45

10 1 0
                                        

Cinco días
Parte III

Chris contuvo el aliento hasta que la sombra se desplomó en el suelo formando un montón de cenizas. Al otro lado de la habitación, el estor que Chris había bajado antes se abrió con una sacudida. Chris y Shelson se miraron inquietas y vieron cómo una ráfaga de viento atrapaba a la Anunciadora, la levantaba y se la llevaba por la ventana.

Chris asió con fuerza a Shelson de la muñeca.

—Tú que te fijas en todo, ¿quién era el que estaba con Zabdiel? ¿El que estaba agachado sobre ese... —se estremeció— hombre?

—Por Dios, Chris, no lo sé. Me distraje con el cadáver, por no hablar de la rama ensangrentada que tenía agarrada tu novio. —El intento de Shelson por parecer sarcástico quedó amortiguado por el terror que denotaba su voz—. Así que... ¿él lo mató? —preguntó a Chris—. ¿Zabdiel mató a esa persona, quien quiera que fuera?

—No lo sé. —Chris hizo una mueca de disgusto—. No lo digas de ese modo. Tal vez tiene una explicación lógica...

—¿Qué piensas de lo que ha dicho al final? —preguntó Shelson—. He visto que movía los labios, pero no he podido entenderlo. Es algo que odio en las Anunciadoras.

« Date prisa. Estás perdiendo el tiempo. La marea está bajando» .¿Shelson no lo había oído? ¿No se había dado cuenta de lo insensible y despiadado que Zabdiel había parecido?

Entonces Chris cayó en la cuenta de que no hacía mucho que el tampoco podía escuchar a las Anunciadoras. Antes, los ruidos que las acompañaban eran solo eso, ruidos: crujidos y zumbidos espesos y húmedos por las copas de los árboles.

Había sido Steven el que le había explicado cómo escuchar las voces que contenían. En cierto modo, Chris deseó que no lo hubiera hecho.Tenía que haber más en ese mensaje.

—Tengo que vislumbrarlo de nuevo —dijo Chris acercándose a la ventana abierta, pero Shelson lo retuvo.

—¡Ah, no! ¡No lo harás! A estas alturas, la Anunciadora podría estar en cualquier sitio y tú estás castigado en tu cuarto, ¿recuerdas? —Shelson obligó a Chris a sentarse de nuevo en la silla de su escritorio—. Te vas a quedar aquí quieto mientras yo bajo al despacho de Kramer para recuperar mi pavo. Y luego los dos vamos a olvidarnos de que esto ha ocurrido. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

—Perfecto. Volveré en cinco minutos, así que no te me escapes.

Pero en cuanto se hubo cerrado la puerta, Chris ya había salido por la ventana y se había encaramado a la parte plana de la cornisa en la que el y Zabdiel habían estado sentados la noche anterior.

Era imposible borrar de su mente lo que acababa de ver, aunque eso la metiera en más problemas y tuviera que ver algo que no le gustara.

La última hora de la mañana se había vuelto ventosa, y Chris tuvo que inclinarse y sostenerse en los postigos de madera inclinados para guardar el equilibrio. Tenía las manos frías y sentía el corazón entumecido. Cerró los ojos.Cada vez que intentaba invocar a una Anunciadora, se acordaba de la poca formación que tenía para hacerlo.

Siempre había tenido suerte, si bien era dudoso considerarse afortunado tras ver cómo tu novio se queda mirando a alguien a quien acaba de matar.

Una caricia húmeda le recorrió los brazos. ¿Sería la sombra marrón, esa cosa horrible que le había mostrado algo más horrible aún? Abrió los ojos.En efecto, lo era. Se le había encaramado a los hombros como si fuera una serpiente. Se la quitó de encima y la sostuvo ante ella, intentando darle la forma de una pelota.

La Anunciadora le rehuía el tacto, y retrocedía en el aire, fuera de su alcance, manteniéndose más allá del extremo del tejado.Bajó la vista a los dos pisos que la separaban del suelo. Una hilera de alumnos abandonaban el edificio de la residencia para dirigirse a la cantina para el desayuno: una corriente abigarrada de gente que atravesaba el césped de intenso color verde.

Chris se tambaleó. El vértigo la venció y se dejó caer hacia delante.Pero entonces la sombra se apresuró como un jugador de fútbol y la derribó de espaldas de nuevo contra el tejado inclinado. Chris se quedó clavado contra las tablas de madera jadeando mientras la Anunciadora se volvía a abrir.

El velo de humo se desvaneció y se mostró iluminado.

Chris regresó con Zabdiel y la rama ensangrentada. Volvió a los graznidos de las gaviotas que volaban en círculo en lo alto y al hedor a espuma putrefacta de la costa, a la visión de las olas gélidas rompiendo contra la playa. Y de nuevo también a los dos personajes del suelo.

El cadáver estaba atado. El vivo estaba de pie frente a Zabdiel.

Era Richard.

No. Eso tenía que ser un error.

Ellos se odiaban.

Iban de una pelea a otra.

Chris podía aceptar que Zabdiel ejecutara actos siniestros para protegerlo de la gente que le iba a la zaga. Pero ¿qué cosa tan terrible podía llevarle a echar mano de Richard? ¿A colaborar con Richard, que tanto disfrutaba matando?

Estaban enzarzados en una discusión acalorada, pero Chris no podía entender las palabras. No oía nada por culpa del reloj de la cantina, que acababa de dar las once. Aguzó el oído y esperó a que las campanadas cesaran.

—Déjame llevarlo a la Escuela de la Costa —oyó que suplicaba Zabdiel.

Aquello tenía que haber ocurrido justo antes de que llegara a California. Pero¿por qué Zabdiel tenía que pedir permiso a Richard? A menos que...

—De acuerdo —decía Richard impertérrito—. Llévalo a la escuela y después búscame. ¡No lo fastidies! Estaré vigilando.

—¿Y luego? —Zabdiel parecía inquieto.

Richard escrutó a Zabdiel.

—Tú y yo tenemos trabajo.

—¡Oh, no! —gritó Chris golpeando la sombra con enfado.

Pero en el momento en que vio que había roto con las manos la superficie fría y resbaladiza lo lamentó. Se rompió en fragmentos que se acumularon formando un montón de cenizas a su lado.

Ahora no podría ver nada más. Intentó recopilar los fragmentos tal como había visto hacerlo a Miles, pero se agitaban sin reaccionar.

Tomó un puñado de aquellos restos y sollozó.

Steven había dicho que en ocasiones las Anunciadoras distorsionaban la realidad, como las sombras arrojadas contra la pared de la caverna, pero que siempre contenían algo de verdad. Chris percibía la verdad en esos fragmentos fríos y húmedos, incluso cuando los estrujó firmemente como intentando liberar todo su dolor.

Zabdiel y Richard no eran enemigos. Eran aliados.





—————————————————
OK AL PRINCIPIO SALE ESTE PARTE DE ZAB CON RICHARD, PARA ACLARAR SUS MENTES PARA ALGUNOS Q NO LEYERON LA PRIMERA TEMPORADA, ES QUE RICHARD Y ZABDIEL ERAN ENEMIGO EN LA PRIMERA, XQ RICHARD QUERIA SEPARA A CHRIS DE ZAB XQ SABIA SU FINAL CON EL, PERO CHRIS SE QUEDO CON ZAB, OBVIO, Y RICHARD ENFURECIO QUE HUBO UNA GUERRA, PERO ESA PARTE NO LA ESCRIBI XQ EN EL LIBRO DE LA SAGA ES LARGA, CONTINUANDO , CHRIS SABIA QUE RICHARD LO LASTIMARIA, PERO JAMAS SE CRUZO POR LA MENTE QUE ZABDIEL Y RICHARD ESTARIAN JUNTOS, OK, MAS ADELANTE SABRAN EL MOTIVO, XQ ESTO ES MUCHA LECTURA.

EN FIN PORQUE A MI ME GUSTA DE ESA MANERA.
Ⓜ🌻

[ El poder de las Sombras ]▪︎ChrisdielHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora