Derrick Blanc
El frío viento me produce escalofríos. Son las siete de la mañana y decidí salir a correr un rato.
Amélie se quedó en casa, la invité pero no quiso venir, dijo que quería ser cuidadosa en el embarazo.
Corro un par de cuadras más hasta llegar al parque central y comienzo a caminar en busca del banco en donde nos sentamos Amélie y yo el día que nos reencontramos. Cuando lo encuentro, me percato de que hay una chica sentada en él. Tiene la cabeza gacha y un objeto pequeño en su mano derecha.
Pienso un momento antes de avanzar hacía el banco y sentarme a su lado. Ella no se inmuta y sigue en lo suyo.
Ahora que la veo más de cerca, me doy cuenta de lo que hace... Se está cortando, y el objeto en su mano, es una hojilla.
Sangre sale de los cortes en su brazo izquierdo y caen en el suelo.
Ella parece no importarle mi presencia porque no se mueve, salvo para seguir cortando su brazo.
Sin poder aguantar, hablo:
---¿Por qué lo haces?
Ella se detiene y me mira. Sus ojos están rojos e hinchados, como si hubiera llorado mucho tiempo.
---No importa el motivo.
---Si importa... a mí me importa.
---No lo conozco --- vuelve a agachar la cabeza.
---Ni yo a ti, pero aun así, me preocupo por ti.
---No hace falta que lo haga.
---Tal vez tú pienses eso, pero yo sí creo que hace falta.
---Al mundo no le interesa lo que me pasa. ¿Por qué cree que lo hago aquí, a la vista de todos?
---Yo no soy parte del mundo, y me gustaría ayudarte. Entiendo que sientas que a nadie le importa lo que tienes, pero tampoco es bueno esperar a que el mundo te saque del hoyo en el que estas.
---Yo no dependo del mundo. Solo... me gustaría que al menos mi familia se acuerde que existo y me ayuden.
---¿Puedo saber por qué te autolesionas?
---Por muchas cosas; por estrés, tristeza, rabia, recuerdos que me vienen de repente o cualquier sentimiento negativo que me invada.
---Y, ¿Por qué lo haces ahora?
---Eso es algo más personal que no le puedo decir.
---¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí?
---Ser psiquiatra... o psicólogo, pero eso ya sería demasiada suerte para mí porque mi madre me prohibió acercarme a alguno de ellos, ya que ella no cree que existan ese tipo de enfermedades.
---¿Cómo te llamas?
---Aleska.
---Yo me llamo Derrick Blanc, soy psiquiatra. Trabajo en el psiquiátrico Los Pequeños Perdidos.
En seguida me voltea a ver, sus pupilas se dilataron y su boca se entreabrió.
---¿En serio?
---Sí.
---¿Cómo puedo saber si me está mintiendo?
---No te estoy mintiendo, pero cuando quieras puedes ir al psiquiátrico, con gusto te atenderé y ayudaré si así lo deseas.
---Mañana por la mañana.
---¿Disculpa?
---Mañana por la mañana voy a ir a ese lugar, si es cierto que usted es psiquiatra, entonces confiaré en su persona y comenzaré a asistir a terapia.
---De acuerdo, te esperaré. Puedo preguntar, ¿Por qué quieres asistir a terapia? La mayoría de las personas con algún trastorno o trauma evitan a toda costa asistir a terapia.
---La diferencia entre ellos y yo, es que yo estoy consciente de que tengo un problema, sólo que no sé qué es o cómo curarlo y... a nadie le interesa ayudarme. La mayoría de esas personas que usted menciona, niegan que tienen un problema, porque se acostumbraron a sentirse o actuar igual todo el tiempo que ya no diferencian la realidad con el entorno y cuando alguien los quiere ayudar, lo rechazan. Me hubiera gustado recibir ayuda a tiempo, me refiero a, recibir ayuda antes de comenzar con esto --- eleva ligeramente su brazo ensangrentado.
---A mí siempre me gusta decir que todo llega cuando tiene que llegar. Tal vez, las cicatrices que dejan las cortadas te sirvan como recuerdo de lo que algún día fuiste pero que lograste superar. Deberías de aprovecharlas y aprender de ellas. Recuerda que cada cosa, por más mínima que sea, nos deja una enseñanza para el futuro.
---Lo tendré siempre en cuenta, pero aún no diga que lo voy a superar, porque ni yo misma sé si voy a salir de esto.
---Lo vas a lograr, yo te voy a ayudar.
---Como quiera. ¿Cuántos años tiene?
---Veintiocho, ¿y tú?
---Diecinueve, soy muy joven para asistir a terapia, ¿No lo cree?
---No, asistir tan joven a terapia con un psicólogo o un psiquiatra no es malo, de hecho, es todo lo contrario. Recibir ayuda profesional te permite aprender a manejar tus emociones; aprender a escuchar las señales que te envía tu cuerpo, tu mente, para poder ser una persona estable psicológica y emocionalmente.
---¿Cree que mi madre necesite terapia?
---Por lo poco que me has contado, sí. Necesita asistir a terapia psicológica para ser informada acerca de la existencia de los trastornos psicológicos, psiquiátricos y emocionales. Necesita ser más empática en ese aspecto, más si se trata de su hija.
---¿Usted tiene hijos?
---Tengo dos hijos y uno en camino.
---¿Está casado?
---Sí.
---¿La ama?
---¿A quién?
---A su esposa.
---Sí, demasiado. Amélie es... la mejor mujer con la que me pude haber casado. Es la madre de mis hijos, y mi compañera de vida.
---Eso fue un poco cursi.
---Siempre me lo dicen.
---Aparte de sus hijos y su esposa, ¿Tiene usted más familia?
---Mis padres y mi hermana murieron hace muchos años. Así que no, no tengo más familia.
---Y, ¿Es feliz así?
---Extraño a mi madre y a mi hermana, pero... si soy feliz. No voy negar que me hubiera encantado tenerlas a ambas cuando me gradué de médico, luego de psiquiatra... o cuando me casé. Casi todos mis logros o acontecimientos importantes los tuve que celebrar solo, pero a pesar de todo eso, si soy feliz. Soy feliz porque mi trabajo me permite ayudar a las personas, ya sea física o psicológicamente. Y poder lograr un cambio positivo en esas personas, es una de las cosas que más amo en la vida.
---Es raro oír hablar a alguien con tanto entusiasmo. Las pocas personas con las que convivo, siempre se quejan de la vida, y no los culpo, los entiendo perfectamente.
---¿No tienes una venda o algo para cubrir tu brazo? --- le pregunto, mirando las heridas en su brazo.
---Sí, tengo una venda, aunque nunca me la pongo --- revisa su mochila, saca una venda de color negro y me la extiende.
---Muy original --- estiro su brazo izquierdo y comienzo a vendarlo con cuidado desde el codo hasta la muñeca ---. En cuanto llegues a tu casa, te quitas la venda, desinfectas las heridas y te vuelves a vendar. No dejes que se infecten.
---Bien, mañana lo veré. Ya me tengo que ir --- se levanta ---. Adiós.
---Adiós, que tengas un lindo día.
---Igualmente.
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Un Psiquiatra Virgen
Teen Fiction¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
