03 - Segunda parte

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Amélie Volkov

Estoy nerviosa.

Muy nerviosa.

Demasiado nerviosa.

¡Derrick me invitó a salir!

No pensé que este momento llegaría tan pronto.

Aunque... en realidad no es una cita, ¿o sí? Solo vamos a correr un rato. Nada más.

¡No sé qué ponerme!

Me muevo de un lado a otro por toda mi habitación, tratando de pensar en qué me voy a poner. Todavía faltan siete horas para las cuatro de la tarde, ¡Pero estoy muy nerviosa! Y cuando estoy nerviosa, no pienso.

Comienzo a buscar en mi closet la ropa deportiva. A la final, elijo unos shorts ajustados negros, un top deportivo también negro y mis tenis blancos. Me visto de una vez porque quiero estar lista para cuando el reloj marque las cuatro de la tarde.

Veo la hora en mi celular: Nueve con diez minutos.

Una pequeña siesta no le cae mal a nadie, ¿Verdad?

Así que, me acuesto en mi camita y cierro mis ojitos.

...

Me despierto de golpe ante ese sueño. Acabo de soñar que llegaba tarde a mi (no) cita con Derrick. Veo la hora en mi celular: Cuatro y treinta minutos. Tengo dos llamadas perdidas de él. ¡VOY MEDIA HORA TARDE!

Me pongo de pie rápidamente y sin pensar en más nada, comienzo a correr. Bajo las escaleras corriendo, abro la puerta de mi casa y la cierro de golpe. La fuerte iluminación del sol golpea mi cara adormilada y me hace cerrar los ojos por un momento. Al abrirlos, corro con todas mis fuerzas por las calles de mi residencia.

El psiquiátrico no queda muy lejos si me voy corriendo.

No, solo diez cuadras.

Corría como si me estuvieran persiguiendo para asesinarme. La gente me miraba con preocupación y otras solo se hacían a un lado para permitirme el paso.

Qué bueno que estuve en atletismo siete años.

Al llegar al parque, miro hacia todos lados en busca de Derrick, hasta que lo veo. Está caminando de espalda a mi al otro costado del parque. Corro con todas mis fuerzas y me lanzo sobe su espalda.

--¡No te vayas! --supliqué.

--¿Disculpa? -- me bajo al darme cuenta de que él no es Derrick.

--¿Por qué te atraviesas así? Pensé que eras otra persona.

--Yo no fui el que se lanzó sobre alguien.

--Ay ya, olvídalo. Sigue haciendo lo que estabas haciendo.

El chico se fue y yo me senté en uno de los bancos del parque. Cerré mis ojos y respiré hondo.

--¿En qué piensas? -- me sobresalté cuando escuché las voz de Derrick. Está frente a mí. Lleva puesto un jersey negro, unos shorts deportivos grises (que le deja ver sus increíbles piernas, pero no digan nada), tenis blancos y el cabello un poco desordenado.

--En nada.

--¿Por qué te lanzaste en la espalda de ese pobre chico? -- señala al extraño en la lejanía.

--Ah, es... que... estaba viendo que tan fuerte era.

--Tu es folle -- dijo entre risas.

--¿Qué dijiste?

--Nada.

--¿Llevas mucho tiempo esperándome?

--No mucho, solo media hora.

--Lo lamento, es que me quedé dormida.

--No importa. Te esperaría el tiempo que fuera necesario.

Modo tomate.

--Eh, bueno... ¿Quieres empezar?

--No, ya no quiero correr. Ahora quiero hacer otra cosa -- se sentó a mi lado.

--¿Qué cosa?

--Hablar.

--¿Hablar? ¿Sobre qué?

--Sobre ti... sobre mí... sobre nosotros...

Nosotros...

Se escuchó tan bonito.

--Y... ¿Qué quieres saber de mí?

--¿Cómo supiste que querías ser pediatra?

--Bueno... a mí siempre me han gustado los niños. Supongo que... no sé, tener la oportunidad de tratar con ellos y ayudarlos a recuperarse... es simplemente lo más hermoso que me puede pasar. Y tú, ¿Cómo supiste que querías ser psiquiatra?

--Pues... por la ignorancia de la gente --lo miré confundida --. Me refiero a que... la mayoría de las personas piensan que las enfermedades psicológicas y emocionales no existen, son un invento, una exageración o una forma de llamar la atención, pero la verdad es que no. A lo largo de mi vida he comprendido que las enfermedades emocionales y mentales tienen la misma importancia que las enfermedades físicas, pero la gente no lo entiende. Decidí estudiar psiquiatría porque quiero ayudar a todas aquellas personas que no tienen a nadie que los ayude, aquellos que sus familiares o amigos no les creen cuando dicen que se sienten deprimidos sin alguna razón; que están ansiosos; que les cuesta socializar o salir de sus casas. Si no logro eso, entonces no merezco llamarme psiquiatra.

--Vaya -- lo miré embobada --, en serio te gusta tu trabajo.

--Me encanta.

--Tú me encantas.

Derrick me miró con una sonrisa y el ceño fruncido.

--¿Disculpa?

--Nada -- me aclaro la garganta --, solo... me encanta que pienses de esa manera, y... que seas un buen psiquiatra.

--Gracias.

--¿No extrañas tu país, o sea, Francia?

--Muchísimo. No sabes cuánto. Aunque a veces hacía mucho frío, pero... allá estaba todo. La tumba de mi madre, la de mi hermana. Extraño a mi mejor amigo. Es un idiota, pero lo quiero. También estaba mi princesa.

¿Su princesa? ¿Tiene novia?

--No es mi novia.

¿¡Lo dije en voz alta?!

--Entonces, ¿Quién es?

--Es mi pequeña pitbull.

--Oh, ¿Por qué no te la trajiste?

--Porque ella estaba en mi antiguo departamento y ahí estaba Anne.

--¿Quién es Anne?

--Mi ex-prometida.

--¿Te ibas a casar?

--Si.

--Y, ¿Por qué no lo hiciste? ¿Por qué no te casaste?

--Ella se embarazó de otro.

--¿Cómo estas tan seguro de que no era tuyo?

--Porque soy virgen, Amélie.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora