Me detuve frente a la casa de Alec, removiéndome dentro del vestido que de pronto me parecía demasiado corto. La tela aterciopelada en forma de campana me llegaba varios centímetros sobre la rodilla ajustándose en mi cintura y subiendo en un escote de corazón con mangas holgadas y trasparentes, que dejaban mi piel al descubierto. Quizás no era lo más apropiado para conocer al padre de Black.
-¿estás bien, Tijereta? -No sé qué tan nerviosa me veía, pero puse mala cara en cuanto Black se puso frente a mí, sonriendo con su gran nuevo apodo.
-te he dicho que dejes de llamarme así-le acuso, levantando mi dedo índice hasta que estuvo a centímetros de su nariz.
-amas que te llame así-Sonrió, suficiente, colando las manos por mi cintura.
-Lo odio.
-Lo amas.
-Lo odio, así que olvídalo de una vez.
-lo amas porque me amas y amas todo lo que sale de mis amados labios-extiende su sonrisa, acercándose cada vez más a mí, sabiendo que así de cerca sería lo suficientemente difícil mantenerme concentrada como para que no pudiera seguir negando. Pero no le daría el gusto. -acéptalo, Tijereta, el apodo te queda bien... ah no ser que prefieras Tijerita o Tijeretazos...
-para-Le advertí, palmeándole el hombro con fuerza. -no me llames así.
-pero si te queda perfecto.
-¿sabes que las Tijeretas son unos bichos horribles? -insisto, cruzando los brazos para mantener la distancia, pero en cuanto bajó la mirada, con las mejillas visiblemente sonrojadas, preferí dejar caer los brazos a los lados, dándole, con dos dedos, un golpe en la barbilla que lo obligó a levantar la mirada-ojos arriba.
-las tijeretas no son feas-negó, tragando en seco-Solo se ven agresivas y luego te das cuenta de que son completamente inofensivas.
-Déjame adivinar-sonreí, medio riéndome-como yo.
-así es, aunque debo admitir que me acabo de dar cuenta de eso ahora, porque yo sí que lo decía por... tu temita con las tijeras-se burló, subiendo una mano hasta mi mandíbula donde solo un poco más abajo termina mi cabello.
-idiota.
-vamos-rodó los ojos, dándome un beso en la frente antes de atajarme la mano obligándome a avanzar por el sendero del jardín, directo a la entrada de su casa, donde volví a detenerme, con una mueca de horror.
-tengo que confesar algo-murmuré, incomoda-tengo miedo de conocer a tu padre.
-¿por qué? -se volteó inmediatamente hacía mí, con el ceño fruncido sobre sus ojos verdes.
-quizás porque ¡No lo sé! Solo tengo miedo-me encogí de hombros, frustrada-¿no es raro conocerlo ahora cuando llevamos meses saliendo? Quiero decir, debe haber alguna razón por la que nunca está en tu casa cuando yo vengo, quizás no quiere conocerme.
Callé cuando vi que Alec agachaba un poco la cabeza, tratando de ocultar su expresión que lucía un tanto culpable. Lo vi con sorpresa, abriendo y cerrando los labios como un estúpido pez fuera del agua, sintiéndome como uno.
-¿no quiere conocerme? -solté en un suspiro, confundida.
¿Lo habré visto en alguna competencia de Carter y habré sido grosera con él? A veces hago esas cosas sin querer, ni siquiera me doy cuenta cuando estoy siendo más antipática de lo normal hasta que ya he hecho las cosas. O quizás cree que Alec merece algo mejor. O que...
-yo no quería que lo conocieras-confiesa por fin mi novio, pasándose una mano por el cabello gris, desordenándolo sobre su coronilla, ansioso.
-¿ah?
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Bajo la tormenta
Ficção AdolescenteA veces se trata de derrumbarte, de caerte y aprovecharlo para ver las estrellas bajo la tormenta. Alex ha estado perdida toda su vida; en sí misma, en su familia, en ideas que otros construyen sobre ella. Se pierde tan fácil que ya no sabe en dónd...
