Al día siguiente Alec me despertó antes de que saliera el sol, medio adormilado y apresurándome hasta que estuve del todo despierta; preocupada por estar vestida con su ropa y avergonzada por mi rostro de recién despertada. Pero luego de un rato de perdones y gracias el chico logró arrastrarme hasta el auto.
-Gracias por todo-Repetí casi por milésima vez, jugando con el brazalete en mí muñeca, temiendo ver hacia mi casa.
-No fue nada... que creo es lo mismo que respondí las otras veinte veces-Sonrió, lanzándome una mirada tranquilizadora.
-Lo siento y yo... en cuanto pueda te devolveré la camiseta-Insistí, jugando con la tela gris.
-De hecho-Me dirigió una mirada que no supe identificar, recorriéndome de arriba abajo. -Es tuya, quédatela, un recuerdo de tu primera saboreada de libertad.
-Gracias. -Murmuré, queriendo martillarme la cabeza por repetir esa palabra una vez más.
-No fue nada... y, para terminar; ten esto-Me extendió un pedacito de papel que sacó de su bolsillo. -Por si no tienes a quien llamar.
Sonreí, cerrando el puño alrededor del papel, sintiendo un revoltijo en el estómago que no sabía cómo explicar. Como tampoco podía explicar lo mucho que me agradaba la sonrisa en el rostro de Black mientras este me observaba, esperando una respuesta.
-Y para que me escribas para decirme que todo está bien-agregó, apuntando con la cabeza hacia mi casa.
-Es la segunda vez que me traes a casa, anoche dormí en tu sofá y llevo tu camiseta. -enumere con los dedos, aun sin dejar de sonreír mientras tomaba la manija de la puerta, preparando para salir del auto- Comienzo a sentir que te debo algo.
-Yo sé cómo esa deuda se puede zanjar -Me sonrió sugerente, con el hoyuelo que se le creaba en una de sus mejillas.
-Adiós, Black. -Sonreí socarrona, bajándome del auto antes de que pudiera invitarme a salir. Pero dejando la posibilidad en el aire. El rio.
-Nos vemos pronto, Brown. -Alargó la despedida, mirándome a través de la ventana abierta. Con una amplia sonrisa cruzándole el rostro.
Me alejé del auto, con la sonrisa tatuada en los labios, vi el auto desaparecer por mi calle con la misma sonrisa. Y la seguí teniendo mientras me escabullía al patio trasero. Pero hice una mueca al ver mi única forma de subir, que no tome en cuenta al pensar en el plan.
Inhalé, amontoné la ropa en el bolso y me lo crucé al hombro, preparándome para escalar. Encajé el pie dentro de la estructura de madera que mamá había elegido para poner sus enredaderas, me balanceé para probar si podía con mi peso y una vez comprobado me lance, encajando las manos en los espacios superiores y haciendo un esfuerzo por jalar mi cuerpo hacia arriba. Y lo logré, logré al menos llegar hasta que mis manos se sostuvieron del alfeizar de la ventana, donde las cosas se pusieron un poco más difíciles. Gruñí del esfuerzo, levantando todo mi peso en mis dos manos, alzándome sobre el alfeizar para luego caer por él; rebotando en el pequeño sofá de la ventana y cayendo de lleno al piso.
Y reí, chillé hasta que olvidé el dolor de espalda, me reí como no lo había hecho en años. Había pasado toda una noche fuera de casa, me había escapado y luego había escalado la pared ¡La maldita pared! Yo Alex Lily Brown, la chica de hielo, la que nunca había tocado ni una mota de polvo para no dañarse ¡Acababa de escalar una pared! ¡Sin matarse! El subidón de energía aun no acababa cuando me erguí, ni siquiera al notar el quejido de mi espalda, había pasado una noche fuera, dormido en un sofá desconocido y usado la camiseta de un chico que acababa de conocer. Lo había hecho y mamá jamás se enteraría. Lo había logrado. Había vivido.
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Bajo la tormenta
Dla nastolatkówA veces se trata de derrumbarte, de caerte y aprovecharlo para ver las estrellas bajo la tormenta. Alex ha estado perdida toda su vida; en sí misma, en su familia, en ideas que otros construyen sobre ella. Se pierde tan fácil que ya no sabe en dónd...
