Capítulo 20

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Como no podía haber sido de otra forma, la cena había resultado exquisita. Nos habían deleitado con varios platos alemanes que no hicieron más que seducir nuestros paladares. Luego del plato principal, habíamos degustando un postre igual de exquisito mientras las conversaciones fluían entre mis compañeros de trabajo.

Damián solo se había acercado a la mesa para agradecer nuestra presencia esta noche en nombre de la familia Blaulich. El resto de la velada, no habíamos hecho más que cruzar un par de miradas bastante intensas. 

Marcos, que se había ubicado a mi derecha, había logrado relajarse a lo largo de la velada. Gran parte de la cena se había centrado en charlar de trivialidades, nada demasiado personal, con Romina, quien se había sentado a su otro lado. No estaba en modo conquista y ella pareció entender que no buscaba nada más que una amena conversación.

El spot publicitario lo habíamos visto durante la cena, todos aplaudieron en aprobación y eso me hizo sonreír orgullosa. Incluso muchos se acercaron a felicitarnos y a hablar al respecto con nosotros, preguntando como había sido el proceso y demás.

Ahora me encontraba saliendo del baño, el mismo se encontraba al fondo de un corto pasillo. Venía distraída, perdida en mis pensamientos, por lo que no note a la persona parada al finalizar el pasillo hasta que estuve frente a él. Me dedicó una sonrisa en cuanto nuestros ojos se encontraron, se la devolví instintivamente y sin pensarlo. Se veía muy apuesto con su traje negro, camisa blanca y corbata azul.

—¿Me estabas esperando?

—Para nada. Solo estaba apoyado en esta cómoda pared tomando mi trago tranquilamente.

Levantó su vaso con lo que parecía ser un aperitivo.

—Ah bien, entonces me voy a mi mesa así no interrumpo tu tranquilidad.

Di tan solo un paso, pero él se interpuso en mi camino de inmediato.

—Está bien, lo confieso —dijo levantando ambas manos, haciendo que pequeñas gotas de su vaso cayeran al piso—. Te estaba esperando.

—¿A, si? ¿Y para qué?

—Para decirte que te ves muy hermosa esta noche. —Sus palabras provocaron que sonriera levemente—. Y para preguntarte si querías dar un paseo por el parque conmigo.

Apreté mis labios sin saber que contestar. Mire a mi alrededor, no veía ningún rostro conocido cerca así que, en un arrebato de locura, lo agarre de la mano libre y tiré de él hacia la salida.

El salón se comunicaba con el jardín trasero a través de grandes ventanales, los cuales se encontraban abiertos para un libre acceso de los invitados. Ni bien pusimos un pie afuera, note que se me iba a dificultar caminar, los tacos y el pasto no eran una buena combinación. Intenté disimular lo mejor que pude, aunque seguro parecía que venía pisando huevos.

De un momento al otro, Damián se soltó de mi agarre y se puso a mi par, agarrando mi brazo derecho para entrelazarlo con el suyo. Agradecí su gesto con una sonrisa y seguimos caminando en silencio, muy cerca el uno del otro,  guiando nuestros pasos hacia la parte más alejada del parque.

—¿Me estás secuestrando? —susurro de pronto a mi oído.

—¿Qué te hace pensar que lo estoy haciendo?

—Me sacaste casi a las corridas del salón y ahora me estas llevando hacia la parte más oscura del parque. ¿Tengo que tener miedo?

—Para nada, soy inofensiva, no mato ni a una mosca.

—Y yo que quería ser ultrajado —dijo con un gesto de desilusión.

Estalle en una carcajada bastante sonora. Por suerte, ya nos encontrábamos lo suficientemente alejados del salón como para que alguien me escuchara.

¿Y si...?  #PGP2020Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora