Frío, nada más que frío.
Y no sabia si era el sentimiento de soledad lo que podía relacionarse, o el mero hecho de estar sobre el suelo, con los brazos alrededor de mi cuerpo.
Tenía frío, el lugar ya se estaba haciendo de día, pero mis manos estaban entumecidas y el hecho de traer un vestido no ayudaba, pasé dos horas agachada, preguntándome por qué todo tenía que estar tan mal para mi. Preguntándome por que Cameron me había dejado sola, en medio de una casa que no tenía idea de dónde se encontraba alguna habitación y mucho menos el lugar. Pensando en cómo me dejó luego de besarme ferozmente, y cuestionándome por qué demonios le había dejado hacer aquello conmigo, era insólito.
Quise golpearme, mil veces, pero el dolor de cabeza que tenía en este minuto era más fuerte que todas mis ganas de lanzarme arriba de Cameron y golpearlo, o golpearme a mi misma por ser tan estúpida.
Mi labio inferior temblaba, por la ventana de veían los copos de nieve caer sobre la acera.
De alguna manera, pensé en cómo sería escapar de este lugar tan horrendo, de esta casa tan lujosa que parecía un palacio, pero que estaba tan sola como el mismísimo Cameron.
Me levanté de una vez por todas, no sabía si Cameron había dejado la casa, o si seguía aquí. Y no me quedaría a averiguarlo.
Me observé al espejo que había en el salón, mi rostro tenía ojeras gigantescas, y mis labios estaban opacos, casi morados. Habían perdido el color totalmente, y todo aquello era a causa del frío.
No me sorprendería si estuviese en algún grado hipotérmico, estaba observando cosas que no necesariamente podían ser reales en este momento. Un soldado a la derecha, una mujer a mi izquierda con un bello sombrero.
Una lágrima cayó por mi mejilla, acompañado por un gigantesco nudo en la garganta cargado de culpabilidad.
Me dirigí hacía la puerta, y la abrí. El golpe de frío me heló el rostro, era casi inhumano tenerme en aquella condición.
Mis piernas parecían no querer salir de aquella casa, mi mente me repetía mil veces que no lo hiciera, que era peligroso, que él podría de estar cerca y no sería bueno. Pero mi corazón me decía que debía salir de ese lugar en cuanto antes.
Salí de la casa, la nieve caía por todo el lugar, mi vestido ya estaba ligeramente mojado. Tirité, junté mis manos e intenté hacer fricción entre ellas para crear calor, más no lo logré. Sabía que la entrada estaba lejos, y moriría de hipotermia si llegaba allá en estas condiciones.
Suspiré, mirando al cielo en intentando encontrar alguna respuesta. Nada. Como siempre, nada.
Era como si las nubes me intentaran hablar, pero no dijeran nada.
—¿Qué hace afuera Leah? ¡Oh Dios mío!—gritó una voz desde mis espaldas. Me di la vuelta y Viana estaba ahí. Corría en dirección hacia mi, y se veía tan lejana que pude apreciarla a la perfección.
La miré y los recuerdos de la ultima vez que había hablado con ella llegaron a mi memoria, la noche en la que Cameron me había golpeado y yo había defendido sus actos. La noche en la que dejó moretones en mi cuerpo que demoraron días en salir.
La miré otra vez , sus ojos verdes estaban inexpresivos, sin embargo supe que me entendía, ella realmente se preocupaba por mi. Caí al suelo de rodillas, y coloqué ambas manos en mi rostro.
El dolor de la nieve sobre mis piernas fue lo que más me hizo llorar, pero sin embargo el dolor de cabeza, los escalofríos y la confusión de mi mente me estaban jodiendo de una manera increíble. Solté un suspiro, y luego de un hormigueo espantoso, y las manos de Viana junto con su preocupada mirada me hablaban, todo se volvió completamente negro.
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CRUEL
AksiCuando hablamos de la crueldad de las personas, hay algo que se nos escapa. ¿Qué fue de aquellos que la crueldad fue lo único que se les entregó? ¿Qué fue de aquellos que no conocieron el amor? El infierno está sin su rey. Cameron esta aquí. ©Prohib...
