18. Capítulo final

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-Te voy a extrañar, idiota -Adrien me da un fuerte abrazo.

-Yo también, imbécil. Pero ya decidí que me voy a Rusia. Necesito estar lejos un tiempo, para... pensar en muchas cosas.

Me encontraba en la clínica después de haber arreglado todo para que mis pacientes estén con un buen psiquiatra. Me vine a despedir de Adrien, le conté que acepté la propuesta de trabajo en Rusia.

-Te entiendo. Lo que te hizo Anne... fue muy horrible. No te merecías eso.

-Nadie se lo merece.

-¿Puedo ir a visitarte cuando me hagas falta? -me pregunta con una sonrisa triste.

-Por supuesto que sí. Hasta me ofende la pregunta. Puedes ir cuando quieras, y llevarte a Katherine... si quieres.

-Gracias.

Nos quedamos mirándonos fijamente y nos volvimos a abrazar.

-En serio te voy a extrañar. Eres y serás mi primer mejor amigo, mi hermano.

-Ya no sigas.

-¿Se te puede subir el azúcar?

-No, puedo llorar.

Me separé de él y noté que tenía los ojos rojos, tratando de retener las lágrimas.

-¿Por qué te reprimes? Llora si quieres.

-Es que no quiero, sería la primera vez que lloro después de lo que pasó hace quince años.

-No hay nada malo en llorar. Es una reacción natural a acontecimientos dramáticos.

-No, no voy a llorar.

-Eres un idiota.

-¿Tú lloraste cuando te enteraste que Anne estaba embarazada?

-No, si ese bebé hubiera sido mío... probablemente si hubiera llorado, pero... no sé por qué no lloré. Tal vez aun no me creo que me haya sido infiel. No he asimilado completamente la noticia.

-Olvida a las personas que te hicieron daño y enfócate en las que te aman. Eso me lo dijiste una vez, ahora yo te lo devuelvo.

-Vaya, si me prestabas atención.

-Claro, si eres mi psiquiatra favorito.

-Creo que soy el único psiquiatra que conoces.

-No le quites la magia al momento, por favor.

-Lo siento.

-Te voy a extrañar, Derrick. En serio.

-Igual yo.

...

Caminé por los largos pasillos del aeropuerto, con una maleta rodando en cada mano. Ya habían anunciado mi vuelo, así que ahora me dirijo al avión.

Le muestro mi boleto a la azafata y ella me deja entrar. Busco con la mirada el asiento número nueve, hasta que lo encuentro y me siento. A mi lado derecho está el asiento número diez, pero no hay nadie, tal vez no va a venir mi compañero/a durante este largo vuelo.

Miro hacia el exterior desde la ventana, hay aviones despegando y otros apenas están abriendo sus puertas.

Alguien se sienta de golpe a mi lado y volteo a ver de quien se trata.

-¡Hola! -me saluda ella. Es una chica de aproximadamente veinticinco años, con el cabello castaño oscuro; largo hasta los hombros, ojos azules muy claros, piel clara, delgada y bastante alta. Lleva puesto un vestido corto de color rosa pastel. Una sonrisa inocente se escapa de sus labios.

-Hola -me acomodo en mi asiento.

-Pensé que iba a perder el vuelo. Si no llego hoy, mi padre me mata.

-¿Por qué? -sentí curiosidad.

-Porque mañana a primera hora tenemos una reunión muy importante de trabajo, y no puedo faltar.

-Mañana es el día de las reuniones importantes-dije con diversión.

-¿Por qué lo dices?

-Yo también tengo una reunión a primera hora.

-Vaya, pues... te deseo mucha suerte.

-Yo igual.

Las azafatas pasaron por todos los asientos avisando que ya el avión iba a despegar y que teníamos que abrocharnos los cinturones de seguridad. La chica a mi lado, aprovechó para pedirle a una de las azafatas que le trajeran hielo, así que ha estado masticando hielo durante todo el rato. Yo solo me dedico a observarla con un poco de extrañeza.

-¿Por qué comes hielo? -le pregunto por fin.

-Es que los aviones me ponen muy nerviosa, y masticar hielo me sirve mucho para calmarme.

-¿Eres rusa? Tu acento no parece francés.

-Si, pero vine a Francia por asuntos de trabajo. ¿Y tú?

-No, yo si soy francés.

-¡Qué bien! Pero no se nota mucho en tu acento.

-Tuve que hacer un curso para quitarme mi acento.

-Oh, con razón. ¿Oye y cuantos años tienes?

-Veintiocho, pronto cumpliré veintinueve, ¿Y tú?

-Veintisiete. Pronto cumpliré veintiocho.

-¿En qué trabajas? -no sé por qué motivo quiero seguir preguntándole cosas, pero al parecer a ella no le molesta.

-Soy médico.

-¿En qué área te especializas?

-Pediatría. Me encantan los niños.

-Yo soy médico psiquiatra.

-¡¿En serio?! -asentí -. Oye, que bueno.

-Si, de hecho, la reunión que tengo mañana es para una propuesta de trabajo.

-Vaya... que bueno, de verdad. Me alegro mucho por ti.

-Gracias.

-¿Cómo te llamas?

-Soy Derrick Blanc -extendí mi mano, en un gesto de saludo. La tomó, y se presentó:

-Yo soy Amelie Volkov. Mucho gusto, Derrick.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora