Capítulo veintiséis

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Cameron comenzó a golpear la pared al lado de mi cabeza. Y no fue una, fueron muchísimas veces, todo se estaba saliendo de control demasiado rápido.

Una parte de mi quería que alguien por arte de magia o de buena suerte, apareciera y me salvara de él.

La otra, quería quedarse a ayudarlo y entenderlo. Saber qué es lo que le ha sucedido, por qué está tan destrozado.

—¡Detente, Detente Cameron!—le grité, saliendo de sus manos y colocándome detrás de él, no queriendo que se causara más daño. Intenté frenarlo, pero parecía haberse vuelto un loco.

No paraba, el miedo irracional me tomó por sorpresa y me quedé en estado de shock sin saber qué demonios hacer para que él no continuara. Sus manos estaban manchadas de sangre y no se detenía.

Se estaba lastimando, y me dolía más a mi que a él.

Su mano sangraba horriblemente, la pared manchada de su sangre y su ataque de ira me estaban dejando petrificada, no sabía que era lo que debía hacer.

Lo tomé por detrás, pero esto solo causó que mi cuerpo cayera al suelo, parecía poseído, sólo golpeaba y destruía. Como si un millón de imágenes se estuviera pasando por su cabeza. Como si estuviese en un tipo de sangre.

Su rostro estaba rojo de rabia, sus ojos no parecían ser suyos, y su cuerpo no dejaba de destrozarlo todo.

Me sentía fatal, culpable y totalmente responsable de este ataque de rabia que tenía. Estaba rompiendo todo a su paso.

Y cuando no quedó nada, sólo estaba yo.

Ahí estaba, sin saber qué hacer, faltando quizás segundos para el estreno y no pudiendo escapar de las garras de Cameron. Comencé a llorar, no sabía como detenerlo y odiaba que se estuviese haciendo daño.

—¡Para, maldición detente!—le grité cuando sus pies comenzaron a dar patadas a todo lo que se encontrara, había destrozado una mesa de puzzles por completo.

Estaba aterrorizada, jamás había presenciado un ataque de rabia así, supe que no era normal y que era tremendamente peligroso que me quedara.

Mi cabeza gritó «CORRE»

Mi intuición gritó «VETE YA»

Mi inteligencia me gritó «SAL POR ESA PUERTA AHORA»

Pero al verlo destrozado quizás por qué situación, o por el peso de mis palabras hacía el no me permitía. Mi corazón me pedía a gritos que me quedara, que me mantuviera con él hasta que sanara, que intentara sanarlo.

—¡Cameron, Cameron mírame!—le grité, tomando su rostro en mis manos.
Parecía un cachorro perdido, parecía una persona al borde del abismo. Su respiración iba rápida y pude observar lo aguados que estaban sus ojos—. Por favor—le dije, sollozando—, no te hagas más daño.

—¡No me toques!—habló duramente.

Fueron como no una, mil punzadas justo en el corazón. Se me estaba cayendo pedazos el mundo desde que lo había conocido. Desde que el estaba en mi vida, definitivamente nada había sido igual.

Pero no me arrepentía, nada en este mundo, ni las peleas, ni sus ataques, ni sus cambios de personalidad me espantarían. Nada haría que yo hubiese deseado no conocerlo.

CRUELHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora