32

10 1 0
                                        

Nueve días
P

arte I


Una serie repetida de chasquidos y golpes metálicos interrumpían el canto de las águilas pescadoras. Un prolongado y sonoro sonido de metal contra metal, y el ruido de una fina hoja de plata al rebotar en la cazoleta del oponente.

Francesca y Steven luchaban.

Bueno, no; en realidad practicaban esgrima. Estaban haciendo una demostración para sus alumnos antes de que se enfrentaran en combate.

—Saber cómo blandir una espada, tanto si se trata de un florete de poco peso como estos de hoy como de algo tan peligroso como un sable corto, es una habilidad muy valiosa —dijo Steven con voz grave rasgando el aire con la punta de su arma efectuando movimientos breves, como si estuviera utilizando un látigo—. Los ejércitos del Cielo y del Infierno pocas veces se enzarzan en combates,pero cuando lo hacen... —Sin mirar, desplomó bruscamente su arma a un lado en dirección a Francesca, y ella, también sin mirar, alzó la espada y detuvo el golpe—. Siguen ajenos a la artillería moderna. Las dagas, los arcos y las flechas,las enormes espadas ardientes... esas son nuestras armas eternas.

El combate que tuvo lugar a continuación solo era de exhibición, una mera lección. Francesca y Steven ni siquiera llevaban las máscaras.

Era ya la última hora de la mañana del miércoles, y Chris estaba sentado entre Jasmine y Miles en el amplio banco de la terraza. Toda la clase, incluidos los profesores, se habían cambiado de ropa e iban ataviados con la vestimenta blanca habitual de los practicantes de esgrima. 

La mitad de la clase sostenían en la mano unas máscaras negras con rejilla. Chris había llegado al armario de material para coger una justo después de que alguien se llevara la última, pero eso no le había preocupado en absoluto. Confiaba en poder zafarse de la vergüenza de demostrar frente a toda la clase su ineptitud: por el modo en que los demás manejaban las armas en la terraza era evidente que lo habían hecho antes.

—La idea es ofrecer al adversario el menor blanco posible —explicó Francesca al corro de estudiantes que tenía alrededor—. Así que hay que desplazar el peso sobre un pie y avanzar con el pie de la espada. Y, luego,balancearse atrás y adelante hasta penetrar en la línea de tiro y retroceder.

De pronto ella y Steven se lanzaron a una carga de embestidas y paradas, provocando un repiqueteo intenso al repeler de forma ágil los embates de cada uno. Francesca descargó un golpe oblicuo a la izquierda y entonces él atacó hacia delante; ella se balanceó hacia atrás, de modo que alzó rápidamente la espada y la giró y la posó en la muñeca de él.

Touché! —exclamó ella riéndose. 

Steven se volvió hacia la clase.

Touché en francés significa « tocado» . En esgrima los puntos se cuentan por toques.

—De haber luchado de verdad —siguió Francesca—, me temo que ahora la mano de Steven yacería en el suelo ensangrentada. Lo siento, cariño.

—Está bien —dijo él—. Está bien.

Entonces arremetió contra ella de lado y fue casi como si se separara del suelo. En el estrépito que siguió, Chris perdió de vista la espada de Steven mientras atravesaba el aire una y otra vez, hasta casi cortar a Francesca, la cuallo esquivó de forma lateral a tiempo y apareció detrás de él. Pero él la esperaba y le apartó el arma antes de desplomar la punta de su espada contra el empeine de la mujer.

—Me temo, querida, que te has levantado con mal pie.

—Eso ya se verá.

Francesca levantó una mano y se arregló el pelo. Los dos se miraban confuria. Cada ronda de combate violento provocaba la alarma en Chris. El estaba acostumbrado a sentirse inquieto, pero curiosamente el resto de la clase también estaban nerviosos. 

Si el resto de la clase fuese apenas una décima parte de hábiles que Francesca y Steven, al final de la clase Chris sin duda quedaría reducido a un montón de extremidades cercenadas. Sus profesores eran claramente unos expertos, y rechazaban y lanzaban embestidas con agilidad. La luz del sol se reflejaba en sus espadas y en su vestimenta acolchada de color blanco. Las ondas espesas y rubias del cabello de Francesca caían en cascada formando un halo precioso sobre sus hombros al girar hacia Steven. Sus pies dibujaban unos pasos tan bellos y elegantes en el suelo que el combate parecía una danza.

Con cada choque de espadas empezaron a saltar chispas. ¿Chispas de amor o de odio? En algunos momentos, casi parecían ambas cosas.

Y aquello inquietó a Chris. Se suponía que el amor y el odio debían ocupar espacios claramente opuestos en el espectro. La distinción resultaba tan clara como... bueno, como la que en otros tiempos le había parecido que existía entre ángeles y demonios. Pero eso ya no era así. Observó a sus profesores con reverencia y temor, mientras en su mente se abría paso el recuerdo de la disputa de la noche anterior con Zabdiel. Los sentimientos de amor y de odio.

Entonces se oyó una ovación de sus compañeros de clase. A Chris le parecía que apenas había apartado la vista, y sin embargo no lo había visto. La punta de la espada de Francesca había tocado el pecho de Steven. Cerca del corazón. Ella apretaba su fina arma contra él hasta casi arquearla. Los dos permanecieron en silencio durante un instante mirándose fijamente.

—Justo al corazón —dijo Steven.

—Como si tuvieras corazón —musitó Francesca.

Por un momento los dos parecieron ajenos al hecho de que la terraza estaba llena de alumnos.

—Una victoria más para Francesca —declaró Jasmine. Volvió la cabeza hacia Chris y bajó la voz—: Pertenece a una larga saga de ganadores. ¿Steven?No tanto.











[ El poder de las Sombras ]▪︎ChrisdielHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora