Y entonces... (31)

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(Gerardo)

- Y luego que pasó - preguntó el escribiente frente nuestro.

Era ya sábado, pasado medio día. Habíamos desayunado algo a eso de las 8, una hora fuera de lo común de lo que estábamos acostumbrados. Aún así, llegado a este punto, me moría de hambre y, por efecto de la BABA, tenía muchísima sed. Me habían suministrado varios sueros en botella (preferí evitar el intravenoso por motivos personales) durante el proceso.

Aunque en el pasado realicé varias declaraciones, la de esta ocasión era totalmente diferente. En parte porque aún no me recuperaba totalmente, pero deseaba contar lo que sabía, necesitaba hablar a favor de George, así que, apenas recobré la conciencia y la memoria, pedí comenzara mi interrogatorio.
Cristián aseguró no era urgente, de todas formas, insistí tanto que cedió y, ahora, llegado a ese momento, estaba terminando de explicar lo que recordaba de ese inmenso y largo viaje a lo largo del tiempo. Digo, dar una declaración de lo acontecido durante 14 años no es muy breve que digamos.

En una sala de de la AIE, sentado a la izquierda, se encontraba Cristián, frente de mí, otro agente que hacía las preguntas y, a su lado, Dereck cumplía la labor de secretario.

- Creo que debemos hacer una pausa - intervino Cristián viéndonos - Ha sido suficiente por ahora.

Dereck y el otro agente lo miraron confundidos, faltaba lo último de todo el relato.

- Pero, señor... - exclamó.

- Me han oído, se levanta la sesión - declaró firmemente.

Los cuatro presentes, nos levantamos de una sola, yo salí hacia los pasillos de la AIE. Necesitaba saber cómo estaba Mari, comencé a caminar hacia la enfermería.

- ¡Gerardo! - escuché una voz detrás de mí. Cristián venía siguiéndome. - Supongo que vas a verlos - acertó, sonrió ante mi reacción - También quería ir. ¿Me permites acompañarte? - preguntó cortésmente.

- Por supuesto.

Ambos seguimos por unos momentos en silencio.

- Gerardo - me tomó del brazo deteniendo mi andar - Antes de proseguir, hay algo que debo confesarte - habló seriamente. Me preocupé un poco en cuanto si la salud de alguno de ellos estaba en juego. - Al escuchar todo lo que haz dicho sobre George - pausó mirando el suelo - He pensado... Me ha hecho pensar... - vacilaba en continuar. - En... Si yo... Si...

-¿Sí? - animé intentando ayudar.

- Si tomé la decisión correcta - completó por fin. Levantó la mirada con cierto temor.

- ¿Sobre qué? - pregunté no comprendiendo lo que estaba hablando.

- Sobre traerte de vuelta... - agregó con dificultad - Y a George

- Fue en el momento adecuado. Han pasado muchos años desde lo de Alex y, en ningún momento guardé ningún sentimiento de recelo contra nadie, sobre todo contra usted. Siempre ha sido como un padre para mí.

- No pensé que fuera así, sobre todo cuánto tomaron la decisión de dejar la AIE. Creí que había hecho algo mal - confesó. Aquella era la primera vez en estos 14 años que Cristián me hablaba abiertamente de sus sentimientos en esa ocasión. - Los he querido como mis hijos, si hubiera tenido, - agregó con pesar - y, cuando Mari y tú decidieron dejar la AIE, apoyé y respeté su decisión por que quiero lo mejor para ustedes.

- Lo sé - puse mi mano sobre su hombro en señal de apoyo.

- Por eso, al llamarlos otra vez al caso de Alex, y, después de todo lo que pasó, me pongo a pensar si hice lo correcto.

Nadie es quien dice ser.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora