–Bienvenidos. Para los que no me conocen, soy el Dr. Derrick Blanc, me pueden llamar Derrick o como ustedes quieran. Algunos de ustedes son mis pacientes, y otros, son personas que vienen de afuera a pedir ayuda porque están pasando por esto, o tienen algún familiar con depresión. Siéntanse cómodos de contar sus inquietudes, recuerden que todos nosotros estamos atravesando por ello y no los vamos a juzgar. Si no quieren hablar ahora, no importa, puede ser en la próxima terapia de grupo o cuando ustedes estén preparados. Si tienen alguna pregunta, solo tienen que levantar la mano y yo con muchísimo gusto les respondo. Sin más que decir, podemos comenzar.
Estaba en la terapia de grupo. Algunos de mis pacientes quisieron asistir, incluyendo a Louis. Todos estaban sentados en el suelo formando un círculo, uno al lado del otro. Es la tercera vez que dirijo una terapia de grupo, y la verdad es que me gusta mucho hacerlo porque da la oportunidad de que mis pacientes y las personas que tienen el trastorno de la depresión, tengan un punto de vista diferente. Que conozcan historias, experiencias, y sobre todo que sepan que no son los únicos que están pasando por eso, hace que se animen un poco más, aunque no siempre se obtiene el mismo resultado. Hay personas que tienen el trastorno un poco más avanzado, y les cuesta mucho expresarse.
–Yo quiero comenzar – dice Louis, poniéndose de pie –. Me llamo Louis, y… llevo un año con depresión mayor –todos lo miramos atentamente –. Llevo cuatro meses internado en esta clínica, debido a que varias veces intente suicidarme. Al inicio de mi depresión, yo no sabía porque me sentía así, no tenía sentido para mi estar tan triste, sentirme vacío y desesperanzado. Recuerdo que, no sabía cómo lidiar con el dolor tan horrible que me carcomía. Así que, un día se me ocurrió acabar con mi vida. Me… corté las venas, y… lo único que recuerdo de ese momento, es haber visto la silueta de mi hermano mayor antes de cerrar los ojos. Luego… desperté en la sala de emergencias de esta clínica. La cosa es que, desde ese momento, lo único que venía a mi cabeza, era repetirlo hasta lograrlo.
>> Lo intenté muchas veces, en serio. Tomé pastillas, ingerí veneno, y muchas otras cosas más… pero nada funcionó. Mi hermano me trajo a mi primera cita con el Dr. Blanc, y él me sugirió internarme. Yo al principio me negué, pero a medida que asistía a terapia con él, me di cuenta de que lo único que querían hacer mi hermano y él, era ayudarme, así que accedí. Aunque también fue porque no quería ser una carga para mi hermano, él es abogado y siempre está muy ocupado, sin embargo, siempre está pendiente de mí.
>> En estos cuatro meses que llevo internado, ha sido muy difícil para mí, porque… no he podido dejar de sentir dolor. El Dr. Blanc comenzó a medicarme, pero los antidepresivos no me hacen nada, así que decidió quitarme la medicación por una semana, y traerme aquí para que pudiera convivir con personas que han pasado lo mismo que yo para ver si eso lograba animarme. Eso… eso es todo.
Todos aplaudimos y Louis se sentó de nuevo.
–Gracias, Louis, por contarnos lo que has pasado. Eres muy valiente. Has superado mucho, aunque no lo creas. No todos tiene el privilegio de sobrevivir a los intentos de suicidio, pero tú lo has hecho, y creo que es una razón muy grande para poner todo tu esfuerzo en tu recuperación y lograr sanarte completamente.
–Gracias, doctor –le dedico una sonrisa amable y el me la devuelve.
–¿Alguien más quiere contarnos algo? Recuerden que no es obligatorio.
–Yo quiero –una chica de piel morena y baja estatura se levanta, acomodándose sus lentes –. Eh… me llamo Emma. Tengo… eh… dieciséis años. Bueno… mi depresión comenzó junto con mi adolescencia, cuando mi cuerpo empezó a cambiar al igual que mis emociones y sentimientos. Subí mucho de peso, mi familia bromeaba diciéndome que estaba gorda, y aunque no lo decían para hacerme sentir mal, eso era lo único que lograban porque yo odiaba mi cuerpo. Y… bueno, con el tiempo dejé de comer, bajé de peso y… a pesar de eso, seguían diciéndome gorda. Me lo repitieron tantas veces que me lo creí. A pesar de que en el espejo me veía delgada, siempre había una vocecita que me decía que estaba gorda. Eso me deprimía muchísimo, sobre todo que sea tu familia la que te diga esas cosas tan feas.
>> Con el pasar del tiempo, fui… estabilizando un poco mi alimentación. Comencé a comer un poco más, traté con todas mis fuerzas de no escuchar a mi familia y a esas voces en mi cabeza cada vez que me decía que estaba gorda y que dejara de comer. Duré unos días con esa estabilidad, porque en serio esos comentarios me atormentaban, el dolor y la decepción era demasiado fuerte. Un día… decidí exteriorizarlo de alguna forma, así que comencé a cortarme los brazos –se le humedecieron los ojos, y la entiendo, eso es algo muy difícil –. Sé… que de alguna forma, eso está mal, pero era mi única salida. Me sentía demasiado bien haciéndolo. Era como… mi forma de liberación, la única manera de quitar todo ese dolor que sentía.
>> Lo hice por mucho tiempo, hasta que las heridas comenzaron a cicatrizar, mi mamá comenzó a notar mi existencia y las vió. Eso no me importó, no le di ningún tipo de explicación. Dejé de hacerlo por decisión propia, y… llevo una semana sin cortarme. No es mucho, pero para mí si lo es, de hecho, es demasiado para mí porque… el dolor sigue ahí… las voces siguen ahí, pero trato con todas mis fuerzas de ignorarlas y seguir adelante. Aunque a veces sea imposible –suspiró –. Eso es todo.
Volvimos a aplaudir y ella se sentó.
–Emma… te felicito. De verdad que admiro tu fuerza de voluntad y la forma en la que te enfrentas a la depresión. Una semana si es mucho, sobre todo para las personas que recurrieron a la autolesión para escapar del dolor. Siéntete orgullosa de ti, porque has salido adelante prácticamente sola. Estoy seguro de que pronto van a ser dos semas, luego tres, cuatro, hasta que pasen meses, y luego años. Puedes hacerlo, confío en ti.
–Gracias, espero que así sea. Pondré todo mi esfuerzo, se lo aseguro –se limpia algunas lágrimas por debajo de los lentes.
–Puedes asistir a terapia conmigo, si quieres.
–Claro, me gustaría muchísimo, doctor.
–Excelente, ¿te espero mañana?
–Si, mañana estaré aquí –me asegura con una sonrisa.
–Perfecto –miré al resto del grupo –. Ustedes también pueden venir a terapia individual conmigo. Trabajo toda la semana, pero tienen que llamar para programar su cita. Esa información se la pueden pedir a la recepcionista, ella les dará el numero al cual tienen que llamar. Eso es todo. ¿Alguien más quiere hablar?
Todos negaron tímidamente.
–Bueno, está bien, no se sientan presionados. ¿Tienen alguna pregunta?
Todos levantaron la mano.
Y así me pasé la tarde, respondiendo preguntas y dudas acerca del tema de la depresión. Poco a poco algunos se fueron hiendo, menos mi querido interno, Louis. Lo acompañé a su cuarto, y le aseguré que vendría luego para hablar de su intervención.
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Un Psiquiatra Virgen
Teen Fiction¿Alguna vez has conocido a un hombre que siga siendo virgen a sus veintiocho años?... ¿No? Bueno, permíteme presentarte a Derrick Blanc. Él es el médico psiquiatra más reconocido en Francia. No sólo por su ética y profesionalismo, sino por su simpat...
