Cameron.
—Madre—susurró Steve, acercándose a ella.
La mujer de ojos celestes lo rechazó, apuntándole con un arma. La celda de Michael estaba cerrada, y con los guardias dentro, nadie se estaba dando cuenta de lo que pasaba.
—Mi querido Steve—susurró ella hacia mi hermano mayor—, ¿Qué haces aquí?
Steve la miró impresionado y decepcionado de ella. Yo ni siquiera le importaba lo suficiente como para intentar remediar las cosas conmigo, yo sabía a lo que ella venía. Al contrario de lo que Leah creía, yo sí tenía unas sospechas sobre mi madre.
Al parecer, la aventura que ella había tenido con Leonardo Evans había sido importante.
Sí, mi madre había tenido una aventura con el importante narcotraficante estadounidense desde hacía mucho tiempo. Supongo que él fue el que gatilló toda su locura y su sed de sangre.
—¿Por qué me preguntas eso, que es esto?—dijo Steve, tratando de acercarse a ella. Habían dos camionetas a nuestro lado, sabía que estas estaban repletas de hombres cargados hasta los dientes de armas que acabarían en un dos por tres con mi vida.
Ella había venido por mi, eso yo ya lo tenía claro.
Coloqué una mano en el hombro de Steve, asintiéndole.
—Vete, hermano—susurré, a la vez que mi madre me observaba con resentimiento. Sabía perfectamente el motivo. Hacía unos meses había intentado asesinar a su madre, y por supuesto los intereses de ella siempre irían por encima del de todos sus hijos.
Steve me miró como si estuviera loco, y mi mano hizo que uno de los hombres que venía en la camioneta blindada pusiera una venda en mis ojos, junto con una soga bastante apretada en mis manos. Ni siquiera me resistí, ni tenía la mínima necesidad de escapar ahora.
Primero, yo quería toda la verdad. Y sabía que la única forma de descubrirla sería yendo con ella.
—Hijo, tú no eres parte de esto—escuché como ella le decía a Steve—, ve a casa.
Uno de los episodios de toda mi infancia venían con ello, miles de imágenes pasaron por mi cabeza. Ni niñez, el odio que recibía constantemente de ella, las malas miradas, los gritos y los golpes que ella me propinaba, y las caricias y felicitaciones que Steve siempre obtenía.
Carraspeé, con el tiempo me había dado cuenta que esta enemistad entre mi hermano y yo que duró tantos años, sólo habían sido producto de las decisiones de ella, y que Steve no era culpable de nada.
Sabía que este era otro de sus trucos, conocía a esa mujer demasiado bien.
—Vete, Steve—le dije, sin poder ver nada. Mis manos estaban atadas, y lo único que me preocupaba en este momento era Leah. Sabía que ella estaría en casa, y no estaba sola porque había contratado a muchos guardaespaldas que irían con ella a cualquier lugar. Pero uno nunca sabía lo que podía pasar.
Steve carraspeó, y luego oí un silencio total.
—Donde lleves a mi hermano, me llevarás a mi—dijo, sintiendo cómo se acercaba a mi, sonreí. Mi madre no dio absolutamente nada.
Sabía que Steve era la única persona que me era leal en todo el mundo.
Me arrastraron con fuerza hasta una de las camionetas, intuía que mi madre había pagado una buena cantidad de dólares para que los guardias de afuera de la cárcel no llamaran a la policía y guardaran silencio.
Más de media hora pasó antes de que pudiera pisar la tierra, tosí con fuerza, el polvo del lugar me estaba asfixiando.
—Ya está, madre—le dije, cuando noté que no querían sacarme la venda de los ojos—, puedes quitarme esta mierda.
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CRUEL
ActionCuando hablamos de la crueldad de las personas, hay algo que se nos escapa. ¿Qué fue de aquellos que la crueldad fue lo único que se les entregó? ¿Qué fue de aquellos que no conocieron el amor? El infierno está sin su rey. Cameron esta aquí. ©Prohib...
