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––Buenos días, doctor –– dice de una manera coqueta mientras besa mi mejilla derecha ––. Lo extrañé mucho.

––Toma asiento, por favor. –– me limité a decir.

Le hago una señal de auxilio a Anne mientras cierro la puerta. Cuando me doy la vuelta, Lauren me empuja y me acorrala contra la puerta. Comienza a besarme el rostro y deja un pequeño beso en mis labios.

––Lauren… por favor, no hagas esto.

––¿Qué cosa, doctor? –– dice y empieza a acariciar mi pecho mientras me besa el cuello; a lo que yo permanecí totalmente rígido.

––Por favor contrólate.

––Pero no quiero, doctor. Usted me gusta mucho.

––Me incomodas, Lauren.

––¿Seguro, doctor?

––Si.

Y ahí, en medio de la incomodidad, –– por lo menos de mi parte –– Escucho a alguien tocar la puerta, Lauren hace caso omiso al sonido y comienza desabotonar mi camisa, pero una voz la interrumpe.

–¿Doctor? Abra la puerta. Necesito hablar con usted – escucho a mi secretaria hablar y tocar la puerta nuevamente.

––Lauren, tengo que abrir, por favor, ya para –– dije en modo de súplica.

––¡Arg! ¿Por qué siempre tu secretaria nos tiene que interrumpir? –– dijo molesta mientras se sentaba en una silla al frente de mi escritorio y se cruzaba de brazos ––. Deberías de despedirla.

Ignoré su comentario y abrí la puerta.

Quisiera haber podido grabar la reacción de Anne cuando me vió. Sus ojos fulminaron mi rostro y luego bajaron hacia mi pecho…

––¡Oh! Lo siento –– dije al darme cuenta que mi camisa estaba totalmente desabotonada y se alcanzaba a ver mi abdomen. Lo arreglé de inmediato, y pude sentir como mis mejillas ardían de la vergüenza ––. De verdad lo siento, no me di cuenta.

––No se preocupe, doctor. Fue una excelente vista –– dijo con una sonrisa pícara.

––¿Tú también?

––Disculpe, solo vine a entregarle esto –– me extiende unos papeles y yo los agarro.

––¿Qué es esto?

––Es la lista de los hoteles disponibles en Lyon que me pidió.

––Ah, gracias, ¿Me vas a acompañar?

––No lo sé, doctor. Creo que voy a tener planes para ese día.

––¿Se puede saber con quién?

––No, no se puede saber. Y le recuerdo que está en su hora de trabajo, así que dedíquese a atender a su paciente que no tiene la culpa de nada –– señala a Lauren––. Pobrecita, debe de estar sufriendo mucho.

––¿Sufriendo? Intento violarme… otra vez –– susurré.

–– Ya tengo que irme. Hay personas que si trabajamos y que no andamos de calenturientos por la vida. –– dice sin más, y se aleja.

––¡ESTO NO SE VA A QUEDAR ASI! –– grité, ella volteó y me sacó la lengua.

Vuelvo a entrar a mi oficina, y veo a Lauren sentada en la mesa del escritorio… ¡SIN ROPA!

––Ahora sí, doctor. Nadie nos va a interrumpir –– se bajó de la mesa y caminó hacia mí.

<< No, No, No, No, ¡NO! >>

Cuando la tenía a pocos centímetros, abrí la puerta y salí corriendo como si mi vida –– virginidad –– dependiera de ello.

––¡AYUDA! –– grité mientras corría por los blancos pasillos que estaban totalmente desolados –– ¡AYUDENME, UNA LOCA ME QUIERE VIOLAR!

Seguí corriendo, y al cruzar en un pasillo, no noté un letrero que advierte un muy claro “NO PASE” con un muñequito a punto de caer. Me resbalé y caí boca arriba, recibiendo todo el impacto en mi cabeza; un fuerte mareo me vino casi inmediatamente, y después… todo se puso negro.

––¿Estás bien? –– pude escuchar la voz de una mujer en la lejanía.

––A… Ayuda –– susurré débilmente –– me quieren… ayúdenme.

...

––Todo está bien, Derrick, no te preocupes. Ya está a salvo –– Abrí los ojos y vi a Anne sentada a mi lado izquierdo en la camilla.

––¿Qué me pasó? –– le pregunté

––Uno de los trabajadores de limpieza te vió correr y gritar pidiendo ayuda. Cruzaste por un pasillo que estaban limpiando en ese momento, te resbalaste; caíste; te golpeaste la cabeza y te desmayaste.

––¿Cuánto tiempo me desmaye?

––Veinte minutos. El golpe fue muy fuerte.

En ese momento, unas fuertes nauseas me abordaron. Miré a mi alrededor en busca de algún valde en donde pudiera vomitar, pero no encontré nada.

––Quiero… –– traté de hablar, pero ya era tarde. Me senté de golpe y vomité sobre la falda de Anne. Boté todo lo que tenía en mi estómago. Ella solo permanecía con los ojos cerrados y sus manos en mi cabeza intentando sostenerme para no irme de lado. Cuando terminé, sostuve su brazo izquierdo y me limpié la boca con la manga de su blusa. Permanecí sentado con la vista en la falda de la chica.

––¿Te sientes mejor? –– preguntó.

––La verdad… si… gracias –– después de volver a mis cinco sentidos y darme cuenta de lo que le hice a mi secretaria, no pude con la vergüenza –– Perdóname, no fue mi intención. Yo quería vomitar en el suelo, pero estabas ahí sentada y no pude aguantar –– dije bastante apenado.

––No te preocupes, entiendo perfectamente. Me alegra que por lo menos te sientas mejor –– dijo amablemente.

––Si, aunque no puedo con la vergüenza. ¿Qué puedo hacer para arreglar esto? –– señalé su falda, y pude notar que el vómito ya se estaba esparciendo por sus piernas.

––Muchas cosas, pero por ahora voy a ir al baño y me vas a llevar tu chaqueta… Ah, y me vas a tener que llevar a mi departamento e invitarme a cenar – asentí y ella se levantó de la camilla y caminó hacia la puerta.

––¿Y Lauren?

––Ella se fue hace rato. No le gusto que la rechazaras… Termina de levantarte. Te espero en tu oficina –– me guiñó un ojo y salió dejándome solo.

Me bajé de la camilla, y al ponerme de pie, resbalé con un poco de mi vómito que había en el suelo y caí sentado.

<< Esto no me puede estar pasando >>

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora