39 - Segunda parte

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Amélie Volkov

Paseo por la oficina de Derrick mientras espero a que llegue. Él no tiene idea que vine, así que será sorpresa. Luego de un rato muy largo, escucho que la puerta se abre. Me quedo perpleja al ver entrar a un chico a la oficina, pero no es cualquier chico, es un interno del psiquiátrico. Es más alto que yo, lleva puesto una camisa de fuerza –– de la que obviamente se liberó –– está descalzo, su cabello es negro y le llega a los hombros, es de tez morena, tiene unas ojeras muy marcadas y parece estar enojado.

––¿Qué... haces aquí? –– mi voz tiembla al pronunciar esa frase.

El chico se dedica a observarme hasta que sonríe maliciosamente y cierra la puerta con seguro.

Sentía que mi corazón se iba a salir de lo rápido que estaba latiendo, solo una cosa pasó por mi mente: ¿Y si me mata?

No puedo escaparme porque él sigue parado en la puerta, observándome. No quiero moverme, no puedo arriesgarme a que me haga algo, necesito vivir.

Por impulso, pongo mi mano sobre mi vientre, imaginando lo que pasaría si yo muero.

No puedo morir

No voy a morir

Trato de alejar los pensamientos negativos de mi cabeza, pero el chico comienza a caminar lentamente hacia mí y todo lo positivo se esfuma. Mi cuerpo reacciona y logro retroceder hasta quedar detrás del escritorio, tomo mi celular lo más rápido que puedo para intentar llamar a Derrick; las manos me tiemblan demasiado como para buscar su contacto, cuando por fin lo encuentro, el chico toma mi teléfono y lo tira con fuerza al piso, destrozándolo. Lagrimas comienzan a salir de mis ojos al ver que mi única posibilidad de pedir ayuda, se ha ido. Lo único que me queda es gritar y arriesgarme a morir.

––No se te ocurra gritar –– dijo, como si pudiera escuchar lo que pienso ––, si lo haces te va muy mal.

––¿Qué me vas a hacer? ¿Por qué te escapaste? –– el chico me cubre la boca con una mano y con la otra sostiene mis manos.

––Shhh, no quiero que hables –– me sonríe ––. Tengo que salir de aquí, y tú me vas a ayudar.

No tengo ni la menor idea de por qué piensa que lo voy a ayudar.

Siento punzadas fuertes en mi vientre, apenas puedo mantenerme de pie con este dolor. Escucho golpes en la puerta y volteo en seguida, parece que están intentando abrirla. Una chispa de esperanza llena mi corazón y me permito relajarme, lo que fue un error

––Dulces sueños, señorita Vólkov –– lo único que siento es un fuerte golpe en mi rostro que me hace retroceder, tropezar con una silla y caer al piso, mi vista se nubla y mi pómulo izquierdo comienza a doler insoportablemente.

La puerta se abre y a duras penas logro distinguir a Derrick entre los guardias; seguido de eso, mis ojos se cierran y no logro ver más.

...

––Amélie –– escucho que alguien pronuncia mi nombre ––.  Amélie, despierta.

Abro mis ojos lentamente, y lo primero que veo es el rostro de Derrick. Miro a mi alrededor y no logro reconocer más.

––¿En dónde estoy?

––En el hospital

––¿Por qué? –– el recuerdo de todo lo que pasó viene a mi mente y de nuevo, toco mi vientre ––. ¿Cómo está? –– Derrick toma mi mano y la besa.

––Tu ginecóloga dijo que debido al golpe de la caída, el embarazo se volvió de riesgo. Tendrás que estar hospitalizada unos meses hasta que nazcan.

––Pero, ¿el bebé está bien?

––Podría decirse que sí, no le pasó nada, pero no puedes hacer mucho esfuerzo, tienes que quedarte aquí. La Dra. Smirnov vendrá cada tres días a ver cómo va tu embarazo.

––¿Qué pasó con el hombre que me golpeó?

––Estuvo a punto de escapar, pero los guardias lo agarraron a tiempo.

––¿Qué hace ahí? Parece ser mayor, y es muy peligroso

––Aunque no lo parezca, es menor de edad. Lo van a dejar en el psiquiátrico, pero en otro lugar más protegido del que no va a poder salir.

––Ten cuidado, por favor.

––Tranquila, ma reine, no me va a pasar nada.

––Te amo, Derrick.

––Yo te amo aún más, Amélie. No puedo dejar de pensar que lo que te pasó fue mi culpa. Nuestro hijo pudo morir.

––Tú no causaste eso, así que no tienes la culpa de nada. No pienses en eso, ya pasó, y si me tengo que quedar aquí por el resto de mi embarazo, no importa. Sé que nuestro hijo estará bien.

––Tardé en llegar, Amélie.

––Para mí, llegaste justo a tiempo. Si me hubiera quedado más tiempo desmayada, tal vez la historia no sería la misma. Además, tú no sabías que yo estaba ahí, debí avisarte.

––Está bien, dejemos eso así.

Guardamos silencio por un momento, solo mirándonos a los ojos; veía claramente en los suyos, que seguía creyendo que fue su culpa. Acaricio su mejilla y le sonrío.

––Eres el mejor hombre que me pudo haber tocado como esposo, Derrick. No te sigas culpando, o me voy a enojar.

––Ya no lo haré, tranquila. No quiero que tengas más emociones fuertes, quiero cuidarte.

––Todo va a salir bien, lo sé.

––¿Como puedes saberlo?

––No lo sé exactamente, pero siento que así será. Solo queda esperar. Mientras tanto, aquí me quedo... estaremos bien.

––Estaremos bien.

––Tu pómulo ya no está tan inflamado, ma reine. Está volviendo a su color natural –– me dice mientras acaricia mi mejilla ––. Aún falta un poco para que no se note, pero ya es un avance.

––El pómulo es lo de menos, me preocupa más el bebé.

––Lo sé, pero él está bien, ya la doctora lo dijo. Mientras guardes reposo no hay de qué preocuparse.

––Tengo miedo, Derrick. Ya quiero que nazca. Necesito tenerlo en mis brazos y hacerlo sentir seguro.

––Ya lo haces. Te aseguro que así se siente ahora mismo.

––¿Tú crees? ––Sí, lo creo. Amélie toma mi mano con fuerza y sonrie ––Siento pataditas –– pone mi mano en su vientre y cuando siento el primer movimiento, mi corazón comienza a latir emocionado y mis ojos se humedecen con lágrimas. Le sonrío a Amélie y ella aprieta su agarre.

––Es hermoso.

––Lo sé, es la primera vez que pasa. Supongo que esto confirma que está bien.

––Te lo dije, amour. No hay de qué preocuparse.

––Pues sí, tienes razón. Ya no me preocuparé más, me dedicaré a cuidarme para que el esté bien.

––Es lo mejor que puedes hacer ahora, ma reine.

––Te amo, gracias por estar siempre para mí.

––Te amo mucho más, y no tienes que agradecer nada, tú eres mi esposa y él mi hijo.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora