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––¿Por qué no me lo dijiste antes? –– le pregunté mientras acariciaba y besaba su rostro.

––Pensé que no sentías lo mismo.

––Yo también pensé eso –– la miré a los ojos y la besé.

Ahora sí puedo besarla cuando quiera. Ya no tengo que ocultar mis sentimientos hacia ella. Es increíble que en el momento menos pensado, nuestros sentimientos salieran a la luz.

Descansé mi cabeza en su pecho. Estábamos en la cama. Ya habíamos desayunado y nos duchamos juntos. Queríamos conocernos más, así que decidimos acostarnos y hablar.

No tenía ninguna cita para hoy, pero de todas formas quiero ir a la clínica por si hay alguna emergencia, ya que, cuando no tengo pacientes que atender, me gusta ayudar en el área de cuidados médicos. Es viernes, y normalmente este es el día en que hay más accidentes, y en el que los médicos que trabajan en esa área no son suficientes para atender a todas las personas que llegan, por lo tanto, piden ayuda a colegas de otras áreas como: cardiología, ginecología, dermatología y todos los que estén disponibles y no estén atendiendo a alguien en ese momento.

A veces, me he quedado hasta muy tarde en la clínica solo por si se ofrece algo. Me gusta ayudar, además, nadie me espera en mi departamento, a excepción de mi pequeña pitbull, pero le dejo suficiente comida por si no llego temprano, y todos sus juguetes para que se entretenga.

––Cuéntame de tu padre, tu madre; de tu familia –– me pidió.

––De mi padre… lo único que sé es que se casó con mi madre solo para poder tener sexo con ella, y cuando mi madre se embarazó de mí; él la abandonó. Varios años después, mi madre se enteró que murió de SIDA. Mi madre nunca me quiso dar más detalles acerca de él, ni siquiera su nombre, ella me dijo que no valía la pena y que lo único bueno que él le había dejado era yo; su primer hijo, el verdadero primer amor de su vida. Hasta que mi madre comenzó a salir con un hombre mucho mayor que ella y se casaron. Yo tenía diez años para ese entonces. Ese hombre, a pesar de ser mucho mayor que mi madre, si la amaba, él sí supo cómo tratarla, incluso a mí, él me dio su apellido, ya que mi padre biológico nunca lo hizo. No lo llegué a ver como un padre, pero se ganó mi respeto y mi cariño.

>> Poco tiempo después, mi madre quedó embarazada y nació mi hermana menor, Angelique. Ella era una niña muy hermosa y alegre. Tenía el cabello rubio muy enrulado, los ojos azules y la tez blanca. Roderick –– el esposo de mi madre –– planeó un viaje familiar para celebrar el cumpleaños número cinco de mi hermanita, íbamos a ir a Lyon, pero en el trayecto el avión tuvo una falla y se estrelló, murieron la mayoría de los pasajeros, entre ellos: Roderick y mi hermana. Mi madre, yo, y una mujer embarazada que perdió a su bebé debido al impacto, fuimos los únicos sobrevivientes. Salimos muy heridos, pero vivimos.

Recuerdo escuchar los gritos de dolor de mi madre y de la mujer que perdió a su bebé, sus gritos se escuchaban por todo el pequeño hospital, atormentándome y debilitándome emocionalmente. Tenía el brazo izquierdo enyesado porque me destroce la muñeca, me tenía que someter a una cirugía para que la reconstruyeran, pero en ese hospital no había los instrumentos necesarios para la operación. Me dolía mucho mi brazo enyesado, pero no dije nada. Además de eso, tenía una herida profunda en mi pierna derecha que ya me habían suturado.

Estaba sentado en la esquina de una camilla, me dolía la cabeza después de habérmela golpeado con la ventana del avión varias veces mientras este se estrellaba, provocando pequeños cortes y rasguños en mi cabeza. Mi madre estaba sentada en el suelo con el cadáver de mi hermana de cinco años en sus brazos. Gritaba, lloraba y le decía a mi hermana que todo iba a estar bien, que aguantara un poco más, aun sabiendo que ya estaba muerta. Cada grito de mi madre me destrozaba el alma; mientras que por otro lado, estaba la mujer que perdió a su bebé, lloraba desconsolada mientras veía a su bebé recién nacido muerto en una pequeña caja de madera, su esposo llego a consolarla, pero eso no fue suficiente para ella, estaba totalmente destrozada al igual que su esposo, pero el fingía ser fuerte para ella, aunque pude notar como se le salían las lágrimas mientras abrazaba y escuchaba los gritos de su esposa. Y así estuve, por casi tres horas seguidas, entre gritos, lágrimas, y dolor, tanto físico como emocional.

Una enfermera vino a llevarse el cadáver de mi hermana para suturar todas sus heridas abiertas y limpiarla para enterrarla, su pequeño cuerpecito estaba destrozado: Sus brazos fracturados y con trozos de vidrio clavados en sus manos, su pierna izquierda rota, su cabeza con una herida profunda, abierta y sangrando, su torso lleno de cortadas abiertas que dejaban ver la dermis, y su pequeño rostro… con quemaduras de tercer grado.

Yo estaba verdaderamente destrozado, pero no me derrumbé, porque cuando mi madre ya no pueda cargar el cadáver de mi hermana o ver el de su esposo, yo tenía que ser su salvavidas, su pilar, tenía que ayudarla a seguir adelante, por eso nunca llegué a llorar delante de ella, pero en las noches, cuando ella dormía profundamente después de tomarse los calmantes que le recetó el médico, me encerraba en mi cuarto a llorar, a gritar, a retorcerme en el dolor hasta quedarme dormido.

––Mi madre murió hace nueve años, tenía cáncer de hueso, no quiso tratarse a tiempo. Yo apenas estaba estudiando medicina cuando ella murió. Ese día fue el más horrible de mi vida.

Estaba en la sala de espera después de traer a mi madre porque se había desmayado. Llevaba dos horas esperando a que alguien me diera alguna noticia. La angustia y la desesperación me carcomían. Necesitaba saber cómo estaba mi madre. Caminé de un lado a otro por toda la sala de espera tratando de calmarme. Nadie se acercaba. Todos parecían estar inmersos en sus mundos, sin comprender ni un poco lo que estaba sintiendo en este momento y lo mucho que me hace falta ver a mi madre.

El Dr. Portman –– el especialista encargado de mi madre –– se acercó a mí.

––Derrick –– suspiró –– Lo siento mucho. Tu madre… acaba de fallecer.

––No –– mi vista se nubló y sentí como si me estuvieran arrancando el corazón.

––El cáncer ya estaba muy avanzado, Derrick. No pude hacer más nada por ella. Fue su decisión no tratarse a tiempo, y lamentablemente ya era muy tarde cuando decidió someterse a las quimioterapias. Sin embargo, lo intenté. Intenté todo lo que estaba a mi alcance a pesar de que sabía que nada iba a funcionar.

––Está bien, no se preocupe. Gracias por todo –– el Dr. Portman me dió un gran abrazo que no rechacé y se fue.

Arreglé todos los papeles para sepultar a mi madre esa misma tarde. No quise invitar a nadie. Los trabajadores de la funeraria terminaron de enterrar a mi madre y se fueron. Me senté al frente de su tumba, y le coloqué un ramo de rosas blancas –– sus favoritas ––. Observé su tumba unos minutos y le hablé.

––Merci, mère –– le susurré “Gracias, madre”. Lagrimas escapaban de mis ojos y caían en la grama. ––Merci pour tout –– Gracias por todo. –– Je t'aime –– Te amo.

Me levanté y me fui a mi casa. Ahí si me pude desahogar. Lloré, grité, le di golpes a la pared hasta que mis nudillos quedaron ensangrentados, y me quedé dormido en la habitación de mi madre.

––Nunca hablo de esto con nadie, no me gusta recordar el pasado, mucho menos cuando fue tan difícil para mí, pero decidí contártelo porque creo que hace falta que sepas parte de mi historia, poco a poco te iré contando más detalles, solo necesito tiempo.

––Tómate el tiempo que quieras, por mí no te preocupes, no te voy a presionar para que me cuentes nada, entiendo que todo lo que viviste fue muy difícil para ti y es lógico que no quieras recordarlo. Confío en que cuando estés listo me vas a contar todo por tu propia decisión.

––Gracias por entender.

––No hay que.

––Te quiero –– le dije y me besó.

––Yo también te quiero.

Un Psiquiatra Virgen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora