Capítulo 35

31 7 11
                                        

Estaba realmente agotada. Agradecía con todo mi ser el hecho de que mi día hubiese estado bastante tranquilo, porque juro que mi cabeza hoy no daba para mucho más. A penas si había dormido un par de horas anoche, aunque en el fondo no me quejaba. Después de tener sexo una vez más, nos habíamos quedado con Damián charlando hasta entrada la madrugada, conociéndonos un poco más en profundidad.

Las cosas entre ambos parecían fluir sin esfuerzo alguno. Me sentía cómoda a su lado, podía mostrarme tal cual era sin sentirme rara ni presionada al respecto. No es que con las demás personas usara una careta, pero era más bien reservada en cuanto a mi vida privada. Solo esperaba que las cosas no se complicaran demasiado. Estábamos bien como estábamos, sin formalidad, sin presiones, solo siendo él y yo.

Estacioné mi C3 en la puerta de casa, agarre mis cosas y me baje. Caminé hacia la entrada mientras buscaba las llaves en mi cartera, por lo que no me di cuenta de que alguien ya había abierto la puerta hasta que llegué al umbral. O mejor dicho, hasta que me encontré frente a frente con mi papá, quien venía saliendo.

—Hola hija. Me agarraste justo yéndome. Vine a buscar a tu hermano, pero no estaba, así que me quedé a charlar un rato con Dolores. —dijo un tanto acelerado, viéndose notablemente apurado.

Me detuve unos segundos a observarlo. Llevaba el pelo húmedo, como si hubiera tomado una ducha recientemente. Además, se veía un tanto inquieto. Justo en ese instante, Dolores se asomó por detrás de él. Casualmente, ella también tenía su pelo húmedo, el cual lo llevaba recogido en un rodete. Fruncí el ceño, entendiendo de pronto la situación.

—Ya veo ¿Estas muy apurado?

—Más o menos, tengo algunas cosas que hacer en casa...

—Realmente me gustaría que te quedes. Quiero hablar un temita con vos —contesté un tanto tajante.

Él asintió, su semblante tornándose serio, antes de cederme el paso para que entráramos a la casa. Dolores se disculpó con que debía comenzar a preparar la cena y se metió en la cocina. Le pedí a mi papá que me esperara en el living mientras subía a dejar mis cosas y me cambiaba. La ropa de la colorada era muy linda, pero el tiro alto de la pollera no era para nada cómodo. Una vez estuve lista, baje para encarar a mi viejo. Era evidente que algo había pasado con Dolores y no quería que ella volviera a sufrir por su culpa una vez más.

También quería charlar sobre el tema de mi mamá y su propuesta de que fuéramos con Tomás a conocer a mis medios hermanos. Mi hermano me había dicho el fin de semana que tenía ganas de ir a conocerlos. Al principio me enojé mucho, discutimos, o mejor dicho, yo grite y él solo me  escuchó. Una vez me calmé, Tomás me explico su postura, a lo que no pude refutarle demasiado. Nuestra charla me dejó pensando mucho y, aunque todavía no había cambiado de opinión al respecto, no iba a interferir en la decisión de mi hermano.

Encontré a mi papá sentado en el sillón de tres plazas ubicado en el living mirando la tele. Por el olor que provenía de la cocina, supe que Dolores ya estaba preparando la cena. Me senté junto a él y silencié la tele, obligándolo a mirarme a los ojos.

—Voy a ir directa al grano. No quiero que lastimes a Dolores. Sabes lo que ella siente por vos y los dos sabemos que vos no podes corresponderle del mismo modo. Así que ¿a qué estás jugando papá?

Él se mostró sorprendido desde el mismo instante en que comencé a hablar, era evidente que no se esperaba semejante planteo. Su gesto cambio a uno más relajado y comprensivo de un momento al otro, se acomodó mejor en el sillón y se aclaró la garganta antes de contestar.

—No tenes idea de lo que me enorgullece que la defiendas de ese modo.

Ahora, la sorprendida era yo ante sus palabras.

¿Y si...?  #PGP2020Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora