Capítulo cuarenta y cinco.

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Ya no podía tolerarlo, había ido hasta el maldito infierno por él y no había ningún tipo de agradecimiento de su parte, sólo estúpidas palabras que me hacía darme más y más cuenta de lo lejos que estábamos él y yo en congeniar en algo.

Sus acciones eran muy lejanas a lo que su boca decía y yo no podía aguantar más sus caricias de noche y su indiferencia del día, tenía sentimientos, tenía corazón, pero definitivamente lo que ya parecía no tener es paciencia. Y él era realmente estúpido si creía que después de todo o que estaba sucediendo volvería a aceptar hacer un trato con él.

El diablo me pudo haber engañado dos veces, pero definitivamente no me engañaría tres.

—Eres un imbécil—le dije, sincera

Cameron exhaló con fuerza, como si se estuviese controlando de hacer muchas cosas en este minuto.

—Dices que me amas, ¡No?—preguntó, agarrándome por el brazo y dándome la vuelta—, entonces, ¿Por qué diablos quieres cambiarme?

—¿De qué estás hablando? Yo no quiero cambiarte.

—Si, Leah, sí quieres hacerlo. Te enamoraste de esto—dijo, apuntándose a sí mismo—, entonces, ¿Cuál es tu maldito problema? ¿Por qué quieres cambiarme y hacer de mi un marica que esté todo el día adulándote y diciéndote que no puede vivir sin ti?

Sollocé. Realmente él tenía razón, pero yo tenía mi punto. Necesitaba más, no podía conformarme con eso.

—Necesito más que esto—le dije, señalándonos. La expresión de Cameron era fría, dura. Como siempre lo sería.

—No puedo darte más, he hecho todo para que... ¡Diablos! Estás jodiéndolo todo.

—No, Cameron, Soy realista, y el que lo jodió todo eres tú. ¡Mi madre cree que estamos juntos, todo el mundo lo cree!—grité, alzando los brazos—. Y yo no sé que responder ante eso porque tu jamás me has dicho algo con respecto a nosotros, no sé que sientes, no sé qué piensas, no sé nada—le dije, exasperada y queriéndolo mandar al demonio.

—Me haces débil, y ese es mi mayor problema.

—Yo no te hago débil. Eso es algo que está en tu cabeza, si crees que vivir algo tan lindo como el amor es para gente débil, estás más jodido de lo que creí. Estoy harta de tener que estar detrás de ti todo el tiempo, te dije que te amaba y entiendo que no estés preparado para decirme lo mismo pero... si no lo sientes, por favor, sólo déjame ir. No me mantengas a tu lado sólo por ser un imbécil egoísta.

No tenía idea de qué estaba haciendo, lo único que quería en este momento era refugiarme en los brazos de Cameron y nunca salir de ellos, pero no podía seguir soportando este situación y conformarme con migajas de amor.

—Me haces débil, Leah—susurró—, todo le mundo lo ha visto, Michael te secuestró porque sabe que me importas, Leonardo me ha dicho que jamás me ha visto de esta forma con alguien, y la verdad es que tiene razón, eres una piedra en el zapato—dijo, mirándome a los ojos—, eres mi piedra en el zapato.

—Ya no puedo seguir sufriendo, me está matando. Me estás destrozando el corazón.

Cameron asintió.

—Flores por la tarde y un desayuno en pareja es algo que jamás, pero jamás tendrás conmigo—comenzó, y mis ojos no tardaron en aguarse— y no me disculparé por ser como soy.

—No estoy pidiendo que lo hagas—susurré. Ambos sabíamos que se acercaba el fin de algo importante.

Y estaba a dispuesta a irme cuando el contrato acabara, a largarme de aquí y desaparecer de la faz de la tierra. A menos que él me detuviera.

CRUELHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora