Nicolas
Me encontraba en un sitio repleto de oscuridad donde la mínima luz no podía siquiera brillar, donde ningún sonido podía escucharse salvo el del agua corriendo como un río y donde nadie podría encontrarme. El frió en mi pecho era atroz lo cual me preocupaba, ya que por ser vampiro deje de sentir esos cambios de temperatura hace mucho, mucho tiempo. Comencé a caer y caer en el inmenso vacío que me esperaba, sin poder sujetarme de algo o alguien. Aún en mi estado solo podía imaginarme a la hermosa chica de ojos azules ayudándome como siempre. Ella seguramente cree que es una inútil y que no es capaz de ayudarme pero lo cierto es, que con solo el hecho de respirar ya lo hace. De no ser por su querida ancestra nunca nos hubiéramos encontrado y, en eso me guste o no debo agradecérselo a Anastasia. No recuerdo bien porque estoy aquí o cómo llegue, solo sé que algo muy malo acaba de ocurrir. Los sollozos de una mujer invaden mis pensamientos, su dulce voz destrozada por la conmoción me hace estremecer. El dolor de su alma choca en mi pecho rompiéndolo en pequeños fragmentos como si fuera de cristal. Un olor a agua salada y unas gotas cayendo sobre mi cuerpo, mientras me susurra unas palabras cerca del oído.
-Perdóname, mi amor.
Desperté tosiendo con un dolor punzante en el pecho, todo mi cuerpo sudoroso y una debilidad muy anormal para un vampiro. ¿Qué me ocurrió? ¿Por qué tengo una cicatriz en el pecho? Flashbacks llegaron a mi mente. Emily siendo consumida por la oscuridad de Anastasia, pidiéndome de rodillas con sudor en la frente que me alejara tan rápido como pudiera y por último como el agua apago todo el fuego de la habitación al mismo tiempo que una espada de fuego me atravesaba el pecho.
-Cariño, está despierto.
Pude oír la voz apagada de Sara detrás de la puerta y la gran bocanada de aire que tomo mi hermano antes de entrar. Su aspecto era ¿espantoso? Sí, definitivamente lo describiría así. El cabello desordenado, sus ropas arrugadas y sin nada de elegancia, unas horrendas sombras negras bajo sus ojos. Para cualquier persona que no lo conociera se atrevería a decir que es normal verle así pero no lo es, para nada. Mi hermano es de los que se preocupa demasiado por el que dirán y por siempre verse lo más elegante posible, esto era el colmo. No se había alimentado en días y con solo miradle podía notarse fácilmente. Sara también se veía algo fatigada con las mismas sombras negras de su esposo y una fuerte aura de culpabilidad la rodeaba. Ambos se miraron mutuamente con el miedo reflejado en sus ojos y me observaron con cautela.
-¿Qué ha pasado?- tuve que preguntarles.
-Nicolas... tú, moriste.- dijo Sara en un susurro. ¿Yo? Pero si ya estoy muerto desde hace siete siglos o es que, ¿se les habrá olvidado?
-Anastasia clavo una espada en tu pecho dejándote al borde de la muerte. Estuviste de esa forma durante tres días.- explico Charlie.
-¿¡Tres días!? Vaya.- exclame sin poder creérmelo.
-Moriste durante solo unos segundos y de pronto volviste, fue un milagro.- la voz de Sara era de fascinación.
-Se preocuparon por mí, ¿verdad?- sonreí divertido pero ninguno de ellos se unió a mí. Algo raro estaba pasando y no querían decírmelo, los conocía demasiado bien para saber eso.
-¡Ni se te ocurra decirle!- espeto Charlie.
-¡Tiene que saberlo! Después de todo es Emily.- sollozo su esposa.
-¿Emily? ¿Dónde está?- ambos me observaron con tristeza y el pánico se apodero de mí por completo.
-Después de lo ocurrido se culpo por haberte matado porque ¡estuviste muerto dos minutos! Y...- fulmino con la mirada a Charlie.
ESTÁS LEYENDO
Reencarnación #1 Trilogía Reencarnación
FantasyEmily Collins es una sacerdotisa común y corriente hasta que descubre que alguien más vive dentro de su cuerpo. Una bruja del siglo XVII con poderes del fuego y una terrible sed de venganza por el vampiro que la mato. Nicolas Walker entra misterios...
