Un pequeño llanto me hizo sobresaltar, hasta ese momento no me había dado cuenta que me había quedado dormida en la sala de la mansión de Cameron. En un sofá que ahora estaba habitado por Cameron y sus ronquidos, y por otra parte, por los llantos de Cam.
—Joder—susurré, tomando a Cam en mis brazos, sin poder remover a Cameron del sofá. Este dormía plácidamente, como si no lo hubiera hecho en meses.
Cam sollozó unos segundos hasta que coloqué la pequeña mamadera en su boca, la leche tibia lo calmaba y sabía que tenía hambre, eran las once del día y hasta ahora me hacía dado cuenta que no dormí mas de cuatro horas.
—Tenías hambre, ¿No es verdad?—le pregunté a Cam, a pesar que sabía que no podía responderme, estaba segura que si pudiera su respuesta hubiera sido afirmativa.
Dejé por unos segundo a Cam en su pequeño corral, estaba comenzando a comer y a pesar de tener la disponibilidad de muchas niñera, era yo quien siempre le cocinaba. Lo observé reír, mirando a Cameron mientras dormía. Dos pequeños dientes se asomaban por sus encías y sus manos jugaban con el control remoto de la televisión.
Un pequeño recuerdo de la noche anterior llegó a mi cabeza y el plato de Cam cayó de mis manos, estrellándose contra el suelo.
Sabía que las cosas no volverían jamás a ser como antes, yo jamás volvería a ser la de antes. Había asesinado a una persona a sangre fría y lo peor de ello era que no me arrepentía. Dolía y escocía, sentía que había perdido una parte de mi que jamás recuperaría, que definitivamente ahora no tendría salvación, estaba condenada.
Porque yo no era quién para arrebatarle la vida a otra persona. Y mi ojos lloraban por ello.
Yo había asesinado a una persona.
Yo le había quitado la vida a Viana, yo lo había hecho.
Me había convertido en una asesina, en un mounstro.
Las lágrimas empapaban mi rostro, no podía moverme y sentía que me faltaba la respiración. Mis manos temblaban y la imagen de Viana cayendo al suelo con muchas manchas de sangre en su cuerpo se me repetía una y otra vez en la cabeza.
Fui una estúpida al pensar que esto no me afectaría, y la única razón por la que no había podido arrepentirme de ello era por él.
Miré a Cam, su sonrisa me llenaba el alma. El pequeño me observaba desde su corral, con ahora un pequeño juguete en sus manos, sin sacar su mirada de encima mío.
—Estás seguro ahora—le susurré, tomándolo en brazos otra vez y acurrucándolo contra mi pecho.
Las lágrimas caían por su negra cabellera y sus pequeñas manos me tocaban el pecho. Besé su cabeza y lo sostuve unos minutos más, inhalando su olor.
Jamás habría hecho lo que hice de no ser por él, por su bienestar.
—Nadie va a dañarte, te lo prometo.
Sonreí al recordar el episodio sucedido hace unas horas, Cam junto a Cameron juntos. Durmiendo felices y en una paz tan maravillosa que contagiaba. Sabía que entre ellos anoche había ocurrido algo especial y único. Ambos eran padre e hijo, y estaba segura que se amaron desde el momento en el que se vieron.
No podía evitar pensar cómo serían las cosas ahora, no podía dejar mmi mente tranquila. No cuando yo estaba al borde del colapso mental y emocional. Habían sido demasiadas cosas en muy poco tiempo, y ya no podía darme el lujo de ser débil ante los sucesos que podían ir pasando, ya no podía ser débil. No podía por él.
Por el niño que ahora se encontraba entre mis brazos, observándome como si fuese lo más maravilloso que sus ojos hayan visto. Y es que estaba segura que para él lo era. Por eso lo abracé tan fuerte como se me permitió, porque él era mi fortaleza y mi cable a tierra ahora.
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CRUEL
ActieCuando hablamos de la crueldad de las personas, hay algo que se nos escapa. ¿Qué fue de aquellos que la crueldad fue lo único que se les entregó? ¿Qué fue de aquellos que no conocieron el amor? El infierno está sin su rey. Cameron esta aquí. ©Prohib...
