Epílogo

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Todo aquel que haya pasado por esta experiencia, sabe lo acertada que es la siguiente expresión: Para una boda, salen parientes hasta de las piedras.

Pues, al inicio, la lista empezó con los más "allegados", sin embargo, fue casi imposible que la noticia no se extendiera como bomba, y, sin pensarlo, creció la asistencia. Entonces, llegados a la fecha tan esperada, la ceremonia se celebraría en un lugar grande.

Todo se preparó sin problema, bueno, decir eso es solo por decir porque, para estos eventos siempre ocurren inconvenientes. Sin embargo, contrario a lo que varios pensaban, la novia se encontraba tranquila y serena, abierta a escuchar opiniones y cambiar detalles al notar que no se podrían obtener o eran más costosos.

El vestido se hizo por cortesía de la sastrería y boutique "Segundas oportunidades", donde Madame y el señor Serrano atendían con gusto. Ella misma, de echo, fue la que se encargó de diseñar y hacer el vestido para las damas.

Así, siendo la fecha tan esperada, viajaba en una camioneta color negro, la radiante novia, sus damas, Madame y el señor Serrano conducía. Una de las damas llevaba también a su invitada, la simpática chica miraba por la ventana ansiosa y gustosa de que la invitaron a tan especial evento.
Era el mes de noviembre, el frío invernal aún no era tan claro pero era tanto el calor y emoción del momento que a nadie le importaba la temperatura de fuera.

— ¿Estás nerviosa? — preguntó Sol sacando a Anny de sus pensamientos.

— Las bodas siempre me revolotean el estómago — confesó sinceramente. Y así era, aunque no se trataba de la suya, estos eventos siempre la ponían muy nerviosa.

— Cuando estoy nervioso — la vio por el retrovisor el agente Serrano, perdón, el señor Serrano — aprieto este punto — señaló entre su pulgar e índice — Y me ayuda a relajar la tensión.

Aconsejó como hace muchos años lo hizo con su madre. Mari y el agente Serrano intercambiaron una sonrisa por el retrovisor teniendo el mismo pensamiento en mente, mientras tanto, Anny siguió el consejo ayudando un poco a tranquilizarse.

Madame revisó una vez mas un mini bolso que reposaba sobre sus piernas y suspiró aliviada.

— ¡Todo listo! — anunció.

— Sé que está todo así — confirmó el señor Serrano besando la mano de su mujer.

— Pero una nunca sabe — sus mejillas se sonrojaron — se debe estar preparada en todo momento, para saltar a la acción — ante este comentario, miraron discretamente a Sol quien, aún a esta altura, desconocía lo que Anny pasó en el campamento.

Y no era por temor a que dijera algo, sino que, como aseguró antes, prefería alejarse del mundo del espionaje, por supuesto, no dejaría de lado a sus amigos y familiares.

— Sabré a quien acudir si alguien pierde un botón — comentó Mari rompiendo el silencio que se formó. Esto hizo alusión a un recuerdo del pasado.

— Oh no, eso no pasará — aseguró Madame — He cosido esos botones y ojales como si mi vida dependiera de eso. Pero siempre existe la posibilidad del error humano — añadió con un toque de humor viendo a la novia.

— Nada de lo que pase podría arruinar este día — finalizó muy tranquila.

Y, bueno, llegando a este punto, creo que es necesario y razonable explicar que sucedió con Madame y como sus caminos volvieron a cruzarse después de tanto tiempo.

Pues, como quizá lo adivinó el lector previamente, ella se vio envuelta en un lío por el mismo motivo que el señor Contreras: una, desafortunada, equivocación.

Nadie es quien dice ser.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora