Doce días
P
arte III
—Esto es... es...
—Una confusión absoluta —terminó Shelson—. Lo sé. Si lo miras desde el punto de vista positivo, si pudieras echar un vistazo a todas tus familias pasadas y vieras los problemas que tuviste con los cientos de madres antes de esta,posiblemente te ahorrarías mucho dinero en terapia.
Chris hundió la cara en las manos.
—Si es que necesitas terapia. —Shelson suspiró—. Lo siento, ¿quién está hablando de nuevo sobre sí mismo? —Levantó la mano derecha y luego la bajó lentamente—. Bueno, ya sabes que Shasta no está muy lejos de aquí.
—¿Qué es Shasta?
—El monte Shasta, de California. Está a unas pocas horas en esa dirección. —Shelson dirigió su pulgar en dirección norte.
—Pero las Anunciadoras solo muestran el pasado. ¿De qué serviría ir ahora allí? Seguramente están...
Shelson negó con la cabeza.
—El pasado es una palabra de significado amplio. Las Anunciadoras muestran tanto el pasado remoto como los hechos ocurridos apenas unos segundos atrás, así como todo cuanto queda entre medias. Vi un portátil en la mesa del rincón, así que es posible... bueno, ya sabes.
—Pero si no sabemos dónde viven...
—Puede que tú no. Pero yo he enfocado la vista en una carta y he visto la dirección. La he memorizado. 1291 Shasta Shire Circle. Apartamento 34. —Shelson se encogió de hombros—. Si quisieras visitarlos, podríamos ir y venir en coche en un día.
—Está bien —rezongó Chris. Tenía muchas ganas de hacer esa visita, pero no le parecía posible—. ¿Y en qué coche?
Shelson profirió una risotada falsamente siniestra.
—Solo había una cosa que no era patética en mi patético ex novio. —Metió la mano en el bolsillo de su sudadera y sacó un llavero largo—: Su fabuloso Mercedes, que justamente está aparcado aquí, en el aparcamiento para estudiantes. Y estás de suerte, porque me olvidé de devolverle la copia de la llave.
....
Se marcharon antes de que alguien pudiera detenerlos. Chris encontró un mapa en la guantera y dibujó con el dedo una línea hasta Shasta. Dio algunas indicaciones a Shelson, que conducía como alma que lleva el diablo, aunque el Mercedes granate no parecía protestar. Sin duda, Shelson pensaba en su antiguo novio. A Chris le hubiera gustado preguntar, pero su amigo ya había dejado muy claro que aquel tema estaba prohibido.
—¿Te vas a cambiar el peinado? —preguntó Chris al final, recordando lo que Shelson había dicho sobre cómo sobreponerse a las rupturas—. Si lo haces yo te podría ayudar.
Shelson hizo un mohín.
—Ese bicharraco ni siquiera se merece eso. —Tras una larga pausa añadió—: Pero gracias.
El viaje les llevó buena parte de la tarde, y Shelson se la pasó desahogándose, peleándose con la radio, buscando en el dial las cosas más raras. Chris se concentró en tranquilizarse mientras imaginaba cien encuentros distintos con aquellos padres. Intentó no pensar en lo que Zabdiel diría si supiera adónde se dirigía.
—Aquí está —indicó Shelson cuando una enorme montaña coronada de nieve apareció justo delante de la carretera—. Deberíamos llegar antes de la puesta de sol.
Chris no sabía cómo agradecer a Shelson que la hubiera acompañado hasta allí tan rápidamente. Shelson bajó los cristales del coche y dejó que entrara la fresca brisa del anochecer. Aquello alivió el estómago de Chris, donde se formaba un nudo ante la perspectiva detener que hablar con las personas que había visto en la Anunciadora.
—¿Qué se supone que he de decirles? « ¡Sorpresa! Soy vuestro hijo que regresa de la muerte» . —Chris ensayó en voz alta mientras aguardaban ante un semáforo.
—A menos que quieras aterrorizar por completo a una entrañable pareja de ancianos, tendremos que elaborar un plan —dijo Shelson—. ¿Por qué no finges ser un vendedor, así te podrás acercar a la puerta y tantearlos un poco?
Chris se miró los vaqueros, las zapatillas de tenis gastadas y su mochila de color morado. Su aspecto no era el de un comercial eficiente.
—¿Y qué se supone que vendo?
Shelson reanudó la marcha.
—Lavados de coche, o chorradas por el estilo. Puedes decirles que llevas unos vales en el bolso. Yo hice eso un verano yendo de casa en casa. Estuvieron apunto de dispararme.—Se estremeció y luego miró el rostro pálido de Chris—.¡Vamos, hombre! Mamá y papá no van a dispararte. ¡Oh, mira, ya hemos llegado!
—Shelson, ¿podemos quedarnos un momento sentados en silencio? Creo que necesito respirar.
—Lo siento. —Shelson entró en un gran aparcamiento que daba a un pequeño complejo de adosados de una sola planta—. Te dejaré respirar.
A pesar de su nerviosismo, Chris tuvo que admitir que se trataba de un lugar agradable y bonito. Había un edificio de entrada principal con varias sillas de ruedas en el exterior junto a las puertas. En un gran letrero se leía BIENVENIDOS A LA RESIDENCIA PARA JUBILADOS DEL CONDADO DE SHASTA. No sabía si sería capaz de pronunciar dos palabras ante esas personas. Quizá, se dijo, era de esas cosas a las que no hay que dar muchas vueltas. Tal vez solo tenía que acercarse, llamar a la puerta y luego improvisar lo siguiente.
—Apartamento 34. —Shelson forzó la vista hacia un edificio cuadrado de paredes enyesadas con tejado de tejas rojas—. Parece que está por aquí. Si quieres yo podría...
—¿Esperar en el coche a que regrese? Fabuloso. Muchas gracias. ¡No estaré mucho rato!
Antes de que Chris perdiera por completo los nervios, abrió la puerta del coche y salió a toda prisa hacia la acera sinuosa que llevaba al edificio. El aire era cálido y estaba impregnado de un intenso perfume a rosas. Por todas partes había entrañables ancianos: en varios equipos en la cancha de tejo cercana a la entrada; dando un paseo vespertino por un jardín primorosamente cuidado de flores junto a la piscina. Bajo aquella luz crepuscular, Chris forzó la vista para localizar a la pareja entre los grupos, pero nadie le pareció familiar. Tuvo que dirigirse directamente a su casa.Desde la acera que llevaba al bungalow, Chris vio luz vislumbrada en la ventana. Se acercó hasta poder ver mejor.Era asombroso: la misma estancia que había vislumbrado antes en la Anunciadora. Incluso el pequeño perro blanco y gordo dormido en la alfombra.Oyó cómo se fregaban los platos en la cocina y vio los finos tobillos, con calcetines marrones, de quien años atrás había sido su padre.No le parecía que fuera su padre, igual que tampoco la mujer tenía el aspecto de ser su madre. No es que tuvieran nada de malo. Parecían muy agradables.Unos perfectos y agradables... desconocidos.
Si llamaba a la puerta y se inventaba una historia sobre lavados de coche, ¿le resultarían menos desconocidos? No, decidió. Pero, además, aunque el no reconociera a sus padres, si ellos realmente lo eran la reconocerían a el .Se sintió estúpido por no haber pensado antes en ello. Con solo mirarla una vez sabrían si era su hijo. Sus padres eran mayores que la mayoría de la gente que había visto en la calle. El impacto podría ser demasiado para ellos. De hecho, ya resultaba chocante para Chris, no digamos para la pareja, que le llevaba unos setenta años.Para entonces, Chris apretaba la cara contra la ventana de la sala de estar,oculta detrás de un cactus con espinas. Tenía los dedos sucios por haberlos posado en el alféizar de la ventana. Si su hijo había muerto cuando tenía dieciséis años,seguramente llevaban cincuenta años llorándole. A esas alturas ya lo habrían superado. ¿O no? Lo último que necesitaban es que Chris se les apareciera inopinadamente detrás de un cactus.
Shelson se decepcionaría. El propio Chris también se sentía decepcionado. Fue doloroso percatarse de que eso sería todo lo cerca que podría estar de ellos. Agarrado del alféizar de la ventana de la casa de sus antiguos padres, Chris sintió que las lágrimas le rodaban por las mejillas. Ni siquiera sabía cómo se llamaban.
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Ok eso es todo, ahora esperar otra semana para subir más capítulos.
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[ El poder de las Sombras ]▪︎Chrisdiel
Romance"Nadie en el mundo podria apagar la llama del amor" Saga del libro [Fallen]__Segunda Parte
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