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Richard estaba en lo cierto. Con la noticia de él fuera llegando a los escalafones celestiales más bajos, sus enemigo se doblaran. La señorita sofia y su cohorte, los veninticuatro Ancianos de Zhsmaelin, seguían en caza de Chris. Esa misma mañana Zabdiel había vislumbrado a los Ancianos en las sombra arrojadas por las Anunciadores, y habia visto otra cosa más, otro tipo de oscuridad más siniestra qué a primera vista no había sabido reconocer.

Un rayo de luz atravezo la nube, Zabdiel vio de reojo algo brillante, en el suelo, se giró, arrodillo y recogió una flecha solitaria qué se había quedado hundida en la arena mojada. Era más fina de lo habitual, de color plata mate y estaba adornada con grabados circulares, era cálida al tacto.

Zabdiel contuvo el aliento, hace mucho qué no veía una flecha estelar.

Los dedos le temblaban cuándo la sacó de la arena con cuidado, procurando no tocar su extremo afilado y letal.

Ahora sabía de donde provenía aquella oscuridad de la Anunciadora de la mañana. Esa noticia era incluso más siniestra, se volvió hacia Richard con la flecha, ligera como una pluma, balaceándose en su mano.

—Ese depredador no actuaba solo.

Richard se tensó al ver la flecha.

—Dejar atrás una arma tan valiosa...sin duda ese proscrito tenía qué tener mucha prisa por marcharse.

Los proscritos una secta de ángeles invertebrados, veleidosos, rechazados tanto en el Cielo como en el Infieno. Su único poder resedia en Azazel, el ángel aislado, unos de los pocos forjadores de estrellas qué aún sabían como crear flechas estelares, arojadas con su arco de plata, una flecha estelar apenas provocada un moretón en un mortal. En cambio los ángeles y demonios, aquella era la arma más letal de todas.

Todo el mundo quería tenerla, pero nadie estaría dispuesto a asociarse con los Proscritos; esto significaba una cosa, qué al tipo que Zabdiel había matado era un sicario enviado por los Ancianos, sino un intermediario. El proscrito, el verdadero enemigo, se había desvanecido, seguramente en cuanto  vio a Zabdiel y a Richard.

Zabdiel se estremeció.

No eran buenas noticias.

—Hemos matado a la persona equivocada.

—¿Equivocada?—Richard lo ignoro—¿Acaso el mundo no está mejor con un depredador menos? ¿Y Chris tampoco?—Miro a Zabdiel y luego al mar— El único problema....

—Son los Proscritos....

Richard asistió.

—Ahora ellos también lo quieren.

Zabdio notó qué las puntas de la alas se le erizaba debajo del jersey de cachemira y del abrigo grueso que llevaba, provócano un picazón intensa qué le hizo estremecer.

—Tenemos qué esconderlo en un lugar seguro—Digo rápidamente— Hay una escuela en el norte, cerca de Fort Bragg....

—La Escuela de la Costa, mi bando también ha sopesado esa posibilidad. Y lo más importante, estará protegido.

La Escuela de la Costa podía proporcionar, pronto correría la voz de qué Chris se ocultaba allí, pero por lo menos durante un tiempo. En el interior, Francesca, el ángel mas cercano Gabbe, cuidaria de Chris.

En el exterior el y Richard estarían de cazería y matarían a todo aquel qué osase acercarse a los límites de la escuela.

—Puedo empezar mañana mismo o siempre y cuando...tú estes de acuerdo.

Zabdiel solo queda pensando.

—Venga, Zabdiel—Dijo Richard— Los dos sabemos lo qué necesita, lo matriculamos ...y lo dejamos tranquilo, no podemos hacer nada par acelerar está parte, solo dejarlo sólo.

—No puedo abandonarlo tanto tiempo.

—Asi qué no le has dicho.

Zabdiel queda inmóvil.

—No puedo decirle nada, lo podríamos perder.

—Tú podrías perderlo—Corrigio Richard.

—Ya sabes qué quiero decir—se tensa otra vez— Es demasiado arriesgado suponer qué el lo aceptará todo sin....

Cierra lo ojos recordando aquella llamarada de color rojo intenso.

Si le contaba la verdad, lo mataría y desaparecería definitivamente, y él sería él responsable. Zabdiel no podía hacer nada, no podía existir sin él.

Mejor piensa el protegerlo un tiempo más.

—¡Que bien te viene esto!—Musitó Richard— Esperó qué no lo defraudes.

—¿De verdad crees qué el podrá estudiar en esa escuela sin distracciones?

—Si—Respondio Richard lentamente— Siempre y cuándo no tenga distracciones externas, es decir, sin Zabdiel, sin Richard.

¿No verlo en dieciocho días? Zabdiel no podía imaginarse sin él, acaban de encontrarse en esta vida y por fin tenia la ocasión de estar juntos.

Pero como siempre, si le explicaba los detalles lo podría matar.

La verdad oculta, y en concreto, lo qué Chris pensaría de ello, le aterraba a Zabdiel. Sin embargo el modo de liberarse de aquel ciclo horrible era qué Chris lo descubriera todo por su cuenta.

Por eso su experiencia en la Escuela será crucial.

—Dejame llevarlo a la Escuela de la Costa—dijo, Zabdiel, sabiendo qué sería la última ocasión de verlo

Richard lo mira de forma extraña, preguntandose a sí mismo si acceder.

—De acuerdo, pero a cambio de la flecha estelar.

Zabdiel le entrega la arma y Richard la mete en su abrigo.

—Llévalo a la escuela y después búscame ¡No los fastidies! Estaré vigilando.

—¿Y luego?

—Tu y yo tenemos que ir de caza.

Zabdiel asintió y desplegó sus alas saboreando el placer qué aquel gesto le povocaba el viento en todo el cuerpo.

Deja qué sus alas lo llevarán a un lugar donde podía ser el mismo.

Con Chris.

Y con la mentira qué tendría qué vivir un tiempo más.

[ El poder de las Sombras ]▪︎ChrisdielHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora