Ricardo. 6:49 am.
Aquel lunes por la mañana se levantó muy ansioso de salir, tenía un nudo en el estómago de eso no hay duda. Habían pasado dos años fuera de esto, bueno tal vez un poco más, su última misión había salido bien pero él deseaba probar en qué otra cosa podía ser bueno, por eso había dejado el trabajo de sus padres.
Ciertamente, desde niño su mayor ilusión era llegar a ser el director, pero, ahora, con el paso del tiempo, necesitaba encontrarse a sí mismo y, para esto, debía salir. Había tomado un descanso de eso y, aunque el negocio familiar era casi miembro de la familia, nadie le había dicho de volver hasta el momento que estipularon. Ricardo tenía que tomar una decisión y aquel día sería el inicio de esto.
Casi no durmió en toda la noche, le estaba dando muchas vueltas al asunto, pensaba en todos los años pasados y las cosas que había hecho. La mayor parte de estos eran momentos alegres, llenos de risas y buenos momentos... Pero entonces, le regresaban esos amargos recuerdos de insatisfacción y miedo. Esto último no lo había sentido nunca, le encantaba la adrenalina del momento y la acción, aunque, desde que casi pierde a sus mejores amigos y a su hermana... ¡Creo que ya me he explicado bastante bien!
Con todo esto en mente llegó al edificio. Estaba tal y como lo recordaba, cruzó la puerta con el corazón latiéndole a mil, tenía que ir a la oficina de registro para que le dieran un pase de visita (esto era algo nuevo para él) Caminó hacia la "colmena" como solía llamarle, el agente que le iba atender estaba de espaldas.
—Buen día. Disculpa ¿Aquí es donde debo de registrarme? — preguntó. El agente dio media vuelta, estaba revisando unos documentos en papel.
—Sí, deme un...— levantó la vista— ¡No me lo puedo creer! ¡Haz vuelto! —soltó un grito de alegría al reconocerlo.
— ¡Sebastián! — Saludó de la misma forma alegre — ¿Tú haciendo trabajo de oficina? — se sorprendió.
— Es temporal, — levantó los hombros — estamos digitalizando todos los documentos— se acercó más a Ricardo — ¡Al fin se les prendió el foco! ¿He? — le dio una palmada en el hombro.— ¿Hace cuanto que no te veía? Pero si estás idéntico.
— Quisiera decir lo mismo de ti, subiste como 20 kilos—le dijo en son de broma, la verdad sea dicha, los chicos se habían visto el día anterior en una reta de basquetbol. Sebastián saltó el mostrador y se ubicó frente de su amigo.
— Vamos, no me vengas con eso— sonrió —¿Vienes por lo de los reclutas? — le preguntó.
—Vengo a probar, solo eso —aclaró Ricardo.
—Aún no sabes lo que quieres hacer ¿verdad?
—Vine por mis padres, se cumplió el plazo establecido y no quiero que me echen en cara que no lo intenté.
—¿Estas seguro que es por eso? ¿No será por... ? — hizo una pausa, Ricardo sabía de quien hablaba.
—Deja ya eso. Tiene más de 5 años que no la veo, además vine aquí por otra cosa.
—Como digas — Sebastián miró por encima del hombro— Hola Fanny— saludó con la mano, Ricardo volteó inmediatamente sin siquiera pensarlo. Entonces su amigo se partió de la risa, Fanny no estaba allí, le habían jugado una broma. —Decías— se volvió a reír.
—Ya vale, fue buena — se le había subido el rojo en la cara pero lo quería disimular.
— Tenía que intentarlo— se controló. —Toma, tu pase de visitantes— le extendió un gafete con un circulo plateado en una esquina— La verdad, no sé para que quieren esto. Un día de estos causarán un serio problema ¿Sabes? Pero ¿Quién soy yo para dar mi humilde opinión?
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Nadie es quien dice ser.
ActionSi un día descubiertas que lo que conoces como tú realidad, tú pasado y tus vivencias no son exactamente de esa manera, ¿Cómo reaccionarías? Anny es feliz viviendo con su padre y pasándola bien con sus mejores amigos, ignorando un pasado oculto que...
