Capítulo cuarenta y uno.

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Cameron

Zúrich era una ciudad que se encontraba dentro de Suiza, y estaba considerada una de las ciudades más caras del mundo, este era mi hogar.

Aquí había crecido, aquí había pasado de ser un niño con unos problemas de actitud a alguien que realmente no se preocupaba por nada ni por nadie, alguien a que el más mínimo interés sentimental le provocaba asco, alguien que fue herido, golpeado, humillado y marcado para siempre.

En esta ciudad había ocurrido todo, en esta ciudad me habían marcado, y en esta ciudad la había conocido a ella.

Antes de ella, simplemente no sabía a dónde iba, hacia dónde me dirigía ni mucho menos qué esperar de la vida, antes de ella todo era diferente, todo de alguna era más gris, más horrible y más inhumano

Antes de ella no había conocido la necesidad de sentir a un ser humano cerca, tampoco había conocido los celos ni la preocupación por alguien que no fuera yo.

Antes de ella, todo era negro.

Y ahora que no estaba conmigo, todo lo malo que había vivido y todo lo malo que había hecho recaía sobre mi como un balde de agua fría.

Bajé de mi camioneta, no solía usarla a excepción de casos como este, la matrícula era falsa y pasaba muy desapercibido.

Tragué fuerte, aun no podía creer que el hombre causante de todos mis problemas estuviera vivo, mucho menos que tuviera a Leah con él, realmente todo comenzaba a ir mal.

Sentía el aire frío de Zurich, me apoyé sobre el capó de la camioneta y esperé, Leonardo estaría por llegar.

Cerré los ojos y traté de no recordar todos los horrores que ese hombre me había hecho pasar, pero fue imposible. La herida se abría, la podía sentir.

Era como si las trece cicatrices comenzaran a sangrar otra vez, dándole paso únicamente al dolor.

Podía recordar mi propios gritos de ayuda, podía sentir las heridas en este momento. Era como si hubiese sido hace algunos minutos y no hubieran pasado más de diez años, era como si acababa de ocurrir.

Había tenido todo este tiempo el sentimiento oculto, no quería que nadie viera esa faceta de mi que odiaba tanto, esa faceta humana que Leah trató tanto de encontrar, y le había permitido hacerlo.

Cerré los ojos y golpeé el espejo de la camioneta con fuerza, millones de recuerdos con ella vinieron a mi cabeza, ¿Por qué me preocupaba tanto por ella?

Estaba seguro de la respuesta, pero me daba terror, pánico, decir la respuesta en voz alta.
Porque al decirla, se convertiría en mi verdad, y sabía que al pronunciar esas dos palabras que ella ya me había dicho, caería totalmente. Volvería a ser débil otra vez.

Un auto blanco se posicionó delante del mío y supe de inmediato que trataba de Leonardo. Bajó la ventanilla y me reveló su rostro, traía lentes de sol y una camiseta negra.

—Tanto tiempo, Leonardo—le dije desde mi sitio, él y yo sabíamos que no era necesario el sentimentalismo. Ambos estábamos hechos de lo mismo.

—Pareciera toda una vida—dijo riendo, a la vez que sacaba su mano del auto—. Pásame la fotografía—murmuró. Parecía confundido cuando la agarró y examinó quién estaba en ella—. Es... es imposible.

CRUELHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora