29 - Segunda parte

59 8 1
                                        

Amélie Vólkov

--¿Crees que estoy gorda? -- me siento en las piernas de Derrick.

--No.

--¿Lo dices en serio, o sólo es porque no quieres hacerme sentir mal?

--Lo digo en serio. No estas gorda, apenas tienes cuatro semanas de embarazo.

--Yo me siento más rellenita. ¿Me seguirías amando si subo de peso?

--Amélie, no estas gorda, ni rellenita. Deja de preocuparte tanto por eso. El que subas de peso no va a cambiar mis sentimientos hacía ti. Te amo, y el bebé que llevas en tu vientre es el fruto del amor que nos tenemos.

--Lo sé, me gusta ser dramática para que me digas cosas lindas. ¿Qué harás ahora?

--No sé tú, pero yo tengo que trabajar.

--¿No puedes faltar?

--No.

--Bien, entonces anda a trabajar.

...

Mientras Derrick está en el psiquiátrico, yo me vine a la clínica. Isabelle y Sebastián están en la escuela, así que me traje a Princesa para que no se quedara sola.

--Buenos días, Lina -- saludo a la recepcionista.

--Buenos días, Amélie.

--¿Cómo estás?

--Bien, tenemos una nueva paciente.

--Cuéntame de ella.

--Está recién nacida, fue encontrada en un basurero y está en muy peligrosa desnutrición.

--¿No saben quién la dejó allí?

--Aún están investigando.

--¿En dónde se encuentra ahora?

--En la sala de cuidados neonatal. La Dra. Vinográdov se está haciendo cargo de ella, en una hora la va a transferir a una habitación aparte. Está muy grave.

--¿Crees que puedas cuidar a Princesa mientras voy a ver a esa bebé?

--Sí, por supuesto -- le extiendo la pequeña pitbull y Lina la toma.

--Me avisas si llegan los resultados de la investigación.

--De acuerdo.

Camino por los pasillos de la clínica hasta llegar a la sala de cuidados neonatal. Entro y me encuentro con la Dra. Vinográdov, una mujer de cuarenta años que sigue dedicando su vida y tiempo a devolverle la vida a los bebés. Mi tía, media hermana de mi padre.

--¿Cómo está? -- observo el pequeño cuerpo delgado de la bebé en la incubadora, conectada a varios cables y con un tubo gástrico en su estómago. Su pecho sube y baja con mucha lentitud.

--Muy mal.

--Lina me dijo que está recién nacida.

--Sí, aunque creo que es prematura.

--¿Por qué?

--Sus pulmones no están desarrollados del todo. Al principio pensé que era porque estaba débil debido a la desnutrición, pero ya le di lo necesario para animarla y sigue respirando con dificultad.

--¿No le has hecho ningún examen para comprobar que sus pulmones estén sanos?

--No, primero quería estabilizarla. Está muy grave, Amélie. No suelo decir esto, pero no creo que viva mucho tiempo.

--¿Estás segura?

--Sabes que voy a hacer todo lo posible, pero... si es prematura y sus pulmones no están completamente desarrollados, va a ser muy complicado. Es muy pequeña para someterla a un trasplante de pulmón, y no creo que haya donadores para esta niña. De todas formas, no me voy a adelantar a los hechos, voy a hacer todo lo que esté en mis manos.

--Sé que lo harás.

--¿Tú cómo has estado?

--Muy embarazada.

--¿Estas embarazada? -- pregunta, asombrada.

--Sí, tengo cuatro semanas.

--No es el mejor momento, pero felicidades -- me da un pequeño abrazo.

--Gracias.

--Vaya, por fin vas a tener hijos propios. Desde que te conocí no has hecho otra cosa que tratar a los niños de la clínica como tus hijos.

--Para mí, todos son mis hijos y el que esté embarazada, no lo va a cambiar ni un poco.

--Me alegra que pienses así, tu madre estaría orgullosa de ver la gran mujer en la que te has convertido.

--Sé que lo está.

--¿Cómo está tu padre? ¿Sigue igual de viejo?

--Lo de viejo, sí. No hay cómo arreglarlo. Pero se siente muy bien porque le estoy dando muchos nietos.

--Él también tenía una obsesión con los bebés. Recuerdo que cuando se casó con tu madre, quería tener muchos hijos, pero como tu madre le afectaban mucho los embarazos, nada más alcanzó a tenerlas a tu hermana y a ti.

--Mi padre alguna vez nos dijo que le hubiera gustado tener más hijos, pero que estaba muy feliz con tener solo dos hijas.

--Alexey siempre las amó con todo su corazón. Las protegió y consintió como a nadie.

--Tengo al mejor padre del mundo.

--Eso nunca lo dudes, él daría la vida por cualquier miembro de su familia.

Alguien toca la puerta y entra.

--Disculpen que las interrumpa, pero te busca tu esposo, Amélie -- me habla Nika, una de las enfermeras.

--Dile que me espere un momento.

--Bien -- sale de nuevo.

--¿Quieres matar a las enfermeras?

--¿Por qué?

--¿No viste lo sonrojada que estaba?

--Es completamente normal, a mi también me pasa. Es inevitable cuando te cruzas con un hombre como Derrick.

--Cuídalo. No sabes que mujer te lo quiera quitar.

--Eso haré.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora