la mayoría pidió cerveza, pero como a mí no me gustaba pedí agua con gas.
Para cuando nos trajeron el postre, un sabroso strudel de manzana, había comenzado un show de música en vivo. Era un dúo de mujeres que cantaban acompañadas solamente de una guitarra acústica y un violín, instrumentos que ellas mismas tocaban. La melodía inundaba el salón, creando un ambiente relajado.
—¿Queres tomar algo? —preguntó Marcos.
—Me vendría bien un poco de alcohol.
—¿Una caipiriña?
Marcos conocía mis gustos mejor que nadie.
—Sí, —Comenzó a ponerse de pie—, pero deja que voy yo, la barra libre es solo para los integrantes de la agencia. ¿Vos que queres?
—Campari con pomelo.
Antes de ir a la barra, pasé por el baño e hice mis necesidades. Una vez frente al espejo, acomodé un poco mi pelo y revisé mi escaso maquillaje. No solía maquillarme demasiado, solo rímel y brillo labial. Cuando me sentía más osada, me ponía un poco de sombra.
ESTÁS LEYENDO
¿Y si...? #PGP2020
Любовные романыSofía le huye a los compromisos. Damián recién sale de una relación tóxica . Varik está más bueno que el pan. Decisiones. Decisiones. Decisiones. ¿Quién dijo que tomar decisiones era fácil? Porque, aún cuando tus convicciones son firmes, es difícil...
