–– No quiero hacer esto –– menciona Anne mientras da pequeños saltos y se abraza a sí misma.
Ya nos encontrábamos en el área de la alberca, y Anne no ha querido cumplir su castigo porque el agua está totalmente helada, además del frio que hace en esta ciudad es horrible. No creo que salga con vida.
–– Tienes que hacerlo –– insistí.
–– Mejor ponme otro castigo.
–– No. Este es tu castigo, y lo tienes que cumplir.
–– Es peligroso. Me puedo enfermar.
–– Si eso pasa, entonces me ofrezco como tu médico personal que te va a cuidar y a garantizar tu recuperación.
–– Eres un tonto, Derrick –– dijo antes de correr y sumergirse en el agua fría que tenemos como alberca.
Me acerqué a la orilla y Anne todavía no había salido a la superficie. Pasaron unos segundos… Y nada.
Mi ritmo cardiaco se aceleró. Me quité el abrigo, la playera y me lancé a la alberca a buscar a Anne.
El agua está más fría de lo que la sentí cuando la toqué hace un rato. Me costaba mantener los ojos abiertos. Con dificultad, pude ver el cuerpo inconsciente de Anne llegando al fondo de la alberca. Nadé lo más rápido que pude hasta que tomé una de sus manos. En ese momento, ella abrió los ojos, se acercó a mí, y me empujó a un lado para ella nadar a la superficie.
Quedé completamente en shock, ¿Estaba fingiendo todo? ¿En serio todo fue un juego?
Ah, no. Conmigo nadie juega.
Me apresuré a nadar hacia ella antes de que saliera de la alberca. La tomé por su tobillo izquierdo y la sumergí de nuevo, nadé con ella hasta llegar al fondo y la solté, la dejé ahí un poco desorientada después de haberla tomado desprevenida. Nadé hasta que salí a tomar aire.
Aguanté mucho tiempo la respiración y seguramente por el frío me voy a enfermar. Anne aparece a mi lado y respira con dificultad, me salgo de la alberca y le ofrezco mis manos, las toma y en un segundo la saco fuera del agua. Ella se acuesta boca arriba en el césped y comienza a toser.
–– ¿Estás bien? –– le pregunto, aunque sé muy bien la respuesta.
–– No, no estoy bien –– dice entre jadeos.
Me agacho para cargarla en mis brazos y llevarla dentro. Abro la puerta de mi departamento con Anne en mis brazos. La llevo al baño, le quito la ropa; tratando de ver lo menos posible y la coloco en la tina. Abro el grifo con agua tibia y lo cierro cuando ya el agua le cubre los hombros.
Su piel esta de un ligero color azul. Está congelada.
Yo también me estoy congelando, pero ella es más importante ahora.
Anne mantiene sus ojos cerrados, pero está despierta. Mojo su cabeza con el agua tibia y ella abre los ojos.
–– Ven –– susurra.
–– ¿Eh?
–– Tú también te estas congelando. Ven conmigo.
–– No, no hay suficiente espacio.
–– Sabes perfectamente que si cabemos los dos, no te pongas así ahora.
–– Está bien.
Me levanté y me quité el pantalón de pijama, le di una mirada que ella entendió y cerró los ojos. Me quité el bóxer y me sumergí junto a ella en la tina.
<< Esto se siente muy bien >>
Anne se mantenía con los ojos cerrados; una pequeña sonrisa pícara adornaba sus labios. Aunque eso es lo que menos me importa ahora, el color de su piel ya está volviendo a la normalidad, pero eso no quiere decir que después no le pueda dar algún resfriado.
Cerré mis ojos para relajarme un poco más, aunque debo admitir que me siento muy incómodo estando completamente desnudo al lado de una chica completamente desnuda. Mi cuerpo comenzó a regular su temperatura, ya no tengo tanto frio.
Anne se movió y abrí los ojos, la vi de pie en la tina con su cuerpo descubierto, sentí mis mejillas arder y volteé hacia otro lado.
–– Creo que ya me tengo que ir –– dijo, y salió de la tina para seguidamente salir del baño.
Me salí de la tina, coloqué una toalla alrededor de mi cintura y fui a buscarla.
–– ¿Por qué te vas a ir? –– le pregunté mientras ella se colocaba una sudadera mía que le llegaba un poco más arriba de las rodillas.
–– Esto es incómodo. Nunca pensé que esto pudiera pasar, y la verdad no me siento bien estando desnuda a tu lado.
–– Yo tampoco me siento bien, pero fue tu idea. Yo hubiera esperado sin problema, pero preferí cuidarte.
–– Ese es el problema –– puntualizó, un poco molesta. La miré confundido ––. Me cuidas porque me quieres… Pero como amiga.
Y hasta ese momento, lo entendí todo. Las miradas, la tolerancia, la comprensión, todo eso no fue solo porque trabaja conmigo o porque es mi amiga.
Le gusto a Anne.
Y ella me gusta a mí, pero no se lo había confesado porque pensé que ella no sentía lo mismo, pero ahora…
Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no me di cuenta que ella ya no estaba en mi habitación. Miré a todas partes y no la encontré, escuché que cerraron la puerta y… literalmente, corrí a buscarla. Salí al pasillo y la vi entrando al elevador. Corrí con todas mis fuerzas para lograr entrar antes de que el elevador se cerrara, y como si el destino estuviera a mi favor, lo logré.
Antes de que ella dijera algo, tomé su rostro en mis manos y la besé. Al principio ella no respondió al beso porque todo paso muy rápido, pero después se relajó y coloco sus manos en mi cintura, en donde se encontraba la toalla de baño que no me he cambiado.
Nos besamos sin apuros, disfrutando cada segundo, era un beso calmado pero con muchos sentimientos en él. Mi corazón latía desbocado, sentía que se me iba a salir del pecho.
El elevador se abrió, y detuvimos el beso. Nos miramos por unos segundos hasta que hablé.
–– No te vayas –– supliqué.
–– No voy a ninguna parte –– me aseguró con una sonrisa. Presioné el botón que nos llevara de vuelta a mi piso y la volví a besar.
Entré al departamento y la dejé en mi habitación. Ella se acostó en mi cama y me hizo una seña para que hiciera lo mismo.
Me acosté a su lado y la abracé. Ya son las seis de la mañana pero no hemos descansado bien.
–– Descansa –– le dije, y besé su frente.
–– Tu igual.
Y nos quedamos dormidos.
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Un Psiquiatra Virgen
Teen Fiction¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
