Capítulo 3

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Tres días luego de la reunión, recibimos un llamado por parte de un representante de la familia Blaulich confirmándonos que aceptaban llevar a cabo la campaña con nosotros. Nuestro esfuerzo había dado frutos y eso me llenaba de satisfacción.

La próxima semana pondríamos todo en marcha, el lanzamiento de la campaña debía realizarse a fines de octubre, fecha en la que el hotel cumpliría su primer aniversario en nuestro país. Contábamos con poco tiempo, pero no sería la primera vez que llevaríamos a cabo semejante hazaña. Éramos expertos corriendo contra reloj. Por esa misma razón, la agencia permanecía en un estado de caos constante, incluso se podría decir que ese era su estado natural. Las corridas, la presión y el terminar a altas horas de la noche era parte del día a día.

Amaba mi profesión y no me quejaba en lo absoluto, estaba acostumbrada a ese ritmo de trabajo. Sabía perfectamente a lo qué me atenía ni bien elegí estudiar publicidad. Tenía bien en claro que se trataba de un trabajo demandante, sin horarios y que, prácticamente, te succionaba la vida. Pero también te daba muchísimas satisfacciones, porque no había forma de explicar lo que se sentía al ver una gráfica, un spot o un espectacular y saber que lo habías creado vos.

El único inconveniente que se le podía atribuir a esta profesión, era su incompatibilidad con una vida amorosa plena. Era difícil mantener una relación con este ritmo, ni hablar formar una familia. No era imposible, pero sí muy difícil de compaginar ambas cosas. 

Para mí, ese no era un problema. Mis interacciones con los hombres no pasaban de lo estrictamente sexual, nunca llegaba a nada serio con ninguno. Creía en el amor, pero no buscaba encontrarlo a corto plazo.  Era joven, tenía una carrera en ascenso y quería disfrutar de la vida antes de involucrarme amorosamente con alguien.

Además, tenía un serio conflicto respecto a las relaciones. Básicamente, no creía en ellas. Para mí, basada en lo vivido en carne propia, el matrimonio, la convivencia y el compromiso que requería formar una familia no hacía más que destruir lentamente los sentimientos de la pareja. La rutina, el llevar adelante una casa, criar hijos, adaptarse a las costumbres y necesidades del otro, todo eso, no entraba en mi ecuación de lo que quería para mi futuro. Solo esperaba que, si algún día me enamoraba, fuera de una persona que quisiera lo mismo que yo.

—¡Tenemos que salir a festejar! —dijo Sandra, asomando su cabeza entre Camila y yo.

Sandra tenía cuarenta y tantos, pero no los aparentaba en lo absoluto. Salvo por sus ojeras, otro requisito indispensable de esta profesión, fácilmente aparentaba diez años menos. Era muy jovial y divertida, aunque a la hora de trabajar, era sumamente profesional. Me encantaba tenerla como jefa, había aprendido mucho de ella.

—Estoy arruinada —dijo Cami, despatarrándose sobre su silla—. Esta semana fue muy intensa, entre el trabajo y los exámenes, no dormí casi nada.

La entendía, era agotador trabajar y estudiar al mismo tiempo. Agradecía enormemente haber terminado mi carrera el año pasado, aunque todavía no tenía mi título. Mi tesis la había defendido en mayo de este año, había obtenido el primer lugar de mi curso, además de un cheque de cinco mil pesos.

Mire a Sandra y resople, también me sentía muy cansada, pero la palabra "fiesta" aún seguía teniendo un efecto energizarte en mí. Como si fuera una palabra mágica capaz de hacer desaparecer todo rastro de cansancio, desánimo y mal humor.

—¿Algún plan en mente? —pregunté, haciéndole saber que yo sí me anotaba a la joda.

—Los chicos de cuentas dijeron de ir a Sheldon.

—Buenísimo. Eso sí, estoy sin auto. —Recordar ese hecho me produjo amargura.

El martes, después de que me dejara tirada a la mañana, llame a mi papá para que fuera a revisarlo. No pudo encontrar el problema, así que llamó a una grúa que lo llevó al taller de un amigo suyo. Esperaba que no fuera nada grave, mis ahorros los tenía comprometidos para mis tan ansiadas vacaciones. Había financiado los pasajes a Francia y mi estadía allí con la tarjeta de crédito, pero necesitaba llevar efectivo para los gastos que tuviera durante el viaje.

¿Y si...?  #PGP2020Donde viven las historias. Descúbrelo ahora