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Doce días
P

arte II


Shelson en el bosque delante de Chris y, apartando las largas hojas de arce que, como garras, pendían entre las secuoyas, se detuvo bajo un helecho gigante.

—Si encontramos y atrapamos una Anunciadora y logramos vislumbrar algo , ¿qué posibilidades crees que tenemos de que pueda revelarnos algo sobre mí y sobre Zabdiel? ¿Y si solo damos con otra escena horripilante de la Biblia como la que vimos en clase?

Shelson negó con la cabeza.

—Sobre Zabdiel no lo sé. Pero si logramos invocar a una Anunciadora y luego vislumbrarla, tendrá relación contigo. Al parecer, son específicas del que la sin voca... aunque uno no siempre esté interesado en lo que tienen que decirle. Es como recibir spam entre mensajes electrónicos importantes: el mensaje siempre va dirigido a ti.

—¿Cómo es posible que sean específicas del que las invoca? ¿Acaso eso significa que Francesca y Steven estuvieron presentes en la destrucción de Sodoma y Gomorra?

—Bueno, así es. Llevan aquí desde siempre. Se dice que sus currículums son impresionantes. —Shelson dirigió una mirada extraña a Chris—. A ver si dejas de poner los ojos en blanco y piensas un poco. ¿Cómo si no habrían conseguido su trabajo en la Escuela de la Costa?

Una forma oscura y resbaladiza se deslizó hacia ellos: la envoltura pesada de una Anunciadora se estiraba perezosamente entre las sombras alargadas de una rama de secuoya.

—Ahí —indicó Chris sin pérdida de tiempo.

Se encaramó a continuación a una rama baja que se extendía detrás de Shelson. Tuvo que aguantarse con un solo pie e inclinarse por completo hacia la izquierda, pudiendo solo así rozar la Anunciadora con las yemas de los dedos.

—No llego—Shelson entonces cogió una piña y la arrojó al centro de la sombra.

—¡Para! —susurró Chris—. La vas a fastidiar.

—Lo único que fastidia es que seas tan timorato. Extiende la mano. 

Chris hizo lo que le decía con un mohín.

Observó entonces cómo la piña rebotaba en el lado expuesto de la sombra; a continuación, oyó el sonido suave y sibilante que normalmente lo aterrorizabo. Un lado de la sombra se desprendió de la rama, deslizándose muy suavemente.Luego se soltó y fue a parar al brazo extendido y tembloroso de Chris, que agarró los bordes con los dedos. Chris bajó de un salto de la rama sobre la que estaba y se acercó a Shelson con la ofrenda fría y viscosa en las manos.

—Trae —dijo Shelson—. Yo cogeré una mitad y tú la otra, igual que en clase.¡Puaj! Es viscosa. Está bien, ahora suelta. No se irá a ninguna parte, deja simplemente que se enfríe y tome forma.

Pasó un largo rato hasta que la sombra hizo algo. Notó una energía inexplicable en la punta de los dedos. Antes de apreciar alguna diferenciade forma en la Anunciadora, percibió un movimiento leve y continuo.Entonces se produjo un zumbido: la sombra se contrajo y se replegó de nuevo en su oscuridad. Al poco había adoptado el tamaño y la forma de una caja grande y se mantenía suspendida justo encima de las yemas de sus dedos.

—¿Has visto eso? —preguntó asombrado Shelson, cuya voz apenas se oía por encima del zumbido de la sombra—. Mira el centro.

Igual que había ocurrido en clase, fue como si un velo oscuro se retirara de la Anunciadora y dejara ver un estallido asombroso de color. Chris se protegió los ojos mientras contemplaba cómo la luz brillante se acomodaba en la pantalla formada por la sombra y mostraba una imagen nebulosa y desenfocada. 

Luego,al fin, empezaron a apreciarse formas diferenciadas en colores apagados. Se veía una sala de estar. Había una televisión vieja panelada en madera que emitía una reposición de Mork and Mindy sin volumen. Chris vio oscilar la puerta de lo que parecía ser la cocina. Entró una mujer mucho mayor que la abuela de Chris cuando murió; sujetaba una bandeja con fruta cortada. Llevaba un vestido rosa y blanco, zapatillas de tenis y unas gafas gruesas que le colgaban en un cordón por el cuello.

—¿Quién es esa gente? —se preguntó Chris en voz alta.Cuando la anciana dejó la bandeja sobre la mesita, una mano manchada asomó en la butaca y cogió un trozo de plátano.

Chris se inclinó para ver mejor, y el centro de la imagen cambió. Era como si la imagen estuviera en 3D. Chris todavía no había advertido la presencia del anciano de la butaca reclinable. Era una persona frágil, con escasos mechones de pelo blanco y manchas de edad en la frente. Movía la boca, pero Chris no lograba oír nada. Una serie de fotografías enmarcadas ocupaba toda la repisa de la chimenea. Mientras el se limitaba a observar esas fotografías con asombro, la Anunciadora centró la imagen en ellas. Chris sintió una especie de latigazo, y tuvo un primer plano de una de las fotografías enmarcadas. Era un marco fino chapado en oro que se encontraba cerca de un plato de cristal de color; la fotografía pequeña del interior tenía los bordes finamente festoneados en torno a una imagen en blanco y negro algo amarillenta. En ella se veían dos caras: la suya y la de Zabdiel.

Chris, conteniendo el aliento, escrutó su propia imagen. Parecía apenas un poco más joven que ahora. La Anunciadora empezó a vibrar y temblar, y la imagen de su interior comenzó a parpadear hasta desaparecer.

—Oh, no... —exclamó Chris dispuesto a meterse dentro. Todo cuanto logró fue tocar con los hombros el borde de la Anunciadora. Una sensación gélida y amarga la empujó hacia atrás, dejándole en la piel una sensación húmeda. Notó una mano en la muñeca.

—Nada de locuras —la advirtió Shelson

Era demasiado tarde.La pantalla se ensombreció, y la Anunciadora se desplomó en el suelo del bosque, resquebrajándose en pedazos como un cristal roto. Chris reprimió un gimoteo. Era como si una parte de el hubiera muerto.

Shelson se tumbó a su lado.

—¿Estás bien?

—Estoy tan confuso. Esa gente... —Chris se apretó las manos en la frente—.No tengo ni idea de quiénes son.

Shelson se aclaró la garganta y lo miró incómodo.

—¿No te parece que... que tal vez los conocías? Hace tiempo. Tal vez eran tus...

Chris esperó a que terminara.

—¿Mis qué?

—¿De verdad que no se te ha ocurrido que tal vez esa gente fueran tus padres en otra vida? ¿Que ese es su aspecto actual?

Chris abrió la boca con asombro.

—No. Un momento. ¿Quieres decir... que he tenido padres distintos en cada una de mis vidas pasadas? Yo creía que Harry y Doreen... habían estado siempre conmigo.

De pronto se acordó de que Zabdiel le había dicho que su madre en una vida pasada hervía mal la col. En ese momento no le había dado mayor importancia,pero de pronto cobró sentido. Doreen era una cocinera extraordinaria. Todo el mundo al este de Georgia lo sabía. Lo que significaba que Shelson tenía razón. 

Era probable que Chris tuviera toda una serie de familias que el no recordaba en absoluto.











[ El poder de las Sombras ]▪︎ChrisdielHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora